jueves, agosto 23, 2007

En la Selva no hay Estrellas

«En la selva no hay estrellas» es el título que diera Armando Robles Godoy a uno de sus cuentos que, hace exactamente cuarenta años, lo llevaría a realizar uno de los mejores y más innovadores largometrajes peruanos. Es la historia de un personaje ambicioso que roba el oro de una etnia de nuestra selva y se pierde en su intento por llegar nuevamente a la civilización. Camina durante días y días (recordando su infancia, amores y demás) hasta que vuelve al punto de partida. La frondosidad de los árboles amazónicos le impiden guiarse por las estrellas y finalmente muere ahogado, bien agarrado al bolsón hurtado.

Algo parecido le sucede desde hace año y medio a la mayoría de los banqueros, calificadores de riesgo y fondistas de inversión. En la tupida arboleda de la globalización financiera y en la desesperación de sus gestores por gozar del botín de las altas rentabilidades de las bolsas, la venta de viviendas y otras inversiones -cuando menos desde que acabó la recesión del año 2001- saltaron con optimismo de liana en liana para alcanzar el cielo. No se dieron cuenta de que estaban dando vueltas sin orientación alguna, a pesar de las advertencias, rayos y truenos incluidos, de un solitario Nouriel Roubini -profesor de la Universidad de Nueva York- de cuyos pronósticos económicos pesimistas se burlaban hasta hace poco todos los gurús que pensaban salir indemnes de la tormenta.

Y no es para menos, porque a falta de estrellas-guía se fueron perdiendo cada vez más en las oscuridades y peligros del bosque. Hay formas de salir, pero requieren un profundo conocimiento de causa y valentía. Tal como lo hiciera en 1971 Juliane Koepcke, aquella chiquilla de 17 años que -regresando de Lima a Pucallpa el 24 de diciembre para festejar la navidad con su padre biólogo- logró volver a la vida después de que su avión (cuya compañía desplegaba el tragicómico eslogan "Solo con LANSA el Perú avanza") fuera derribado por un rayo en plena selva. En el accidente fallecieron 91 personas, entre ellas su propia madre, ornitóloga cuya memoria se mantiene viva, no sólo entre sus familiares sino incluso por los tres pájaros que descubrió en la Amazonia y llevan su nombre. Juliane no necesitó de las estrellas para guiarse, ni de conservas para sobrevivir. Durante doce días siguió los hilos acuáticos, los riachuelos y arroyos, alimentándose de insectos, ranas y raíces, gracias a que su padre le había enseñado las diferencias entre las variedades comestibles y las venenosas. Lo que al final, tras construirse una pequeña balsa de maderos, le permitió llegar al Pachitea y al Ucayali, ese gran afluente del Amazonas.

Roubini ha transitado por el bosque económico como Juliane, alertando sobre las inminentes amenazas de inflación y recesión en los EEUU. Desde principios del año pasado venía argumentando sus sospechas: que el precio del petróleo seguiría subiendo y podría alcanzar los 80 dólares; que se estaba produciendo una crisis en la construcción de viviendas y que la burbuja hipotecaria iba a estallar; que la inflación estaba bajo amenaza y que las subidas de la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal (que llegó a 5,5% hasta hace poco) afectarían negativamente a la economía con un retraso de 6 a 9 meses, todo lo que desafortunadamente se ha cumplido en gran parte, como lo confirman la tremenda volatilidad de los mercados, la caída de las bolsas de valores, la fluctuación de los precios de las materias primas, la necesidad de los bancos centrales de la UE y de EEUU de inyectar sumas multimillonarias, etc.

