sábado, diciembre 31, 2005

Oligopolios y Partidos Políticos (El Perú ad portas de las Elecciones Generales 2006)

"seguramente conscientes de su leve desviación de la mediana, las agrupaciones de derecha tenderán a ‘socializarse’, la socialdemocracia ‘derechizada’ tenderá a regresar a sus posiciones originales y (casi) todos seguirán aproximándose entre sí"


Aunque no comulgamos con los economistas que creen poder explicar todo fenómeno humano a partir de la teoría económica ortodoxa (Lazear)1, hay casos en que vale la pena intentarlo como una primera aproximación. Aquí aprovecharemos el planteamiento de una teoría del oligopolio en su aplicación a la dinámica política electoral actual, con evidencia basada en encuestas y con la mira puesta en los comicios generales de abril 2006.

La estabilidad en la competencia

En 1926, Harold Hotelling2 publicó un artículo en el que cuestionaba a esa mayoría de economistas que consideraba que el empresario oligopólico que vendía un mismo producto –de calidad similar– al de sus competidores, pero a un precio más elevado que los otros pocos, perdería inmediatamente a sus clientes.

Según el autor, esta errónea idea surgía de simplificaciones inadmisibles, derivadas básicamente del hecho de que la doctrina establecida asumía implícitamente que “el mercado es un punto, sin dimensiones ni densidad”. En tal sentido, aunque una de las empresas venda el mismo producto (v.gr. agua mineral) a un precio mayor, “muchos consumidores seguirán comprándole a él la mercancía, bien porque viven más cerca de su tienda que de las de sus rivales, o porque es menor el coste de transporte desde el almacén de este proveedor al del cliente, o porque prefieren tratar con este vendedor, o porque vende al mismo tiempo otro artículo que aquellos necesitan, o porque es pariente suyo o correligionario, por alguna diferencia en el servicio, o por una combinación de razones”.

Desde esa perspectiva, una vez que se da la competencia, las empresas buscan asimilar cada vez más las características de sus productos a los de sus competidores, pero diferenciándose mínimamente en diversas ‘dimensiones y densidades’. Con lo que, en la práctica, “la enorme estandarización del mobiliario, casas, ropas, automóviles e instrucción se debe a (...) la tendencia a introducir sólo pequeñas variaciones para con ellas arrebatar al antiguo producto el mayor número posible de compradores, o digámoslo así, para colarse entre los competidores y una parte de los compradores”.

El autor ilustra su planteamiento sobre la base de una distribución muy simple de los consumidores, alineados uniformemente a lo largo de una avenida comercial o una línea férrea transcontinental. Afirma que, inicialmente, las dos empresas (duopolio) que compiten por las preferencias de los consumidores se ubican en algún lugar indeterminado entre los extremos fijos de esa línea. Sin embargo, por las fuerzas de la competencia, con el tiempo las empresas se van ubicando en condiciones espaciales cada vez más adecuadas para maximizar sus ventas, lo que las lleva a moverse paulatinamente hacia el centro de la línea, con lo que teóricamente y a la larga cada una se ubica en las proximidades del medio del espacio.

Es así como cada una atrae, cuando menos teóricamente, a la mitad de los consumidores. La que obviamente no es una solución ideal desde la perspectiva del óptimo social. En este caso, al existir solo dos empresas (tiendas), lo óptimo habría sido que cada una se ubicara en el centro de cada mitad de la línea finita, pero por su afán de maximizar ventas se acercarán cada vez más a la mitad de la ‘avenida’, con lo que prácticamente estarían muy próximos entre sí, casi como gemelos; con lo que los consumidores no llegan a un óptimo, ya que tienen que gastar más en transportarse que en la situación ideal.

De la economía teórica a la política electorera

De donde Hotelling termina señalando, en lo que nos interesa aquí, que ese fenómeno “es tan general que aparece en los más diversos campos de competencia, incluso en los ajenos a la vida económica. Así, por ejemplo, está notoriamente representada en la política. En los Estados Unidos, la competencia entre el partido demócrata y el republicano por arrebatarse los votos de los electores hace que los programas de ambos partidos no estén claramente definidos, no son dos posiciones abiertamente distintas entre las que los electores puedan elegir. Por el contrario, cada uno de esos partidos trata de hacer su programa lo más parecido posible al otro. (...). Los cautelosos candidatos contestan con ambigüedad a las preguntas y no adoptan una posición clara respecto de los temas de discusión por temor a perder votos. Las verdaderas diferencias, si es que alguna vez existen, van desapareciendo con el tiempo, aunque los temas objeto de debate puedan seguir teniendo la misma importancia que antes”.

En los años de posguerra, los politólogos han formalizado ese principio en lo que ahora se conoce como “teoría del lugar central” o ‘teorema del elector mediano’ (Duncan Black)3, en el sentido de que las propuestas de los partidos tienden a ubicarse en la mediana (no en la media) del espectro político. Consecuentemente, como en prácticamente todo el mundo, también hoy en día y más que nunca, los partidos políticos dirigen sus campañas hacia ese neurálgico núcleo correspondiente al votante mediano, con lo que se vuelven ‘moderados’ casi por definición. Por lo que, técnicamente, se les denomina –en la teoría de la economía política– “candidatos oportunistas”, categoría que no posee tinte despectivo alguno.

Será este, sin duda, el caso de los principales contendores actuales en el país: Lourdes Flores, Valentín Paniagua y Alan García, cuya ubicación ideológica –según los electores– se puede apreciar en el gráfico adjunto, elaborado por Alfredo Torres4. De ahí se tiene que los tres se ubican muy cercanos entre sí en una especie de centro-centro con una leve desviación hacia la ‘derecha’, a juzgar por los encuestados por Apoyo. En esa encuesta, de noviembre 2005, solo se considera a ese 31% de la muestra que –según los propios encuestados– sabe diferenciar ideológicamente los partidos y candidatos.

