viernes, julio 21, 2006

"Si sale Alan ¡Me voy del país!" (Artículo en versión preliminar e impublicable)

Se solicita encarecidamente las sugerencias de los internautas para transformar el presente artículo en un texto serio...

Con el mayor respeto, permítanme compartir con ustedes algunas líneas íntimas de mi diario personal.
Florida-USA, julio 21, 2006. Hoy se cumplen tres meses desde que emigré del Perú. Esta mañana, mientras ingería mis pancakes with syrup y el clásico orange juice del breakfast, casi me atoro por la sorpresa que me causó leer la sorprendente noticia en la primera plana del Miami Herald: “Alan García ratifica nombramiento de funcionario del BBVA como Ministro de Economía del Perú”. En efecto, se trataba nada menos que de mi gran amigo Luis Carranza, un técnico de primera, genio de las finanzas y con varios doctorados en las mejores universidades de mi patria adoptiva. A lo que hay que añadir un lauro a su luminoso pedigree: el de haber renunciado valerosamente al viceministerio de Hacienda por los arrebatos populistas en que hace unos pocos meses estaba deslizándose su jefe inmediato, el gran Ministro de Economía neoliberal Pedro Pablo Kuczinsky.

De manera que, por fin tendremos a un Ministro de Economía que habrá de asumir con serenidad y seriedad el saneamiento de las cuentas fiscales, el pago adelantado del servicio de la deuda externa y las demás políticas que asegurarán la estabilidad macroeconómica que ya había conseguido el gobierno saliente. Nada de experimentos, pues, ni políticas fiscales anticíclicas, ni medidas de fomento sectorial, ni subsidios y exoneraciones, como debe ser... cuando se tiene el conocimiento, la certidumbre y el pragmatismo de mi gran amigo de juventud. Con lo que tendremos el apoyo ciego del FMI, del Banco Mundial, de AID, de la CAF y demás organismos internacionales y, obviamente, de las empresas transnacionales radicadas en Perú.

Mis más sinceras felicitaciones y efusivos respetos por el nuevo discurso de Alan García y, porqué no decirlo, por su renovada imagen. Con esa designación y algunas otras que se vienen filtrando por la prensa, está demostrando –aunque siga caminando como quien levita y admira la luna- que ha madurado y que sigue alimentándose de la filosofía esa del tiempo-espacio histórico, que hace lucir razonables sus aparentemente contradictorias nominaciones y decisiones en un mundo globalizado. Tampoco ya no se entrena dando pataditas a algún transeúnte, conciente que el campeonato mundial de fútbol acabó.

Y fíjense en sus progresos en otros campos: El otro día nomás mandó a votar a sus congresistas por la ratificación del TLC, con lo que se alcanzó una abrumadora mayoría en el Congreso; donde lo que más me gustó es esa buena broma que se gastó Alan cuando dijo que iba a estudiar ‘línea por línea’ el Tratado y, mejor aún, esa otra de que iba a renegociar algunos de sus contenidos. Según esa ilógica dialéctica del reloj-abismo-einsteiniano-arqueológico no nos queda pues otra, como ha entendido bien Alan, y es que habrá que seguir privatizando y concesionando, abriendo la economía y cerrando la distribución, ajustando gastos públicos y aumentando impuestos indirectos, acelerando el servicio de la deuda externa y demás medidas acordes con la dinámica de la nueva división internacional del trabajo y del poder; o, para ser más preciso, con aquellas políticas coincidentes con el espíritu del WC, que nada tienen que ver con el water closet donde suelo redactar este diario, sino que provienen del tan mentado y exitoso Washington Consensus.

¿Que por qué Alan se decidió por Carranza? Difícil saberlo y más difícil decirlo. Uno: Un rapto de ingenuidad no puede ser, aunque debería serlo si tenemos presente que tendremos elecciones regionales y municipales en noviembre. La ventaja es que si los resultados le son adversos Carranza será el chivo expiatorio y retornará sin mayores problemas a España. Dos: Terquedad puede ser, porque toda la izquierda inútil cuestionó ese nombramiento desde un inicio, especialmente la caviar (que no sé de donde sacan que tienen, como los que produce el esturión, tantos huevos y que además son tan chiquitos). Tres: Ahorro a toda costa, ya que nadie va a trabajar por los 5.000 soles que le pagarán a los Ministros, por lo que hay que buscar a quienes su patrón les seguirá pagando, digamos que si trabaja para un banco y no renuncia a su sueldo –digamos por modestos US$ 30.000- puede sacrificarse tranquilamente en el cargo y de paso le ahorra mucha plata al gobierno. Cuatro: Compromiso con la patria, que sin duda es el más importante, aliándose al gran capital transnacional, nombrando a quien es de la confianza de una empresa y un gobierno que tiene muchos intereses en el país (digamos que posea una compañía de teléfonos, una empresa de energía, un enorme banco con su AFP y pequeñeces por el estilo), con lo que garantiza de paso la estabilidad, el respeto y las gollerías del resto de empresas transnacionales.