Y es que, en efecto, comparando el crecimiento anual del segundo trimestre del año pasado con el del presente año, la evidencia es nítida: La inversión bruta privada se desaceleró de 2,5% a 0,3%; la inversión residencial apenas pasó de un aumento del 1,6% (en 2005 había sido del 8%) a un pálido 0,6%; la fundamental inversión bruta fija no residencial descendió de un crecimiento del 2,8% al 0,3%; y el consumo duradero cayó aún más, de -0,7% a -1,4%. A ello se añade que en el segundo trimestre de este año, el desempleo aumentó hasta el 4,6% de la fuerza laboral, la construcción de casas cayó un 17% y la cantidad de viviendas que terminaron de construirse descendió un 28%. Además, el servicio de la deuda de las familias se encuentra en el 14,5% y sus obligaciones financieras llegan al 19% del ingreso personal disponible.

Por tanto barullo mercantil y por las complicaciones que implica esta 'globalización fracturada' (Francisco Sagasti), hemos perdido de vista las estrellas que permitirían orientarnos en el caos aparente de fusiones, adquisiciones, derivados, derivados de los derivados, carry trade, bonos basura, titulizaciones, hipotecas subprime, fondos mutuos, fondos sin fondos, etc. Sacándonos de encima esas lianas y ramas selváticas, es evidente que EEUU ha vivido una especie de carnaval durante los años que siguieron a la recesión del 2001, generando gigantescos desequilibrios económico-financieros. Como es sabido, el irresponsable déficit fiscal es consecuencia del colosal gasto en armamento y de la reducción tributaria que benefició a los estratos de ingresos altos. Por otro lado, EEUU ha vivido alegremente del ahorro externo, sobre todo a partir del año 2002, momento a partir del cual los déficit externos rebasaron el 4% del Producto Interno Bruto (PIB): 4,5% en 2003; 5,2% en 2004; 5,8% en 2005 y 2006; y (con optimismo) un 5,3% en el año 2007, ya que el valor nominal del déficit externo en cuenta corriente del primer semestre de este año respecto al mismo periodo del año pasado se ha reducido en un 7,7%, de 382.300 millones de dólares a 352.800 (tres y veces y media el PIB del Perú), gracias al aumento de las exportaciones de bienes y servicios (11%) y al hecho de que las importaciones sólo se expandieron un 4,4%. Lo que indica que en el imperio se ha vivido bastante más allá de las posibilidades reales de su economía.

Financiados por el ahorro del resto del mundo, especialmente por la acumulación de bonos del Tesoro, no parecen vislumbrarse mayores peligros para la economía estadounidense... por lo menos hasta que -espada de Damocles que pende sobre EEUU- los bancos centrales no se decidan a reestructurar sus portafolios de activos de la zona-dólar a la del euro, sobre todo si lo hicieran China o los países exportadores de petróleo.

Si bien es cierto que esos dos fenómenos y el sobreendeudamiento extremo de Gobierno y familias estadounidenses son elementos fundamentales para entender el proceso (véanse los detalles en el texto «El país de las burbujas» de Alberto Graña, en la revista Actualidad Económica del Perú), creemos que la causa última de la turbulencia financiera -que sólo es el detonante de un proceso más profundo- estriba en la culminación de la fase ascendente o 'A' de la onda larga de Kondratieff (esos ciclos que duran alrededor de 50 años), durante la cual se aprovechó muy bien -durante las dos últimas décadas- la revolución tecnológica basada en la microelectrónica y las telecomunicaciones, así como en la biotecnología y los nuevos materiales.

Desde hace un año, sin embargo, como consecuencia de la fenomenal sobreinversión acumulada, se han ido esfumando los 'espíritus animales' (Keynes) de los empresarios. Esto se ha reflejado en el estancamiento e, incluso, en el descenso de la productividad y de las tasas de ganancia de los sectores que fueran los más dinámicos de las economías desarrolladas. Pierden así competitividad a escala mundial, lo que también permite entender por qué el capital financiero-especulativo ha estado desempeñando recientemente un papel protagonista frente al capital propiamente productivo. Es decir, hemos pasado ya a la etapa 'B' o descendente de la onda larga: la turbulencia económica y financiera nos acompañará en lo que resta de década y estaría caracterizada por devaluaciones competitivas, amenazas político-económicas entre los grandes, guerras de precios con los pequeños y, sobre todo, proteccionismos selectivos, tanto de tipo para-arancelario respecto a los bienes y servicios que les exportamos, como del tipo -nefasto e ingenuo a la vez- que construye muros para evitar la globalización de la fuerza laboral. Si no reconocemos el infernal proceso de la economía real seguiremos con la intención de resolver la crisis financiera como si fuera una de liquidez, cuando es de solvencia. Y no habrá quién pueda escapar indemne de la selva tras el (casi) inevitable aterrizaje forzoso.