Lo que significa que, hasta el momento, los cálculos electorales de los partidos –para cazar el número máximo de votos– no habrían sido realizados adecuadamente, ya que actualmente parecerían estar concentrados –según los encuestados– hacia la derecha de la mediana, que es igual a 4 (el promedio, señalado en el gráfico es de 3,8; en un espacio que va del 1, que corresponde a la extrema izquierda, al 7 de la extrema derecha). O porque, como me lo ha hecho notar la politóloga Cynthia Sanborn, los partidos políticos centran sus campañas, a esta distancia de las elecciones, en “sus potenciales donantes y auspiciadores, y/o por los ‘poderes fácticos’ dentro y fuera del país”, más que en sus electores, los que solo son motivo de atención concentrada poco antes de las elecciones.

Abona en ese sentido el hecho de que la mayoría de ciudadanos –en este caso, de limeños (GOP-UL5)- se decidirá a votar por un determinado candidato el mismo día de la elección (¡23,1%!) o muy poco antes del día D: 16,9% y 26,9%, la semana y el mes anteriores, respectivamente. Lo que, dicho sea de paso, viabiliza potencialmente el surgimiento de algún outsider, a cuyo favor juega el hecho de que 57% está ‘nada satisfecho’ y 38% ‘poco satisfecho’ con el funcionamiento de la democracia en el país. En cambio, 17,4% se decide a cuatro meses de las elecciones y apenas un 13,3% a un año de su realización. Según la encuesta nacional de Apoyo, por su parte, un 38% ya “tiene totalmente decidido su voto” (y, según IMA, serían 34,1%).

Deslizamientos futuros en el mercado político

De manera que, en efecto, los partidos-producto se ubican en las proximidades de ese espacio político específico ‘mediano’ para maximizar votos, según la demanda potencial...; la que hoy en día se ubica en el denominado ‘centro’, que –por lo tanto– se convierte en lo que se especula o percibe como ‘políticamente correcto’.

Si observamos el gráfico ajunto de Alfredo Torres, siguiendo ese enfoque, tendríamos que los partidos políticos más importantes, considerando su posición actual, en los próximos meses, tenderían a moverse algo más a la izquierda en su pretensión por maximizar los votos, tratando de copar ese apetitoso “espacio vacío” del centro-centro y de la centro-izquierda.

Por lo que, seguramente conscientes de su leve desviación de la mediana, las agrupaciones de derecha tenderán a ‘socializarse’, la socialdemocracia ‘derechizada’ tenderá a regresar a sus posiciones originales y (casi) todos seguirán aproximándose entre sí, porque consideran –con toda razón, pero sin mucho derecho y nada de ética– que ahí está el grueso del ‘poder de compra’ o de votos que los llevará al poder. Siguiendo esa lógica, incluso Ollanta Humala tendería a ubicarse más cerca al centro, en las vecindades de esa yerma ‘centro-izquierda’; aunque el espacio específico que ocupa actualmente –si los demás no se movieran– le permitiría ampliar sustancialmente las preferencias por su candidatura, que hoy en día ya supera el 11%.

El comentario anterior tiene un pero. Puesto que el gráfico ha sido elaborado sobre la base de solo tres de cada diez encuestados –que son los que dicen saber diferenciar ideológicamente a los candidatos–, bien podría ser que efectivamente ya todos los contendientes se encuentren en la mediana, como me lo ha hecho notar la Dra. Sanborn, porque gran parte de los ‘bien informados’ generalmente se ubican en el centro-izquierda y la izquierda del espectro político. Con lo que el peso del rango de preferencia izquierdista estaría sobrevaluado en el diagrama y no cabrían mayores desplazamientos por razones de preferencia ideológica. Por lo tanto, a futuro, la diferenciación de las ‘mercancías políticas’ se centraría exclusivamente en nimiedades, a pesar de que 80,3% de los encuestados en Lima (GOP-UL) considera que el plan de gobierno de los partidos es ‘importante’ (38,4%) o ‘muy importante’ (41,9%).

Sin embargo, así como los partidos tenderán a moverse hacia el medio, también los electores lo harían, con lo que se complican los pronósticos, si la variable ideológica fuese importante al momento de la elección. Y, en efecto, ese deslizamiento hacia el centro se observa también entre los votantes. En base a la última encuesta de la Universidad de Lima (GOP-UL), entre setiembre y octubre de este año, los limeños que votarían por la derecha disminuyeron en más de tres puntos porcentuales (de 28,8 a 25,4%) y los que están por la izquierda cayeron en cinco y pico (de 17,8% a 12,2%), lo que capitalizó la posición de centro, que subió del 32,5% al 37,1% (curiosamente los que no contestaron aumentó de 0 a 6,8%). Mayor motivo, por tanto, para que los partidos políticos consideren que deben mudarse más hacia el denominado centro.

No debe escapársenos, sin embargo, que las imágenes y espacios del gráfico presentado solo representan la ubicación de los candidatos que -al momento- son de la mayor preferencia de los encuestados, por lo que nuestro análisis supone simplistamente que el enorme vacío existente hacia la izquierda de la mediana sería ocupado íntegramente por ellos. En tal sentido, dado que se trata de una imagen estática, no se considera la posibilidad, por lo demás obvia, de que los partidos de izquierda (socialistas, maoístas y demás) puedan ubicarse en parte de ese trecho, siempre y cuando cuaje el Frente Amplio que se está constituyendo actualmente. Con lo que recuperarían algo de ese ‘tercio natural’ que ostentaban hace dos décadas, lo que permitiría amainar la fuerza abrumadora que ahora parecería tener el fascismo-étnico-nacionalsocialista de los Humala, a la vez que neutralizaría el deslizamiento pretendido del APRA hacia ese flanco. De otra parte, el gráfico tampoco permite calibrar otro aspecto dinámico que los caricaturistas limeños han resaltado con tanto ingenio: el hecho de que ciertos partidos convencionales busquen captar -desesperada aunque solapadamente- el nada despreciable caudal electoral del fujimorismo.

Nótese de paso, al margen de la opinión general de los electores, que en nuestro país el ‘centro’ (definido por los encuestados) ha venido representando cada vez más la Derecha, en el sentido estricto de la palabra, gracias a las contundentes campañas políticas de ‘sustitución mental’ llevadas a cabo por los gobernantes de turno y los economistas ortodoxos que han dominado la escena política desde inicios de los años 1990. Sin duda, estos intelectuales orgánicos han realizado un trabajo persistente y prolijo, a tal grado que, curiosamente, la población aún no se percata de que gran parte de los problemas que la aquejan proviene precisamente de las políticas económicas y las reformas estructurales adoptadas en ese período y que prometían reducir el subempleo y el desempleo, la pobreza y la desigualdad en la distribución del ingreso. ¡Y ya van casi veinte años de cumplidos ajustes y de promesas incumplidas!

