Ha sido una muy grata noticia que el gobierno haya llegado a una sensata negociación con los empresarios mineros en torno a sus ‘aportes voluntarios’ para la lucha contra la pobreza. Lo que debió ser un impuesto a las sobreganancias, dadas las dificultades jurídicas y de tiempo-costo que habría contraído establecerlo, se ha convertido en un ‘tributo implícito’ por las ganancias extraordinarias que vienen obteniendo las mineras como consecuencia de la temporal bonanza internacional de sus precios. Dedicaremos unas líneas a este complicado tema, que incluso viene confundiendo a muchos políticos, economistas y periodistas generalmente bien informados, al margen del intimismo con que se ha llevado a cabo la negociación.
Lo primero que muchos no llegan a entender es lo que se entiende por ‘ganancias extraordinarias’ y porqué el aporte solo lo tendrían que pagarlo las empresas mineras, por lo que conviene diferenciar entre los diversos tipos de ‘sobreganancias’. Una variedad proviene del lado de la oferta, la que resulta de sustanciales aumentos de la productividad que reducen los costos, dando lugar a utilidades excepcionales bien merecidas, gracias al ingenio empresarial. Otra modalidad deriva de aumentos en los precios, por la acelerada expansión de la demanda por una determinada mercancía, debido a aumentos en el ingreso de la población u otros factores, en cuyo caso también es sensato que el empresario se embolsique toda la sobreganancia.
Pero hay un tercer caso, el que nos interesa aquí, en que también aumentan los precios por la expansión de la demanda y/o la restricción de la oferta, pero en que se trata de mercancías que son recursos naturales no renovables, con renta diferencial y que son propiedad de la Nación. En este caso, la lluvia de maná debe compartirse entre las empresas que explotan ese ‘capital natural’ con la ciudadanía, lo que no afecta la ganancia ‘normal’ de las gallinas de los huevos de oro. De donde se tiene que sería absurdo quererle cobrar este aporte a los bienes y servicios que tienen algún otro tipo de ganancias excepcionales, tales como las que obtienen exitosos abogados, acróbatas, agricultores, anticuarios, anticucheras, apicultores, asaltantes, artistas y demás aes, hasta llegar a las zetas. No se trata, pues, de una ‘colecta nacional’.
Como es sabido, entre gallos y medianoche, pocas horas antes de la presentación inaugural del Gabinete ante el Congreso, se llegó a clarificar dos puntos esenciales del oscuro acuerdo. Primero: Como lo ha señalado el principal negociador de los mineros, se aplicará una tasa del 3,75% sobre las utilidades netas de las empresas, básicamente de las grandes (aquellas que explotan más de US$ 120 millones anuales de mineral). Segundo: Las mineras que pagan regalías (entre las que solo se encuentran dos grandes) aportarán solo la parte que rebasa a esa cifra y nunca más del 3% de sus ganancias. De ambos se desprende que serían 2.500 millones de soles los que aportaría una treintena de empresas mineras durante el quinquenio entrante, pagaderos en partes iguales. De esta manera, el primer día laborable del próximo año los mineros cancelarían 500’ de soles, lo que –por simple regla de tres- nos llevaría a concluir que –ceteris paribus- este año las ganancias netas del ramo serían de 13.333 millones de soles o US$ 4.100 millones para este año. Después del aporte, las espectaculares ganancias netas (US$ 3.946’) sobre las ventas (cerca de US$ 12.500 millones) caerían apenas, de 32,8% a 31,6%; cifras impresionantes, que por lo demás están subvaluadas ya que hemos considerado todas las exportaciones mineras.
Pero como Mefisto acostumbra guarecerse en los pliegues de las minas, son muchos aspectos esenciales los que se disiparon en la neblina limeña de estos días o que sencillamente son conceptualmente erróneos, seguramente por la excesiva buena voluntad del gobierno, más que por el apuro por dar a conocer este ‘plato fuerte’ en el Parlamento. Un primer error, el más garrafal, consiste en el acuerdo de cobrar una tasa fija del 3,75% sobre todas las ganancias netas, cuando el aporte-impuesto debió aplicarse solo a las ‘sobreganancias’, las que pueden calcularse en base a diversos métodos bien conocidos. Segundo: como consecuencia de lo anterior, los negociadores del gobierno entraron en trompo, porque obviamente los que pagan regalías se quejaron, con lo que les dieron el inmerecido descuento mencionado. Es decir, se confundió el origen de los conceptos de ‘regalía’ y ‘sobreganancia’, que son absolutamente independientes entre sí; porque, como es sabido, el primero se paga como contraprestación por la explotación de un recurso natural no renovable y el segundo por razones coyunturales de bonanza externa de esos derivados de nuestro capital natural. Luego: ¿por qué habría que darle una rebajita a los que pagan regalías? Si de equidad se tratara, a todas las mineras se les obligaría a pagar regalías; con todo derecho además, si en este país se respetaran las decisiones del Tribunal Constitucional, a no ser que se siga insistiendo que las regalías son un impuesto o que son un atropello a ese cajón de sastre que es la ‘estabilidad administrativa’. Todo lo que podría conducir a la sospecha de que el gobierno ‘negoció’ el aporte a cambio de dejar de ‘molestar’ a las empresas que no pagan regalías.
Tercero: con toda tranquilidad el premier anunció que las mineras pagarán 2.500 millones de soles en el quinquenio. Cabría preguntarse si posee una bola de cristal que tiene el don de trazar con milimétrica precisión los precios de las materias primas del mercado mundial y las ganancias de las empresas por un tiempo tan prolongado. Encima, también los mineros parecen tener una copia de esa milagrosa bola, ya que le han prometido al gobierno que invertirán US$ 10.000 millones en ese lapso, independientemente de sus keynesianos animal spirits. Cuarto: como para tapar el faux pas de antemano, el ministro del ramo ha señalado que si los precios bajan eso “será materia de conversación”. Quinto: Lo antedicho significa que cada año habrán nuevas negociaciones, interminables arreglos y engorrosos ajustes, para intranquilidad no solo de los mineros, sino muy particularmente para los beneficiarios de los aportes. Sexto: A pesar de que se dice que la contribución se estableció sobre las ganancias netas, a renglón seguido se señala que no están claras “las condiciones por las cuales el aporte desaparecería, como podría suceder en caso de una reducción brusca en los precios de los metales”. De manera que aquí se vuelve a filtrar una confusión, delatando que los propios negociadores –a pesar de siete semanas de diálogo- no tienen claro si el aporte por sobreganancias se determina en función a las utilidades o a un precio base real encima del cual se pagaría. A falta de espacio y de información más precisa, próximamente tendremos la oportunidad de comentar otros aspectos, cuando se aclaren los detalles que conoceremos cuando el gobierno firme el acuerdo-marco con las mineras y, sobre todo, a no ser que se mantengan en secreto, cuando se divulguen los compromisos que asumirá cada una de las empresas contribuyentes del sector.
Versión resumida: "Los aportes extraordinarios de la minería", en Gestión, setiembre 1, 2006; p. 14.