Fuente: La Insignia, agosto 24, 2007 (www.lainsignia.org/2007/agosto/econ_009.htm).


jueves, agosto 02, 2007

El Primer Año del Segundo Alan García

(El presente texto es una versión recortada del que sigue, titulado 'Bonanza Macroeconómica y Crisis Distributiva')

Al contrario de lo que opinan pertinaces críticos del gobierno, creemos que el presidente García ha sido absolutamente consistente con el objetivo principal que le propuso a la nación en su primer Mensaje: "Nuestra meta es lograr que nuestro país tenga el nivel del grado de inversión". A primera vista esta afirmación no tiene mayor relevancia y, probablemente, ha pasado completamente desapercibida. En la práctica, sin embargo, ese código jeroglífico nos da la pauta fundamental para entender y evaluar su gestión, que consiste en satisfacer las demandas de los electores externos: las corporaciones transnacionales, la banca de inversión, el gobierno de EEUU y los organismos financieros internacionales. Estos no necesitan movilizarse para que se satisfagan sus demandas y tienen el privilegio de votar cada semana y hasta cada día en las urnas globales dispuestas por las calificadoras de riesgo. En tal sentido, al Dr. García ahora ya no le quitan el sueño las encuestas nacionales de opinión ('a las que siempre he ganado'), sino únicamente aquellas que plasman los votantes globales en el denominado 'riesgo país'. Y debemos reconocerle lealmente que, en su primer año, no solo ha avanzado adecuadamente en esa dirección, sino que incluso ha ido bastante más allá de lo que su público-objetivo esperaba.

El crecimiento económico ha aumentado sostenidamente desde el año 2002 y ahora viene promediando un 7-8% anual, la inflación apenas llega al 2% y el desempleo solo es del 5% a nivel nacional (considerando que el desempleo rural es prácticamente nulo). Las tradicionalmente deficitarias cuentas fiscal y de balanza comercial están en azul, la primera rebasa el 2% y la segunda está cerca al 7% del PIB, con lo que el Banco Central ha logrado acumular un impresionante colchón de reservas internacionales netas por 22.000 millones de dólares. Poco a poco el boom primario-exportador se ha ido extendiendo hacia dentro, a juzgar por el acelerado crecimiento de los sectores construcción (14%), comercial (10%) y manufacturero (9%) en lo que va de este año. Gracias a esas tendencias, que venían impulsadas por los favorables vientos de la economía mundial y al hecho de que García dejó de cumplir sus principales promesas progresistas de campaña, el 'riesgo país' se ubica en un nivel sin precedentes, levemente por encima de los 100 puntos base, lo que nos acerca cada vez más al ansiado 'grado de inversión'.

Inesperadamente, sin embargo, el gobierno acaba de celebrar su primer año de gestión en el marco de un descontento generalizado y una turbulencia social cuya contundencia no contemplábamos desde treinta años atrás. Las causas de esta paradoja pueden derivarse directamente de las equivocadas premisas de las que partió el gobierno cuando pensaba que el boyante contexto económico le iba a permitir gobernar sin mayores sobresaltos.