Evidentemente, una vez alcanzado el poder, aparecerá nuevamente el nefasto rostro de nuestra encarnizada ‘democracia delegativa’: los gobernantes de turno considerarán –una vez más– haber recibido un cheque en blanco y, sobre esa base, ya buscarán maximizar furtiva y criollamente otros objetivos, bastante más concretos y hasta pecuniariamente evaluables, de los cuales –con mucha suerte– alguno puede estar dirigido verdaderamente a cubrir las demandas de quienes votaron por ellos sobre la base de las gaseosas y medianeras ofertas pre-electorales. Cincuenta años atrás, muy acorde con nuestra propia realidad, Anthony Downs6 ya señalaba que los líderes de cada agrupación política “actúan únicamente con el fin de conseguir la renta, el prestigio y el poder que proporcionan los cargos públicos. (...). La política es para ellos un simple medio de conseguir sus fines privados, que solo alcanzan siendo elegidos”. Por lo que su hipótesis principal es que “los partidos formulan políticas que les permitan ganar las elecciones en lugar de ganar las elecciones con el fin de formular políticas”.

Notas

1. Lazear, Edward (1999) Economic Imperialism. Hoover Institution, Stanford University.

2. Hotteling, Harold (1929). “Stability in Competition”, en The Economic Journal, vol. 39, Nº 153. Oxford: Blackwell Publishing, pp. 41-57. Las citas provienen de la versión en castellano, reproducida en Stigler, George y Kenneth Boulding (1968). Ensayos sobre la teoría de los precios. Madrid: Aguilar, pp. 431-447.

3. Black, Duncan (1948). “On the Rationale of Group Decision-making”, en The Journal of Political Economy, vol. 56, Nº 1. Oxford: Oxford University Press, marzo, pp. 23-34.

4. Torres, Alfredo (2005). “La Opinión Pública Ante las Elecciones del 2006”. Lima: Conferencia en la Universidad del Pacífico, noviembre (ppt). Entrevista a 1.618 ciudadanos (Perú urbano).

5. GOP-UL (2005). “Encuesta Lima Metropolitana y Callao, 29-30 octubre 2005”. Lima: Universidad de Lima, Grupo de Opinión Pública. Datos recogidos de: El Comercio, noviembre 19, p. a6; y La República, noviembre 19, pp. 16-17.

6. Downs, Anthony (1957). An Economic Theory of Democracy. Nueva York: Harper-Collins. Citamos de: Teoría Económica de la Democracia. Madrid: Aguilar, 1973.

Fuente: Punto de Equilibrio, año 14, no. 89, diciembre 2005; pp. 30-32. Una versión más extensa puede encontrarse en La Insignia, noviembre 22. La más completa está en: Actualidad Económica del Perú, diciembre 2005. Véase también la versión del Departamento de Política de la University of British Columbia.

Oligopolios y Partidos Políticos (El Perú ad portas de las Elecciones Generales 2006)

"seguramente conscientes de su leve desviación de la mediana, las agrupaciones de derecha tenderán a ‘socializarse’, la socialdemocracia ‘derechizada’ tenderá a regresar a sus posiciones originales y (casi) todos seguirán aproximándose entre sí"

Aunque no comulgamos con los economistas que creen poder explicar todo fenómeno humano a partir de la teoría económica ortodoxa (Lazear)1, hay casos en que vale la pena intentarlo como una primera aproximación. Aquí aprovecharemos el planteamiento de una teoría del oligopolio en su aplicación a la dinámica política electoral actual, con evidencia basada en encuestas y con la mira puesta en los comicios generales de abril 2006.

La estabilidad en la competencia

En 1926, Harold Hotelling2 publicó un artículo en el que cuestionaba a esa mayoría de economistas que consideraba que el empresario oligopólico que vendía un mismo producto –de calidad similar– al de sus competidores, pero a un precio más elevado que los otros pocos, perdería inmediatamente a sus clientes.

Según el autor, esta errónea idea surgía de simplificaciones inadmisibles, derivadas básicamente del hecho de que la doctrina establecida asumía implícitamente que “el mercado es un punto, sin dimensiones ni densidad”. En tal sentido, aunque una de las empresas venda el mismo producto (v.gr. agua mineral) a un precio mayor, “muchos consumidores seguirán comprándole a él la mercancía, bien porque viven más cerca de su tienda que de las de sus rivales, o porque es menor el coste de transporte desde el almacén de este proveedor al del cliente, o porque prefieren tratar con este vendedor, o porque vende al mismo tiempo otro artículo que aquellos necesitan, o porque es pariente suyo o correligionario, por alguna diferencia en el servicio, o por una combinación de razones”.

Desde esa perspectiva, una vez que se da la competencia, las empresas buscan asimilar cada vez más las características de sus productos a los de sus competidores, pero diferenciándose mínimamente en diversas ‘dimensiones y densidades’. Con lo que, en la práctica, “la enorme estandarización del mobiliario, casas, ropas, automóviles e instrucción se debe a (...) la tendencia a introducir sólo pequeñas variaciones para con ellas arrebatar al antiguo producto el mayor número posible de compradores, o digámoslo así, para colarse entre los competidores y una parte de los compradores”.

El autor ilustra su planteamiento sobre la base de una distribución muy simple de los consumidores, alineados uniformemente a lo largo de una avenida comercial o una línea férrea transcontinental. Afirma que, inicialmente, las dos empresas (duopolio) que compiten por las preferencias de los consumidores se ubican en algún lugar indeterminado entre los extremos fijos de esa línea. Sin embargo, por las fuerzas de la competencia, con el tiempo las empresas se van ubicando en condiciones espaciales cada vez más adecuadas para maximizar sus ventas, lo que las lleva a moverse paulatinamente hacia el centro de la línea, con lo que teóricamente y a la larga cada una se ubica en las proximidades del medio del espacio.

