viernes, septiembre 07, 2007

EEUU: Cuando el Viagra es Inútil

Desde el año pasado la economía norteamericana sufre una notoria disfunción eréctil, en el sentido que su aparato productivo y de reproducción del capital no logra –usando la definición de la Real Academia- “levantarse, enderezarse o ponerse rígido”. En efecto, aunque aún en forma leve, ha venido cayéndose, encorvándose y ablandándose paulatinamente desde el año pasado, opinión que vienen compartiendo los expertos internacionales en la materia, quienes hasta hace poco ridiculizaban a quienes venían pronosticando una recesión desde hace buen tiempo. Sin embargo, de acuerdo a esos especialistas el problema sería estrictamente financiero, más que uno que está enraizado en los ‘fundamentos’ macroeconómicos, institucionales y tecnológicos del imperio. Lo que creen poder ‘demostrar’ fácilmente señalando una serie de procesos interconectados que están a la vista de todos y que permitirían explicar aparentemente el trasfondo de la turbulencia: la morosidad de los deudores en general y de los de créditos para vivienda en particular, la caída tendencial y la volatilidad de la Bolsa en Wall Street, el desplome de la demanda y de los precios de las casas, la devaluación creciente del dólar, la pérdida de confianza del consumidor y la compresión de la liquidez bancaria. Sin embargo, no por ser tan llamativos, estos procesos son la causa de la crisis subyacente que, por lo demás, no solo es coyuntural ni está limitada a los EEUU.

Para resolver el problema, la Reserva Federal (FED) considera que podrá afrontar exitosamente el problema, como lo hiciera para acabar con la última recesión, que se prolongó de marzo a noviembre de 2001, derivada del estallido de la ‘burbuja del Internet’ y demás innovaciones que se habían explayado desde los años ochenta y que permitió un crecimiento económico fulminante. Ese evento de flacidez señalizó el fin de la revolución tecnológica que se había sustentado en las ganancias que ofrecían las inversiones en la microelectrónica y las telecomunicaciones, en la biotecnología y los nuevos materiales. En aquella oportunidad aplicaron políticas monetarias (y fiscales) expansivas muy agresivas, a tal grado que la Reserva Federal redujo la tasa de interés referencial (interbancaria) del 6,5% al 1% en pocos años (tan solo en 2001 la redujo once veces, pasando de 6,5% a 1,75%). Gracias a esa milagrosa pócima macrofinanciera de Viagra, la aparente impotencia de la economía desapareció, creciendo a tasas muy elevadas hasta el año pasado. Para lo que se sustentó fundamentalmente en el consumo y la inversión que se concentraron en el muy rentable sector de la construcción y su entorno real y financiero, dado que las utilidades en los sectores de servicios y manufactura se habían venido debilitando. Tuvieron suerte que hubiese ese espacio para hacer ganancias y así, como consecuencia de los exageradamente optimistas ‘espíritus animales’ de los empresarios, se dio un proceso impresionante de sobreinversión. Este ha dado lugar a la ‘burbuja hipotecaria’ que ha estallado hace poco y viene castigando duramente a las capas medias y, sobre todo, a los más pobres, a quienes se les había extendido créditos sin mayor base y que se denominan ‘subprime’ o, más precisamente, ‘NINJA’ (‘No Income, No Job or Assets’), es decir aquellos que se le otorgaban irresponsablemente a quienes no tenían ingresos, ni trabajo, ni activos.

