martes, marzo 09, 2010

El Perro del Abuelo



A diferencia del perro del hortelano, ese que dicen que no come ni deja comer, al de mi abuelito le dan de comer lo que pide, cuando lo pide y aunque no lo pida. Y, en efecto, en estos últimos años ‘Hidrocarburo’, así se llama el angelito engreído, ha comido hasta el hartazgo, bien acomodado en nuestra más fina alfombra, la joya de la casa.

Tanto así que, al 31 de diciembre del año pasado, ha logrado conseguir concesiones hidrocarburíferas que abarcan nada menos que 322.000 kilómetros cuadrados de la Amazonía peruana, que equivalen al 41,2% del área total, cuando en 2003 apenas cubrían el 7,1%. Se trata de 52 concesiones de gas y petróleo activas, siete de las cuales están en fase de explotación y el resto en la de exploración. Actualmente se gestionan acuerdos técnicos de evaluación en 10 áreas adicionales, lo que llevaría el área total de concesiones o de contratos técnicos a 445.000 kms cuadrados, el 57% de nuestra Amazonía. Es decir, ya que el abuelo-gobierno ha sido tan cariñoso, ha logrado faenones impresionantes atrayendo a ‘Hidrocarburo’ y una infinidad adicional de esa misma raza, más conocida como IED. Mientras, el perro chusco criollo desfallece.

Como ‘Hidrocarburo’ y sus similares pueden entrar donde quieran, cuando quieran y como quieran, han sabido bien aprovechar la chochera del abuelito para acomodarse en los lugares más delicados de nuestra casa amazónica con su invalorable diversidad biológica y cultural. En efecto, han tenido la osadía de hacer que esas concesiones cubran el 17% del sistema de áreas protegidas -de un total de 35- de nuestra rupa rupa y más de la mitad de todas las tierras tituladas de las comunidades indígenas a las que el gobierno había otorgado 1.232 títulos y que ahora vende o concesiona sin su consentimiento, por lo que no deben sorprender los repetidos conflictos desatados en años recientes.

A nadie le llamaría la atención que pronto se abran a la exploración, tanto algunos de los trece parques nacionales y santuarios que deberían estar excluidos de la exploración y explotación, como las tierras de las cinco reservas territoriales para proteger a las etnias en aislamiento voluntario. Moraleja para la inversión foránea: Tengan la seguridad que en el Perú no hay perros del hortelano, como rumorean por ahí; los que abundan y tienen patente de corso son los que se parecen al de mi abuelo.

¿Qué hacer? Por lo pronto llevar a cabo un debate nacional en torno al impacto que ese efusivo extractivismo ejerce sobre los grupos humanos que pueblan la Amazonía y sobre sus derechos, así como los que tiene la propia Naturaleza. Y, en el muy corto plazo, iniciar una campaña –siguiendo el ejemplo del Yasuní ecuatoriano- para evitar la exploración del Lote 67, aledaño precisamente al anterior, que es una reserva natural. La propuesta del vecino -por su impacto en el medio ambiente y las etnias que lo habitan- consiste en dejar el petróleo bajo tierra, para lo que se pide apenas el 50% de lo que cobrarían por su explotación. Esa meta –unos US$ 400 millones anuales durante 15 años- se alcanzaría con la venta de certificados de carbono, donaciones de empresas y, sobre todo, contribuciones de los países desarrollados, causantes de la debacle ambiental, a partir del correspondiente marco jurídíco global de corresponsabilidades comunes, pero diferenciadas. De acuerdo a la información más reciente los gobiernos de Alemania, Bélgica, España, Gran Bretaña y Noruega ya se habrían mostrado dispuestos a apoyar la Iniciativa, a fin de espantar los canes petroadictos que pisen esos territorios.


 




FUENTE:
Matt Finer y Martí Orta-Martínez, “Segundo boom hidrocarburífero amenaza la Amazonía peruana”



miércoles, enero 13, 2010

Redistribución Regresiva del Ingreso en Países Desarrollados


Sabido es que la participación de las remuneraciones en el Ingreso Nacional ha caído paulatina y persistentemente en los países de la periferia desde la ‘Década Perdida’ de los ochenta y el proceso de globalización. Pero resulta que la resbaladera también ha sido la norma en los países del Norte, sin excepción. El gráfico siguiente, que abarca el extendido periodo que se inicia en 1960 hasta 2009., unque solo incluye las economías más importantes, permite rastrear la tendencia progresiva en la distribución funcional hasta 1974-75 y la regresividad que se impuso a partir de entonces.

Obviamente esa tendencia negativa es consecuencia, primero debido al primer choque petrolero y, posteriormente, a resultas del buen funcionamiento del mercado global de trabajo. Con la duplicación de la fuerza de trabajo a escala mundial (de 1.500 a 3.000 millones de empleados y obreros), era de esperarse la pérdida de influencia de los trabajadores en general y de los sindicatos en particular. Probablemente, también el progreso técnico ha jugado un papel importante en ese proceso, especialmente desde los años noventa.

Lo que también nos sugiere que, cuando menos parte, la crisis de los países centrales responde a una típica tendencia a la ‘sobreproducción’, como consecuencia de la compresión relativa del poder de compra de la clase trabajadora.







Fuente: European Commission (2009). Annual Macro-economic Database (AMECO)

En: http://ec.europa.eu/economy_finance/ameco/user/serie/SelectSerie.cfm?CFID=668234&CFTOKEN=cd757a8e6b735d0c-1B77B370-EF98-8BE7-E9F7C06FAD6A7CD7&jsessionid=240658b7a4667e577873

Elaboración: propia (Nótese que los porcentajes se refieren al PBI a precios de mercado).