Es así como cada una atrae, cuando menos teóricamente, a la mitad de los consumidores. La que obviamente no es una solución ideal desde la perspectiva del óptimo social. En este caso, al existir solo dos empresas (tiendas), lo óptimo habría sido que cada una se ubicara en el centro de cada mitad de la línea finita, pero por su afán de maximizar ventas se acercarán cada vez más a la mitad de la ‘avenida’, con lo que prácticamente estarían muy próximos entre sí, casi como gemelos; con lo que los consumidores no llegan a un óptimo, ya que tienen que gastar más en transportarse que en la situación ideal.

De la economía teórica a la política electorera

De donde Hotelling termina señalando, en lo que nos interesa aquí, que ese fenómeno “es tan general que aparece en los más diversos campos de competencia, incluso en los ajenos a la vida económica. Así, por ejemplo, está notoriamente representada en la política. En los Estados Unidos, la competencia entre el partido demócrata y el republicano por arrebatarse los votos de los electores hace que los programas de ambos partidos no estén claramente definidos, no son dos posiciones abiertamente distintas entre las que los electores puedan elegir. Por el contrario, cada uno de esos partidos trata de hacer su programa lo más parecido posible al otro. (...). Los cautelosos candidatos contestan con ambigüedad a las preguntas y no adoptan una posición clara respecto de los temas de discusión por temor a perder votos. Las verdaderas diferencias, si es que alguna vez existen, van desapareciendo con el tiempo, aunque los temas objeto de debate puedan seguir teniendo la misma importancia que antes”.

En los años de posguerra, los politólogos han formalizado ese principio en lo que ahora se conoce como “teoría del lugar central” o ‘teorema del elector mediano’ (Duncan Black)3, en el sentido de que las propuestas de los partidos tienden a ubicarse en la mediana (no en la media) del espectro político. Consecuentemente, como en prácticamente todo el mundo, también hoy en día y más que nunca, los partidos políticos dirigen sus campañas hacia ese neurálgico núcleo correspondiente al votante mediano, con lo que se vuelven ‘moderados’ casi por definición. Por lo que, técnicamente, se les denomina –en la teoría de la economía política– “candidatos oportunistas”, categoría que no posee tinte despectivo alguno.

Será este, sin duda, el caso de los principales contendores actuales en el país: Lourdes Flores, Valentín Paniagua y Alan García, cuya ubicación ideológica –según los electores– se puede apreciar en el gráfico adjunto, elaborado por Alfredo Torres4. De ahí se tiene que los tres se ubican muy cercanos entre sí en una especie de centro-centro con una leve desviación hacia la ‘derecha’, a juzgar por los encuestados por Apoyo. En esa encuesta, de noviembre 2005, solo se considera a ese 31% de la muestra que –según los propios encuestados– sabe diferenciar ideológicamente los partidos y candidatos.

Lo que significa que, hasta el momento, los cálculos electorales de los partidos –para cazar el número máximo de votos– no habrían sido realizados adecuadamente, ya que actualmente parecerían estar concentrados –según los encuestados– hacia la derecha de la mediana, que es igual a 4 (el promedio, señalado en el gráfico es de 3,8; en un espacio que va del 1, que corresponde a la extrema izquierda, al 7 de la extrema derecha). O porque, como me lo ha hecho notar la politóloga Cynthia Sanborn, los partidos políticos centran sus campañas, a esta distancia de las elecciones, en “sus potenciales donantes y auspiciadores, y/o por los ‘poderes fácticos’ dentro y fuera del país”, más que en sus electores, los que solo son motivo de atención concentrada poco antes de las elecciones.

Abona en ese sentido el hecho de que la mayoría de ciudadanos –en este caso, de limeños (GOP-UL5)- se decidirá a votar por un determinado candidato el mismo día de la elección (¡23,1%!) o muy poco antes del día D: 16,9% y 26,9%, la semana y el mes anteriores, respectivamente. Lo que, dicho sea de paso, viabiliza potencialmente el surgimiento de algún outsider, a cuyo favor juega el hecho de que 57% está ‘nada satisfecho’ y 38% ‘poco satisfecho’ con el funcionamiento de la democracia en el país. En cambio, 17,4% se decide a cuatro meses de las elecciones y apenas un 13,3% a un año de su realización. Según la encuesta nacional de Apoyo, por su parte, un 38% ya “tiene totalmente decidido su voto” (y, según IMA, serían 34,1%).

Deslizamientos futuros en el mercado político

De manera que, en efecto, los partidos-producto se ubican en las proximidades de ese espacio político específico ‘mediano’ para maximizar votos, según la demanda potencial...; la que hoy en día se ubica en el denominado ‘centro’, que –por lo tanto– se convierte en lo que se especula o percibe como ‘políticamente correcto’.

Si observamos el gráfico ajunto de Alfredo Torres, siguiendo ese enfoque, tendríamos que los partidos políticos más importantes, considerando su posición actual, en los próximos meses, tenderían a moverse algo más a la izquierda en su pretensión por maximizar los votos, tratando de copar ese apetitoso “espacio vacío” del centro-centro y de la centro-izquierda.

Por lo que, seguramente conscientes de su leve desviación de la mediana, las agrupaciones de derecha tenderán a ‘socializarse’, la socialdemocracia ‘derechizada’ tenderá a regresar a sus posiciones originales y (casi) todos seguirán aproximándose entre sí, porque consideran –con toda razón, pero sin mucho derecho y nada de ética– que ahí está el grueso del ‘poder de compra’ o de votos que los llevará al poder. Siguiendo esa lógica, incluso Ollanta Humala tendería a ubicarse más cerca al centro, en las vecindades de esa yerma ‘centro-izquierda’; aunque el espacio específico que ocupa actualmente –si los demás no se movieran– le permitiría ampliar sustancialmente las preferencias por su candidatura, que hoy en día ya supera el 11%.

El comentario anterior tiene un pero. Puesto que el gráfico ha sido elaborado sobre la base de solo tres de cada diez encuestados –que son los que dicen saber diferenciar ideológicamente a los candidatos–, bien podría ser que efectivamente ya todos los contendientes se encuentren en la mediana, como me lo ha hecho notar la Dra. Sanborn, porque gran parte de los ‘bien informados’ generalmente se ubican en el centro-izquierda y la izquierda del espectro político. Con lo que el peso del rango de preferencia izquierdista estaría sobrevaluado en el diagrama y no cabrían mayores desplazamientos por razones de preferencia ideológica. Por lo tanto, a futuro, la diferenciación de las ‘mercancías políticas’ se centraría exclusivamente en nimiedades, a pesar de que 80,3% de los encuestados en Lima (GOP-UL) considera que el plan de gobierno de los partidos es ‘importante’ (38,4%) o ‘muy importante’ (41,9%).