En su desesperación por la debacle financiera actual, el 17 de agosto pasado el Banco Central (FED) redujo la tasa de descuento (a la que presta al sistema financiero) en medio punto (de 6.25% a 5,75%), otorgándoseles además un plazo mayor de repago (30 días) que el usual. Lo que disparó los préstamos diarios de la FED de un promedio de US$ 300 millones durante los últimos años, a US$ 1.600’ en los últimos días; que no es otra cosa que una llanta-salvavidas que se lanzó al sector financiero para que no se ahogue y para evitar el contagio al resto de la economía doméstica y a la mayoría del globo. Todavía hace tres semanas el presidente del FED estimaba que el mayor peligro era la inflación, por lo que no se expandiría el crédito, pero desde el fin de la semana pasada –luego de la reunión de expertos en Wyoming- volteó abrupta y casi exclusivamente su atención a la recesión potencial. Lo que significa que habrá reducciones adicionales de la tasa de descuento y, por supuesto también, de la tasa de los fondos federales, lo que se decidirá este 18 de setiembre en que se reúne el Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC). Esta última seguramente se reducirá cuidadosamente en un cuarto de punto y en seguidillas mes a mes, por más que connotados economistas como Martín Feldstein han propuesto reducirla muy radicalmente en un punto porcentual. El problema es que esta vez esa receta del macro-viagra no habrá de funcionar, ya que las inversiones aparentemente no tienen adonde ir en presencia de las reducidas rentabilidades de los sectores reales. Agotado el macro-viagra, “el maletín de trucos macroeconómicos se ha quedado vacío”, como bien lo ha dicho Bradford de Long.

De manera que parece que le ha llegado la hora de la verdad a EEUU. El carnaval que han festejado sus ciudadanos durante los últimos quinquenios ha terminado y no hay pócima que les permita seguir creciendo. Como en la más común de las deficiencias eréctiles, la falta de testosterona de los empresarios y la calcificación de las arterias de la estructura económica es lo que está a la base de la crisis norteamericana. El auge previo y sin precedentes –desde 1991 a 2001 sin una sola recesión- agotó la revolución tecnológica a que aludiéramos. Debido a la sobreinversión en estos sectores y los ligados a ellos, atada a una reducción del ahorro doméstico (familiar y gubernamental), todo el proceso de crecimiento fue financiado con ahorro externo masivo, agravado exponencialmente desde el 2002 y que el año pasado llegara a la asombrosa cifra de 811.500 miles de millones (6,2% del PIB).

Lo que significa que, en ausencia de factores reales que puedan impulsar los espíritus animales, tendrán que arreglar sus irresponsables déficit fiscal y externo, mientras madure una nueva revolución tecnológica que les permite volver a alzar vuelo. Lo que por supuesto no parecen querer afrontar. De una parte, porque ya comenzó el ‘ciclo político de la economía’ con la mira puesta en las elecciones presidenciales y congresales del próximo año, ya que el actual Bush bien recuerda que su padre perdió las elecciones de 1992 por la recesión de julio 1990 a marzo 1991, dejándole el mando a Clinton, quien por ello exclamara contento el célebre: “It’s the economy, stupid”. De otra parte, indirectamente, por las agresivas actitudes que vienen mostrando los grupos de presión norteamericanos –congresistas, lobbies, gremios empresariales y sindicatos- frente al resto del mundo y que son otra muestra de senectud: creciente tendencia al proteccionismo, ya no solo a través de cuotas o barreras para-arancelarias; ingenua construcción de muros kilométricos para que nadie entre por la frontera sur; invención de enemigos inexistentes para promover lucrativas guerritas por aquí y allá; incapacidad para poner de rodillas a China para que revalúe el yuan (como lo lograran con Japón en 1985, gracias al Acuerdo del Plaza); incapacidad para revertir la dependencia energética; etcétera. Todo lo que es un indicador que están recurriendo a las más exóticas pócimas de los curanderos, cuando bien deberíamos saber que, por más que ingieran yohimbina o la “mosca española”, ese julepe de escarabajos secos que tanta fama afrodisíaca tiene, finalmente tendrán que afrontar las consecuencias de sus imprudencias, las que de por sí habían logrado extender más allá de lo imaginable y que si lo siguen haciendo –aún sin viagra de por medio- el infarto o ‘hard landing’ que ocasionarán será aún más devastador. La secuela de ese tsunami en nuestras latitudes es evidente, por más que estemos acolchonados con una montaña de reservas internacionales netas y por ‘fundamentos macroeconómicos’ sólidos.

Fuente: La Insignia y La República.