Para comenzar, aunque sabía que la 'luna de miel' no le iría a durar mucho, supuso -como el gobierno anterior- que el elevado crecimiento económico chorrearía lo suficientemente hacia todos los estratos sociales y regiones geográficas del país como para morigerar en algo el malestar generalizado. En la práctica, sin embargo, los frutos del crecimiento engrosaron las utilidades más que las remuneraciones, los sueldos más que los salarios, las zonas urbanas más que las rurales y la costa más que la sierra y selva. Consecuentemente, los aumentos acelerados de los ingresos fueron a parar principalmente a manos de los estratos altos de ingreso, los que de por sí poseen la mayor cantidad de activos. Paralelamente, reforzando el proceso anterior, las políticas sociales y el 'shock de inversiones', que irían a potenciarse entre sí para suavizar la insatisfacción heredada del gobierno anterior, a pesar de disponer multimillonarias sumas del canon y las regalías, tampoco llegaron a destino, a falta de la prometida reforma del Estado.

De forma optimista se creía que desactivando los paros y movilizaciones, inicialmente muy focalizadas, con promesas y dádivas -que el premier manejó con criolla sofisticación- se podía contener la efervescencia reinante. Pero no se contó que de esos casos exitosos de demandas satisfechas por parte del gobierno, otras localidades y grupos sociales reaprendieran el ancestral principio de "el que no llora, no mama", con lo que se desataron movilizaciones y paralizaciones en diversas zonas del país para que se atiendan sus largamente contenidas demandas. Los únicos que durante este primer año de gobierno no necesitaron derramar lágrimas para que se respeten sus supuestos derechos fueron las principales fracciones del capital: los acreedores externos, a quienes hasta se le adelantaron pagos millonarios; los grandes exportadores nacionales para quienes la aprobación del TLC con EEUU pasó del 'sí o sí' de Toledo al 'como sea' ahora, reprimendas y enmiendas de por medio exigidas por el partido demócrata; y los inversionistas extranjeros, a quienes se les respeta caballerosamente la estabilidad tributaria, cuando se les debería cobrar regalías a todos y, a falta de una reforma tributaria integral, impuestos a las sobreganancias y a las utilidades financieras. Una vez más, el 'grado de inversión' pesa más que el 'grado de inclusión' social.

Asimismo, el gobierno abrigaba la esperanza de que el proceso de regionalización iba a liberarlo de una serie de problemas conflictivos, transfiriéndoselos a lo gobiernos regionales, lo que contribuiría a moderar las movilizaciones. Contrariamente a lo esperado, aparte de que el partido de gobierno perdió las elecciones de noviembre pasado en prácticamente todas las regiones, es desde ahí que finalmente explotaron las paralizaciones y que amenazan hacerlo con aún mayor intensidad en el futuro, especialmente por la falta de apoyo que brindó al proceso el gobierno y, más recientemente, por la política confrontacional que viene preparando, especialmente aquella dirigida contra los justificadamente levantiscos o los obligadamente oportunistas presidentes regionales.

También se confió, con buena justificación, en la debilidad de los partidos políticos de oposición, que -aparte de su ineptitud natural- el propio gobierno logró desprestigiar y hasta a cooptar casi plenamente, nombrando incluso a miembros prominentes de sus filas -especialmente de aquellos que votaron por él 'tapándose las narices' (MVLL dixit)- para los cargos políticos más decisivos en el Ejecutivo y el Banco Central. Pero, que se haya desplomado la oposición política más radical, que alcanzó un significativo 47% en la segunda vuelta, no quiere decir que sus bases de apoyo hayan desaparecido.

De ahí que no se haya contado con un proceso decisivo para entender la contundencia de las movilizaciones, que consistió en la reconstitución paulatina de las federaciones de trabajadores, de los gremios agrarios y de los movimientos regionales a lo largo del último lustro. Cual Ave Fénix, especialmente en el transcurso del mes pasado, han renacido abruptamente e irrumpido inesperadamente en la escena política a escala nacional las aún precariamente reconstituidas organizaciones de trabajadores y maestros del país, acompañadas en sus movilizaciones y paros reivindicativos por otros variopintos segmentos de corte local-regional y sectorial, especialmente de la minería, el agro y la construcción. A esas fuerzas se unieron, aún tímidamente, las descontentas bases -sobre todo regionales- del propio partido aprista, tanto por haber sido descolgados del proyecto, como por haberse botado al tacho los lemas anti-imperialistas y la Constitución de 1979, tan caros a Haya de la Torre. A lo que se añade que, en esta oportunidad, al presidente tampoco le están sirviendo su excepcionales dotes oratorias y olfato político, como se puede comprobar por su precario nivel de aceptación del 32%, habiendo partido con un sorprendente 64%.