Sin embargo, así como los partidos tenderán a moverse hacia el medio, también los electores lo harían, con lo que se complican los pronósticos, si la variable ideológica fuese importante al momento de la elección. Y, en efecto, ese deslizamiento hacia el centro se observa también entre los votantes. En base a la última encuesta de la Universidad de Lima (GOP-UL), entre setiembre y octubre de este año, los limeños que votarían por la derecha disminuyeron en más de tres puntos porcentuales (de 28,8 a 25,4%) y los que están por la izquierda cayeron en cinco y pico (de 17,8% a 12,2%), lo que capitalizó la posición de centro, que subió del 32,5% al 37,1% (curiosamente los que no contestaron aumentó de 0 a 6,8%). Mayor motivo, por tanto, para que los partidos políticos consideren que deben mudarse más hacia el denominado centro.

No debe escapársenos, sin embargo, que las imágenes y espacios del gráfico presentado solo representan la ubicación de los candidatos que -al momento- son de la mayor preferencia de los encuestados, por lo que nuestro análisis supone simplistamente que el enorme vacío existente hacia la izquierda de la mediana sería ocupado íntegramente por ellos. En tal sentido, dado que se trata de una imagen estática, no se considera la posibilidad, por lo demás obvia, de que los partidos de izquierda (socialistas, maoístas y demás) puedan ubicarse en parte de ese trecho, siempre y cuando cuaje el Frente Amplio que se está constituyendo actualmente. Con lo que recuperarían algo de ese ‘tercio natural’ que ostentaban hace dos décadas, lo que permitiría amainar la fuerza abrumadora que ahora parecería tener el fascismo-étnico-nacionalsocialista de los Humala, a la vez que neutralizaría el deslizamiento pretendido del APRA hacia ese flanco. De otra parte, el gráfico tampoco permite calibrar otro aspecto dinámico que los caricaturistas limeños han resaltado con tanto ingenio: el hecho de que ciertos partidos convencionales busquen captar -desesperada aunque solapadamente- el nada despreciable caudal electoral del fujimorismo.

Nótese de paso, al margen de la opinión general de los electores, que en nuestro país el ‘centro’ (definido por los encuestados) ha venido representando cada vez más la Derecha, en el sentido estricto de la palabra, gracias a las contundentes campañas políticas de ‘sustitución mental’ llevadas a cabo por los gobernantes de turno y los economistas ortodoxos que han dominado la escena política desde inicios de los años 1990. Sin duda, estos intelectuales orgánicos han realizado un trabajo persistente y prolijo, a tal grado que, curiosamente, la población aún no se percata de que gran parte de los problemas que la aquejan proviene precisamente de las políticas económicas y las reformas estructurales adoptadas en ese período y que prometían reducir el subempleo y el desempleo, la pobreza y la desigualdad en la distribución del ingreso. ¡Y ya van casi veinte años de cumplidos ajustes y de promesas incumplidas!

Evidentemente, una vez alcanzado el poder, aparecerá nuevamente el nefasto rostro de nuestra encarnizada ‘democracia delegativa’: los gobernantes de turno considerarán –una vez más– haber recibido un cheque en blanco y, sobre esa base, ya buscarán maximizar furtiva y criollamente otros objetivos, bastante más concretos y hasta pecuniariamente evaluables, de los cuales –con mucha suerte– alguno puede estar dirigido verdaderamente a cubrir las demandas de quienes votaron por ellos sobre la base de las gaseosas y medianeras ofertas pre-electorales. Cincuenta años atrás, muy acorde con nuestra propia realidad, Anthony Downs6 ya señalaba que los líderes de cada agrupación política “actúan únicamente con el fin de conseguir la renta, el prestigio y el poder que proporcionan los cargos públicos. (...). La política es para ellos un simple medio de conseguir sus fines privados, que solo alcanzan siendo elegidos”. Por lo que su hipótesis principal es que “los partidos formulan políticas que les permitan ganar las elecciones en lugar de ganar las elecciones con el fin de formular políticas”.

Notas

1. Lazear, Edward (1999) "Economic Imperialism". Hoover Institution, Stanford University.

2. Hotteling, Harold (1929). “Stability in Competition”, en The Economic Journal, vol. 39, Nº 153. Oxford: Blackwell Publishing, pp. 41-57. Las citas provienen de la versión en castellano, reproducida en Stigler, George y Kenneth Boulding (1968). Ensayos sobre la teoría de los precios. Madrid: Aguilar, pp. 431-447.

3. Black, Duncan (1948). “On the Rationale of Group Decision-making”, en The Journal of Political Economy, vol. 56, Nº 1. Oxford: Oxford University Press, marzo, pp. 23-34.

4. Torres, Alfredo (2005). “La Opinión Pública Ante las Elecciones del 2006”. Lima: Conferencia en la Universidad del Pacífico, noviembre (ppt). Entrevista a 1.618 ciudadanos (Perú urbano).

5. GOP-UL (2005). “Encuesta Lima Metropolitana y Callao, 29-30 octubre 2005”. Lima: Universidad de Lima, Grupo de Opinión Pública. Datos recogidos de: El Comercio, noviembre 19, p. a6; y La República, noviembre 19, pp. 16-17.

6. Downs, Anthony (1957). An Economic Theory of Democracy. Nueva York: Harper-Collins. Citamos de: Teoría Económica de la Democracia. Madrid: Aguilar, 1973.

Fuente: Punto de Equilibrio, año 14, no. 89, diciembre 2005; pp. 30-32. Una versión más extensa puede encontrarse en La Insignia, noviembre 22. La más completa está en: Actualidad Económica del Perú, diciembre 2005. Véase también la versión del Departamento de Política de la University of British Columbia.

viernes, diciembre 16, 2005

Dólar: ¿Bola de nieve económica o política?