Lo que, sin duda confirma, una vez más, la inteligencia y olfato político de nuestro próximo mandatario. Si vemos el conjunto de ministros que asoman en los corrillos periodísticos, se observa claramente que mi gran amigo (¡ahora sí que lo es!) Alan ha aprendido. Y lo más interesante de todo es que –como me cuenta mi colega Bruno Seminario- su gran maestro ha sido nada menos que Fujimori, quien –dicho sea de paso, ojalá regrese el 2011- le enseñó que lo fundamental estriba en asegurarse del equilibrio macroeconómico (¡quién mejor que Carranza!) y utilizar algunas de las migajas de los abultados impuestos de los exportadores y del propio crecimiento económico para su uso inteligente y focalizado como morigerador social y clientelar en provincias, no vaya a ser que se vuelvan a movilizar las huestes etnocaceristas, que hace poco amenazaban tomar el país desde las urnas. Quizás haya una diferencia con Fujimori II: los próximos cuatro cuatro años tendremos sobre-equillibrios macroeconómicos y el final será de carnaval.

Obviamente deben cumplirse algunos supuestos para que ese continuismo económico tan responsable tenga éxito. Cuando menos hay que tener en cuenta tres: que la economía internacional y los precios de nuestras exportaciones sigan boyantes; que las heladas o El Niño no malogren las cosechas; y, el más importante, que algún exabrupto de Alan no rompa –como antaño con los 12 Apóstoles- la sólida alianza que en estos días se está constituyendo entre el gobierno y el capital transnacional. Nadie en su sano juicio pensaría que –en su madurez- Alan despierte un día insomne o calenturiento -como aquella vez en 1987- y proponga la nacionalización, ya no la banca porque no sería muy original que digamos, sino todas las minas o todos los fundos agroexportadores, creativa e innovadoramente.

Por lo demás, sin duda, a nivel internacional Alan habrá de convertirse en el baluarte de los EEUU en América Latina y el Caribe, muy distante de los nacionalismos baratos de Chávez y Evo, y de los populismos demagógicos de Tabaré, Lula y Kirchner, con quienes habría podido fortalecer la peligrosísima integración sudamericana, traicionando así nuestra integración con el coloso del norte, que sin duda es lo que más nos conviene. A nivel doméstico, su gobierno también será una promesa: aunque pueda aumentar el ‘riesgo social’ declinará el prioritario ‘riesgo país’ y, en unos pocos años, nos haremos acreedores del ansiado “grado de inversión’ aunque aumente el ‘grado de insatisfacción’ de los segmentos C, D y E (más el de uno nuevo, que será el F).

Recordando, debo reconocer que sí que fue milagroso cómo Alan pasó a la segunda vuelta, sacándole la vuelta a mi adorada Lourdes. Y ahí sí que nos aterrorizamos todos cuando conocimos los resultados. Entonces fue cuando nos dimos cuenta que había muchichísimos pobres en el país, que no solo eran los que nos pedían la limosna en las bocacalles y a los que les dábamos 5 centavos para que no nos ensucien las lunas con sus manos andrajosas. Si pues, ahí fue cuando los empresarios, políticos y analistas comenzamos a indignarnos con la miseria y a hablar de la importancia de luchar contra la pobreza en el Perú, ese fenómeno tan nuevo y acuciante. Y entonces sí que me decidí a emigrar al día siguiente de la primera vuelta.

Pero ahora veo, porque la distancia azuza la vista, que no hay mal que por bien no venga. Resulta que el gobierno será como si mi adorada Lourdes hubiera ganado y hasta mejor que eso. Porque Lourdes habría sido un fiasco en el gobierno, no habría tenido la lucidez política que posee Alan, no habría podido contener a las masas, la habría embarrado nombrando Carranzas para todos los ministerios y se habría desatado la ‘Tempestad en los Andes’. Alan, en cambio, nos habrá de representar mejor ya que viene preparando un milkshake ministerial bien equilibrado, como esos que me gustan, con papaya, melón, sobón y palta. También habrá de lograr el maridaje (qué bella palabra y que bien la uso combinando mis vinos franceses) perfecto para cubrir los restantes 3.000 cargos de confianza que necesita. No sé cómo pude ser tan ciego: debí votar por Alan desde la primera. Espero que me perdone, porque no lo haría tan mal como cónsul aquí, aunque sea ad honorem. Lo que más me gustó de las declaraciones de mi amigo Alan fue aquella en la que aseguraba que no habrían privilegios para esa masa de ignorantes carnetizados de su partido, exceptuando por cierto a los que trabajaban para una transnacional y, sobre todo, privilegiaría a éstos siempre que no tengan carnet. Por fin se hará realidad, así, el SEASAP, porque no hay duda que en las actuales condiciones Sólo el Apra Salvará al Perú.