Finalmente, el gobierno subestimó los elevados niveles de malestar subjetivo que se fueron acumulando, no solo en este primer año de gestión, sino desde tiempos anteriores. Actuaron en tal sentido una serie de complejos fenómenos psicosociales, cuando el gobierno creía que iría a operar sobre tabula rasa, como si los estados de ánimo, de tedio y de fastidio heredados se hubiesen borrado desde el mismo instante en que asumió el poder. En primer lugar, como se desprende de las encuestas de opinión, ha ido aumentando la frustración por la creciente brecha entre lo que esperaban las familias en relación a su situación económica y sus logros efectivos. En segunda instancia, las aspiraciones de la población han ido expandiéndose a elevados ritmos, siempre mayores a los incrementos de sus ingresos. Tercero: inesperadamente culminó el 'efecto túnel' (Albert Hirschman), consistente en el hecho de que amplios segmentos de la población observaron pacientemente cómo se incrementaba el nivel de vida de otros desde el año 2002, lo que les generaba esperanzas de avanzar prontamente en medio de la desigualdad (el efecto de 'tolerancia hacia la desigualdad' de Adolfo Figueroa), expectativa que desafortunadamente no se llegó a cumplir. Por lo que el proceso se materializó en la desesperanza personal-familiar primero y en las movilizaciones sociales después, alimentadas además por el coincidente alza de los sensibles precios del pan, el pollo y los combustibles. Téngase presente que antes que aquellas se desataran, en junio de este año solo un 17% de la población consideraba que se encontraba 'mejor' que hace doce meses, mientras que un mayoritario 55% decía estar 'igual' y un 28% 'peor', según las encuestas de Ipsos Apoyo, sólo en Lima Metropolitana. Si, encima, a la población se le ha venido repitiendo a diario el tremendo crecimiento económico del país, el record mundial de rendimiento que había logrado la Bolsa de Valores de Lima, las extraordinarias ganancias que obtuvieron las principales empresas y los impresionantes sueldos de los gerentes generales, ¿qué puede esperarse ante ese estancamiento del nivel de vida de la gran mayoría?

En presencia de esas pésimas condiciones de vida, a diferencia de los 'electores externos' que votan con el monedero, en esta democracia delegativa los ciudadanos peruanos descontentos solo pueden votar con los pies, por lo que las marchas en el país han sido y seguirán siendo masivas, tanto las que se dan hacia dentro en forma abiertamente bulliciosa o las que son más silenciosas (delincuencia, mendicidad, narcotráfico), como aquellas otras marchas obligadas y sigilosas al exterior, que en lo que va del presente año hasta mayo ascendieron a 164.500 emigrados, con lo que en 2007 -de seguir la misma tendencia- se marcharían 395.000, un 17% más que el 2006. Es un pobre consuelo que contribuyan con remisiones que rebasan los 1.800 millones de dólares al año.

Para terminar, una vez más desde hace una década, el gobierno le pide tregua y paciencia al pueblo. Lo que significa que durante estos primeros tres años piensa seguir gobernando para los electores externos, en la esperanza de reivindicarse con los libros de historia y en la expectativa de que la bonanza que traerán sus inversiones-exportaciones-empleos le permitirán festejar carnavales con los ciudadanos domésticos durante el bienio final de este lustro de 'cambio responsable', que en la práctica es un continuismo irresponsable.

Fuente: La Insignia, agosto 2, 2007 (www.lainsignia.org/2007/agosto/econ_003.htm).