Desde hace cuatro meses el tipo de cambio nominal se ha devaluado sorprendentemente en 5% respecto del dólar, después de tantos meses en que venía revaluándose, evolucionando ahora hacia la baja con cierta persistencia, erraticidad y orígenes aparentemente recónditos. Los debates cundieron y las culpas fueron a caer sobre unos y otros, en una tensa controversia entre el Banco Central de Reserva (BCRP) y la Superintendencia de Banca y Seguros (SBS).

Como queda en evidencia, el reciente proceso de devaluación del sol se inicia --como lo ha señalado en reiteradas oportunidades el BCRP-- con las compras masivas (netas) de dólares por parte de las AFP, entre agosto y reiteradamente hasta noviembre, meses durante los cuales aumentaron en US$420 millones, a un promedio mensual de US$105 millones. Mientras, en ese lapso, el portafolio en dólares crecía a un vertiginoso ritmo mensual de US$203 millones, nada menos que cuatro veces más que el promedio mensual al que se había incrementado entre octubre del 2002 y julio del 2005. Con ello, el stock de papeles de las AFP en dólares ha aumentado nominalmente en 120% entre noviembre del 2002 y noviembre 2005, llegando a algo más de US$4.500 millones, de los cuales US$811 millones se realizaron en el último cuatrimestre.

Durante dicho período, el tipo de cambio aumentó persistentemente, llegando a 3,415 al último día de noviembre (promedio cuatrimestral: 3,354), lo que se compara con el tipo de cambio relativamente constante (anclado en torno a los 3,257 soles por dólar) de los primeros siete meses del año, cuando las compras netas de dólares por parte de las AFP se encogían levemente a un ritmo mensual de menos US$7 millones.

Evidentemente, no existe una causa única para entender este proceso, ya que habría que contemplar otras variables, tales como los diferenciales de tasas de interés de corto y largo plazo, los precios de nuestras materias primas de exportación y una serie de factores extraeconómicos. Pero aun así, más de cuatrocientos millones de compras netas de dólares en un cuatrimestre pesan fuerte, tanto directamente en un mercado que mueve apenas setenta millones diarios, como indirectamente en la medida que las AFP son focos-guía que arrastran consigo a muchos otros agentes.

Paradójicamente, son estas mismas entidades las que después desatan una campaña en los medios masivos para echarle la culpa pública y malévolamente al BCRP por dejar que el dólar suba. Y, para colmo, lo hacen en el preciso momento en que se desata la incertidumbre electoral. Las declaraciones de algún representante del poderoso gremio son significativas al respecto, cuando afirmó hace poco que "la parada del tipo de cambio y que deje de subir, está en manos del BCR", recomendando además que "debe vender dólares con la misma firmeza con la que compró cuando el sol se apreciaba". Es como si los incendiarios no solo se negaran a admitir su culpa (en verdad, nunca lo hacen), sino que criticaran en plena fogata el trabajo de quienes combaten el fuego y, para colmo, se atrevieran a sugerir que la culpa del incendio la tienen realmente los propios bomberos. Se les acabó el agua dirán, lo que es muy común en Lima, y ¡habrían tratado de combatir el fuego con gasolina!

Olvidan que, para enfrentar este incendio, el pirómano BCR no solo ha vendido dólares, sino que también ha vendido unos papeles indexados al tipo de cambio (CDR) a distintos plazos (3, 6, 12 meses) que son buenos sustitutos de los dólares-billete para los intermediarios financieros de gran tamaño. Además de subir la tasa de interés. Desde que empezó esta alza del tipo de cambio, es decir, octubre, noviembre y diciembre 14, el BCR había vendido 184 millones de dólares-billete y otro tanto en papeles indexados al tipo de cambio (CDR).

En toda esa maraña de controversias, en que el interés técnico está por un lado y el pecuniario aparecería por el otro, la SBS las apoya para presionar sobre el mercado cambiario. En una misiva enviada esta semana al BCRP, afirmaba alegremente que "estas compras (de dólares) y las operaciones de inversión en instrumentos estructurados (que sirven básicamente para eludir criollamente el límite a las inversiones en el exterior de las AFP) no generaron hipos en el tipo de cambio". Esta misma SBS es la que quería que el Congreso le quitase al BCRP --¡precisamente ahora!-- la facultad legal de fijar este límite para dársela a ella, que ya había prometido públicamente que subiría este límite a razón de 1 o 2 puntos cada bimestre.

Finalmente, como es evidente, a partir de los interesantes resultados de las encuestas del domingo pasado, ha surgido intempestivamente otro factor adicional que opera --y lo seguirá haciendo-- en este nervioso mercado cambiario: el denominado riesgo político, que seguramente presionará sobre el tipo de cambio al mismo ritmo. Los intermediarios financieros (bancos incluidos) están acumulando dólares más rápidamente que antes, y el saldo de las ventas netas de dólares a futuro (forwards) de los bancos al público se está ampliando velozmente, a pesar de los fantásticos precios de las materias primas (con los metales en la vanguardia) y del superávit de la balanza comercial que el presente año seguramente sobrepasará los 4 mil millones de dólares (¡más del 5% del PBI!) y muy posiblemente también lo haga el 2006. Es una lástima que este proceso esté revirtiendo la tendencia a la desdolarización de la economía que tanto trabajo ha costado. Quizá ha llegado la hora de pensar seriamente en controles de capitales de corto plazo, en alguna de sus modalidades (chilena, colombiana o malasiana).

Cabe anotar, lo que ya no sorprende a nadie, que el riesgo-país ha subido en estos últimos días unos 35 puntos básicos hasta 183, mientras que el de todas las economías emergentes se mantiene estático. Ese incremento del riesgo (de los 'electores externos') en 24%, viene aderezado por los grandes bancos extranjeros, por simpáticos comentarios del tipo: "la incertidumbre política amenaza la continuidad de la política económica" + "las elecciones peruanas contienen un riesgo inherente mayor para el mercado que el de otros, quizás por el más elevado perfil de las elecciones por realizarse en el resto de la región" + "creemos que el riesgo político representa el principal punto negativo en contra del Perú" + miedo + temor + terror. Parecería, pues, que hay quienes son más optimistas que los propios hermanos respecto de su (imposible) triunfo.