Entrando en ciertos detalles (algunos de los que no se pueden observar en el Gráfico) tenemos lo siguiente:

  1. La caída más espectacular en la participación de sueldos y salarios fue la que se dio en Italia, que era de 69,7% en 1975, para desplomarse a un promedio de 54% en esta primera década del siglo XXI; es decir, perdieron 16 puntos porcentuales o 23%. De cerca le sigue Japón, que mostraba un 75% a mediados de los años setenta y cayó a 60% en el último quinquenio; o sea,  15 p.p. o 20% menos. De 68% a 56% se desplomó, aunque con altibajos, la participación del trabajo en el caso de España (-12 p.p. o -18%). También Alemania, en parte por la unificación (1990), sintió el golpe: la participación cayó de 64,4% en 1974 a 55% (-15%) en los últimos años. Un caso que llama poderosamente la atención en ese sentido es el de Noruega, que cae de un 62% a mediados de los setenta a 45% en este segundo lustro del nuevo siglo.
  2. Llama la atención la recuperación leve de la participación laboral en los últimos tres años de ‘crisis global’. Lo que se debería, más que al aumento real de las remuneraciones, a la caída de las ganancias en términos absolutos.
  3. Durante el trienio pasado los países que tuvieron una participación superior al 60% fueron unos pocos, pero que tampoco llegaron a recuperar los niveles de mediados de los setenta: Bélgica, Corea, Dinamarca, Eslovaquia, EEUU, Gran Bretaña, Japón y Suiza. En cambio, la participación es menor al 50% en Bulgaria, Lituania, Luxemburgo, Malta, Polonia, Turquía, Nueva Zelandia y Noruega (sic); y aún menor al 40% en Eslovaquia, Macedonia y México (obviamente también gran parte del resto de América Latina, pero cuyos datos no presenta nuestra fuente).


lunes, enero 11, 2010

¿Qué tal le ha ido el año pasado?

Las familias de Lima-Metropolitana parreciera que no la hemos pasado muy bien durante el año 2009, de acuerdo a la última encuesta de IPSOS-Apoyo. Solo el 17% opinó que su situación económica familiar -en diciembre 2009 respecto a doce meses antes- era “mucho mejor o mejor”, mientras que un 26% decía que estaba “peor o mucho peor”; aparte del restante 57% que sentía estar “igual”. Paradójicamente, sin embargo, en el 2008 –a pesar del crecimiento económico del 10%- su situación económica habría sido peor aún, porque un sorprendente 44% dijo que era “peor o mucho peor” en diciembre de ese año respecto a 2007, mientras que un 18% había mejorado y el 38% restante seguía “igual”.

Entre los diferentes estratos sociales, sin embargo, las diferencias de su bienestar económico subjetivo fueron abismales en 2009. Mientras en los estratos alto y medio alto les ha ido “mejor o mucho mejor”: respectivamente, 31% (A) y 27% (B); en los estratos medio y medio bajo la respuestas de mejoría fueron de 17% (C) y 16% (D); mientras que en el más bajo (E) sólo 3% había mejorado. Correspondientemente, estaban “peor o mucho peor”: 12% del estrato A, 18% del B, 25% del C, y 31% en el D y E. Curiosamente, pues, mientras que en estos días la lluvia chorrea hacia los barrios populares, los mayores ingresos lo hacen hacia los sectores residenciales.

Evidentemente esta evaluación del bienestar subjetivo de la población metropolitana es muy burda, tanto por las limitaciones que caracterizan inevitablemente a toda encuesta, como sobre todo por los cambios de opinión mensuales que a veces son bruscos entre mes y mes. A fin de observar estos cambiantes pareceres hemos elaborado el Gráfico adjunto y del que se desprende que –en promedio- el bienestar económico familiar dejó de deteriorarse desde mediados del 2008. En fin, a pesar de sus debilidades, este método permite la mejor aproximación cuantitativa de que disponemos respecto a las autopercepciones sobre el cambio en el “nivel de vida” de las familias.

¿Cómo explicar la elevada insatisfacción de la población? Caben múltiples hipótesis, difíciles de comprobar empíricamente, pero que por medio de un rastreo casual de los diarios y barrios, tiendas y viviendas, nos ofrece algunas pautas subjetivas derivadas de la simple observación. Un primer factor tiene relación con la elevada carga de la deuda que en años anteriores asumió la población y cuyo servicio resulta cada vez más pesado, dada la evolución de los ingresos y la dificultad y carestía de toda refinanciación. Ligado a ello está la desaceleración del crédito de consumo, que por lo demás sigue muy caro (en torno al 30%) en presencia de una inflación prácticamente nula (0,3%). Otro factor, quizás más importante, es que las aspiraciones de la población han venido aumentando más que sus emolumentos, especialmente por las agresivas campañas de marketing que acometieron las empresas, que gastaron como nunca antes en los medios. Tercero: los niveles de frustración han aumentado, en la medida en que no se alcanzaron los logros esperados para el 2009 por las crecientes expectativas que se generaron como consecuencia las altas tasas de crecimiento económico del 2008.

A ello habría que añadirle una serie de factores ‘extra-económicos’ que, sin duda, influyen en el sentir de la población encuestada, a pesar de interrogárseles solo sobre su “situación económica”: inseguridad ciudadana, congestión vehicular, polución, desprestigio de las principales instituciones del país (comenzando con el congreso y el poder judicial, pasando por la policía), percepción de corrupción generalizada, etc.