Fuente: La República, julio 20, 2006



Todo esto me tiene muy contento, porque por fin se augura un seguro y promisor futuro para el Perú. Lo único que me ha desilusionado es la actitud de mis amigos más íntimos. Fueron precisamente ellos quienes me convencieron para dejar mi tierra y, sobre todo, mis tierras en Ica. Porque cada vez que nos tomábamos unas copitas repetían al unísono: “Si Alan llega al poder, me voy del Perú”. Tanto me sugestionaron -¡qué falta de visión la de mis amigotes!- que seguí sus consejos: vendí mis casas, la de Las Casuarinas, la de Los Cóndores y la de Mamacona; rematé mi Mercedes, mi BMW y mi Audi (aunque no me simpatizan los alemanes, no hay como su tecnología); mi Rottweiler, mi pastor alemán y mi Pudel (disculpen esta fijación germana); lo único que no logré es librarme de mi adorable mujer y de mi querida suegra. Me fui apurado, amargado y atolondrado, pero pronto me tranquilicé pensando en la vivienda muy bien apertrechada que había adquirido en Florida, gracias a los dólares MUC que Alan me facilitó durante su primer gobierno. Así pues, esa era mi gran esperanza entonces, ya que me ahorraría otro quinquenio malsano de gobierno y seguramente que no tendría nada que extrañar en Fort Lauderdale.

Pero, la verdad-verdad es que lo único que extraño aquí en esta tierra santa es a mis amigos empresariotes, ya que todo lo demás es igualito a mi Perú pequeñito, arquitectónica y cinematográficamente hablando. No olvidemos que –gracias a Gastón Acurio- dispongo de una enorme variedad de restaurantes peruanos, además de peñas criollas y de insumos culinarios peruanos en Wal Mart, y sin olvidar las empleadas peruanas ilegales y los médicos peruanos postgraduados y los profesores peruanos de inglés y las secretarias peruanas bilingües, todos tan buenos ellos. ¡Tanto que nos habíamos ilusionado en yunta, por pasear en yate con unas buenas nenas por los Cayos de Florida y por las islas del Caribe!

¿Qué por qué no vinieron los que prometieron irse conmigo e incluso antes que yo? No lo sé, para ser franco. Las malas lenguas dicen que se han ido en patota con Lourdes a visitar a Alan, allá en su oficina de San Isidro. Por la que dicen han desfilado todos los dueños de los bancos y seguros, empresas y restaurantes, aefepes y demás, saludándolo muy amables, como debe ser. La procesión era seguida por abogados, agrónomos, cineastas, economistas, filósofos, masones, diplomáticos y otros diplomáticos, acróbatas de circo y acróbatas de la vida –todos, de la A a la Z- fluyeron en masa a la abigarrada oficina del gran –¡el único!- Partido. También, por no decir en primer lugar, estuvieron los presidentes y expresidentes, vicepresidentes y exvicepresidentes, gerentes y exgerentes, de los gremios y exgremios, de los colegios profesionales, los representantes de la iglesia, los rectores de las universidades y los presidentes de otras sociedades secretas. Muchos consejos constructivos, palmaditas de amigotes, recomendaciones (para uno mismo y para algún pariente, claro) fluyeron, día tras día, hora tras hora. En pocas palabras, era y sigue siendo una procesión conformada por todos los que decían pestes de y pitiaban (casi digo puteaban) irresponsablemente contra Alan. Acudieron y saludaron cortésmente, y conste que no he dicho cortesanamente. Es que los peruanos somos, pues, bien educados y conocemos todas las reglas de ese famoso dedo meñique de la señora Holler.

Pero los amigos son los amigos. Por más que acabo de confirmarlo viendo CNN, estimado Diario, observando a mis amigotes desfilando, aconsejando, ofreciéndose y brindando con (y por) Alan. Siguen siendo, pues, tarde me doy cuenta, unos grandísimos CDSM, acrónimo que no tiene nada que ver con los Compact Discs de Su Majestad. Mañana cumplo 50 años y tendré que soportarlos solo y triste en lo que podría ser el paraíso si estuvieran mis amigotes.

“Carlincaturas”, en: La República, julio 19, 2006.

Ya para terminar, no sé porqué he retrocedido a mis años mozos, cuando estudiaba sociología en la Católica, que se me ocurrió esta frase absurda de Marx (hasta me había olvidado que era esa terrible época en que militaba en ‘Vanguardia Revolucionaria’): “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre, la Montaña de 1848 a 1851 por la Montaña de 1793 a 1795, el sobrino por el tío. ¡Y a la misma caricatura en las circunstancias que acompañan a la segunda edición del Dieciocho Brumario!”. Y, a lo que por supuesto no se podría añadir, García II por García I.

La primera edición de este texto apareció en la revista Die Revolution, Nueva York, EEUU, 1852, con el título "Der Achtzehnte Brumaire des Louis Bonaparte". Escrito entre diciembre de 1851 y marzo de 1852).

Vuestro amigo:

El buen Goyo (Gregorio Pardo y Aliaga)


Nota importante:

Este texto solo puede ser leído por miembros del APRA o de UN; es decir, por todos los que comulgan con mis ideas.