Y no tiene nada de malo que el tipo de cambio se devalúe, lo que protegerá espuriamente a nuestros industriales sobrevivientes y a la agroindustria, a la vez que rendirá mayores ingresos fiscales por las boyantes exportaciones. Pero la devaluación deberá ser pausada y paulatina. Y es aquí donde nuevamente el BCRP tendrá que cumplir un rol para evitar los saltos abruptos que se esperan. Aunque no esté incluida en su regla de Taylor para cumplir con sus metas explícitas de inflación, sus intervenciones en el mercado cambiario --contra natura dirían algunos-- podrían contribuir a ese apaciguamento que será tan necesario en los próximos meses. Afortunadamente está en condiciones de intervenir en cualquier dirección, ya que no le faltan los instrumentos para hacerlo y, sobre todo, los dólares necesarios: la posición de cambio del BCRP está cerca de los US$8 mil millones, y si le añadimos los encajes y los dólares del Gobierno, rebasamos los US$13 mil y pico millones de reservas internacionales netas (RIN). Posición de cambio de la que, dicho sea de paso, no dispondríamos si hubiésemos seguido el sabio consejo de todos aquellos que decían que el BCRP no debía intervenir en el mercado comprando dólares cuando el tipo de cambio se desplomaba y que ¡mejor era ampliarles el límite a las inversiones en el exterior de las AFP!

Fuente: El Comercio, diciembre 16, 2005; p. B-3.

jueves, diciembre 01, 2005

Entrevista al Presidente (a.i.) del Banco Central de Reserva (con Bruno Seminario)

Conversación entre Óscar Dancourt, Vicepresidente del directorio del BCRP, y los catedráticos de la Universidad del Pacífico Bruno Seminario y Jürgen Schuldt

"Los problemas no se encuentran tanto en el nivel de ahorro sino en su utilización, en la inversión de estos ahorros financieros para tener un crecimiento sostenible de largo plazo. Se requiere un mínimo de planificación para que una economía de mercado tenga un buen crecimiento de largo plazo"

Seminario: ¿Cómo es el tema del diferencial de la tasa de interés en soles y dólares? Obviamente, el hecho de que la tasa en soles rinda menos que la de dólares no es sostenible en el largo plazo. En la próxima alza el diferencial será 1%.

Hay dos problemas. En primer lugar, sabemos que el diferencial debe impulsar una salida de capitales; sin embargo, por otro lado, si vemos lo que ha hecho el Banco de Chile, aparece la posición contraria.

Dancourt: El diferencial negativo (soles menos dólares) de tasas de interés de corto plazo se genera porque el BCR norteamericano fija su tasa de interés en función de su brecha del producto y de lo que espera que suceda con la inflación. Y el BCRP hace lo mismo. La inflación en el Perú, después del alza del año 2004, ha estado bajando, pues se han revertido los shocks de oferta negativos. El hecho es que la inflación, en los últimos doce meses, ha bajado de 4,6% a mediados de 2004 a 1,3% en la actualidad. En esas condiciones, a pesar de la expansión de la economía, el BCRP ha optado por no subir la tasa de interés; lo cual es totalmente razonable cuando tu proyección de inflación a doce meses es que la inflación se sitúe entre el centro y el piso del rango meta. Es, básicamente, una aplicación de la regla de Taylor.

En Chile es igual; su política monetaria se puede describir también, en términos académicos, como una regla de Taylor. Su brecha del producto está disminuyendo y la inflación está subiendo; lo cual implica que la tasa de interés de política debe elevarse. En el Perú, la expansión económica se encuentra asociada a una reducción de la inflación, por choques de oferta positivos y por pocas presiones de demanda. Eso explica que la tasa de interés en nuestro país no haya subido durante este período, como sí lo ha hecho en Chile y Estados Unidos. Qué ocurrirá más adelante, dependerá del escenario macroeconómico.

Si seguimos el modelo Mundell-Fleming de los libros de texto, el único determinante del tipo de cambio es el diferencial de tasas de interés de corto plazo. Si todo lo demás no existe y el diferencial de tasas de corto plazo se hace negativo, el tipo de cambio debería subir. Pero este esquema es muy simple, el tipo de cambio depende de muchos otros factores, como los precios de las materias primas de exportación, que registran picos históricos, o como el diferencial de tasas de interés de largo plazo, que es positivo. Estos dos últimos factores pueden contrarrestar el efecto que tiene el diferencial de tasas de interés de corto plazo en el tipo de cambio.

Seminario: En cierto sentido, existe una tendencia a que el diferencial de riesgos sea menor. Nuestros bonos, más o menos, son tratados por los economistas estadounidenses igual que los bonos de Honduras. En otras circunstancias, el diferencial hubiera sido mayor. Estos bonos 8%, que está emitiendo el Gobierno, ¿son de tasa fija o variable?

Dancourt: Son tasas fijas en el sentido del libro de texto. Las tasas al vencimiento dependen inversamente del precio de los bonos. El Gobierno se compromete a pagar cierta cantidad en moneda nacional. Si la demanda de estos bonos se reduce, sus precios caerían y las tasas subirían. Los inversionistas extranjeros han encontrado atractivos estos bonos a 10 o 15 años en soles. Con estas emisiones del Gobierno, el mercado de capitales local ya cuenta con una estructura de tasas de interés en soles para distintos plazos. Estas tasas de interés de largo plazo en soles dependen, en parte, de la tasa de interés de política que establece el BCR, así como de otros factores, entre los que se encuentran las tasas de interés externa de largo plazo.

Schuldt: Hay una cosa muy interesante que está pasando. Los bancos están batallando por recibir depósitos. Eso significa que ahí se puede estar filtrando una bomba. Altos depósitos que no están colocando. Si no estoy colocando, quiere decir que estoy jugando en algún otro lado.

Dancourt: La actual reactivación de la economía peruana no ha estado asociada a una expansión del crédito. Esto empezó a cambiar, diría yo, a partir de fines del año 2004. Habría que distinguir. El sistema financiero le presta en dólares y en soles al sector privado. El crédito en soles se está expandiendo rápidamente, al igual que los depósitos en esta moneda; pero no el crédito en dólares.

Schuldt: Sin embargo los banqueros no dicen eso.

Dancourt: El sistema financiero, que incluye no solo a la banca comercial, sino también a otros intermediarios financieros como las AFP o las cajas municipales que también le prestan dinero al sector privado, se ha estado expandiendo de manera más rápida en soles. Por ejemplo, la tasa de crecimiento del crédito en soles del sistema financiero del sector privado es 20% anual. En dólares, esta tasa es menor, un 5% anual. Eso es lo que está pasando ahora.

Seminario: Cuando tú ves la estabilidad monetaria en los últimos cuatro años, notas una tendencia, efectivamente, a una disminución obvia de la parte del sistema financiero que le corresponde a los bancos y a un incremento en este conjunto de instituciones, como las cajas rurales y de mercado de capitales. El problema es que la expansión del crédito puede haber sido muy rápida. Ahora estamos creciendo, pero puede ser que de aquí a uno o dos años cambien las condiciones internacionales. ¿Hay alguien que se está preocupando del tema? ¿Cómo ve el BCR la expansión de los intermediarios financieros no bancarios?

Dancourt: En realidad, la expansión del crédito se ha producido mucho después de iniciada la reactivación económica. Es un caso muy diferente del de mediados de los años 1990, probablemente porque el punto de partida es distinto. El punto de partida aquí es una recesión larga asociada a una crisis financiera y, usualmente, la respuesta a esto es que los bancos son muy cautelosos para prestar una vez que acaba la recesión. Lo que sí es verdad es que los intermediarios financieros no bancarios han empezado a prestar más rápido que los bancos. Eso también responde a nuevos mercados. En el mercado de capitales, con la creación de esta curva de referencia de las tasas de interés en soles, ha sido posible que las grandes empresas emitan bonos en soles en este mercado. Por otro lado, las cajas municipales se han desarrollado rápidamente, lo cual ocurre en una economía que tiene un bajo grado de intermediación financiera. Hasta ahora se ha tenido una expansión que no ha estado liderada por el crédito, sino por las exportaciones.

Seminario: ¿Cómo está la situación de estas entidades no bancarias?

Dancourt: Hasta donde tenemos información, todo esta bien. Ciertamente, si la economía peruana se detiene, en realidad habrá un incremento en la morosidad. Ya sabemos que la morosidad es anticíclica. La pregunta es si eso implicará una debilidad estructural en el sistema financiero. Yo creo que no, porque en realidad el sistema financiero se ha ido haciendo más sólido y líquido.

Seminario: Pongamos un escenario optimista, esta subida en los precios internacionales, de los últimos cinco años, puede deberse a la expansión asiática más que a la estadounidense. La cuestión es saber si se trata de una cuestión permanente o transitoria.

Dancourt: La CEPAL dice que sí, que se trata de un cambio permanente.

Seminario: En efecto, la CEPAL dice que lo es. Entonces, estaríamos hablando de que estos precios del cobre de 1,5-1,6 se mantendrán durante, por lo menos, unos 7 u 8 años, mientras dure la expansión de China o de los países asiáticos. Aunque puede darse el caso que la economía estadounidense entre en recesión, no necesariamente sucederá con la economía china, porque tiene un mercado interno enorme.

Ahora, como suele pasar, entre el comercio exterior y el PBI hay una relación estrecha. Nuestro PBI en dólares es de 70 mil millones. Si seguimos a ese ritmo, de acá a 10 años estaríamos hablando de un PBI de 150-160 mil millones de dólares. Lo que importan son las consecuencias financieras de ese desarrollo. Estaríamos hablando de un monto enorme en el sistema financiero y en los fondos de las AFP. El gran problema es ver cómo el ahorro se convierte efectivamente en inversión. ¿Qué opinas?

Dancourt: En el caso que mencionas de una expansión del fondo de pensiones, la posición del BCR se resume en un incremento gradual de los límites a la inversión en el extranjero de estos fondos. Esto permitiría el desarrollo de un mercado local de capitales, sin el cual no es posible una desdolarización importante de la economía. Eso también tiene efectos en las tasas de interés, el tipo de cambio y la estabilidad macroeconómica, en términos de crecimiento del nivel de actividad y la tasa de inflación.

El BCR tiene que ser conservador. Para una economía pequeña como la peruana, una buena parte del trabajo de proyección es, en realidad, proyección de variables exógenas que tienen un peso muy importante. Y no necesariamente todas estas proyecciones son consistentes entre sí. Lo que sí creemos es que este problema de saber si es un alza cíclica del precio de las materias primas o un alza permanente, pasa por evaluar el papel que desempeñan Asia y China.

Seminario: Ahora, no es la primera vez que pasa, también se dieron alzas cíclicas de los precios de las materias primas en los años 1950 y 1960. Hay cinco grandes programas de inversión que se tienen que implementar y uno de ellos es la infraestructura.

Dancourt: Es obvio que la infraestructura en el Perú es deficiente.

Seminario: Hay que invertir en puertos, carreteras, en todo. Entonces, parecería lógico que los fondos de largo plazo se dedicaran a esto. En realidad, no necesitamos depender del capital extranjero para construir la infraestructura.

Dancourt: Un organismo de planificación podría ser parte de una propuesta. Efectivamente, no hay forma de crecer a largo plazo sin tener el bosquejo de algún programa de cómo te quieres mover en el largo plazo. Esto no quiere decir, necesariamente, que se va a decir cuáles son las industrias ganadoras ni todo al perfecto detalle. Pero sí tiene que resolver problemas mínimos como los que planteas o la necesidad de diversificar exportaciones por mercados de destino o por tipo de bien.

Los problemas no se encuentran tanto en el nivel de ahorro sino en su utilización, en la inversión de estos ahorros financieros para tener un crecimiento sostenible de largo plazo. Se requiere un mínimo de planificación para que una economía de mercado tenga un buen crecimiento de largo plazo.

Seminario: Ahora, ¿existen normas institucionales que impidan que las AFP financien la reconstrucción del puerto del Callao o que hagan un anillo vial en Lima?

Dancourt: Yo no creo. Si el Gobierno y el sector privado decidieran construir tales o cuales carreteras o infraestructura, el arreglo que faltaría sería solo el financiero, qué tipo de deuda se emitiría, etc. Se requiere cierta planificación agregada, por más indicativa que sea, para tener una idea de a dónde se quiere ir. Sin embargo, esas son funciones que están lejos de las del BCRP.

Fuente: Punto de Equilibrio, diciembre 2005.