jueves, julio 17, 2008

Aprobación Presidencial y Bienestar Subjetivo: Lima, 2006-2008

De la observación del gráfico adjunto se desprende que existe una relación muy estrecha entre la aprobación presidencial y el bienestar económico subjetivo de las familias limeñas. Antes de establecer tal comparación y la posible dirección de causalidad, veamos la evolución de cada una de estas variables por separado, según las encuestas de opinión.

De una parte, durante estos dos primeros largos años del presente régimen, en Lima Metropolitana la aprobación presidencial (APR) alcanzó un promedio de 45,6% (setiembre 2006 a julio 2008), según datos del Instituto de Opinión Pública de la PUCP. Sin embargo, es posible distinguir tres fases relativamente bien marcadas (ver gráfico adjunto: líneas azules). Una primera, durante la luna de miel de los primeros siete meses, el porcentaje de simpatizantes del presidente se elevó paulatinamente desde setiembre 2006 (56% de aprobación) hasta marzo de 2007, en que alcanzó su máximo (64%). La segunda, en que se observa una caída abrupta durante los siguientes 7 meses, en que se desploma aceleradamente del 64% al 30% en que aterriza en su punto mínimo en octubre 2007. Y, la última, a lo largo de los últimos 9 meses se da un leve sube-baja entre 30 y 40%, de noviembre 2007 a junio 2008 (promedio: 36,3%), llegando a un precario 31% en la última encuesta del presente mes de julio.

Comprensiblemente el desgaste de la imagen del mandatario preocupa, tanto por la turbulencia mundial que ya viene afectando al país, como por las pésimas condiciones de trabajo y las crecientes tasas de inflación, que reducirán los ingresos reales y elevarán la de por sí alta tasa de pobreza del 39,5%. Y los meses que vienen no son muy esperanzadores, como consecuencia de los peligrosos desequilibrios que se están gestando por el lado de la brecha externa y que seguramente conducirán a ajustes dolorosos, porque se considera que la demanda interna viene creciendo exageradamente (10% vis a vis el PBI potencial que lo estaría haciendo al 7,5%). De la encuesta del IOP se pueden colegir los principales motivos de la actual desaprobación del presidente, en la que 25% de los encuestados dice que es por la inflación y un 12% porque el presidente no cumple con sus promesas [1].

De otra parte, el índice de bienestar económico subjetivo (IBS) se ha calculado en base a datos recogidos por Apoyo-Ipsos. Nos basaremos en los resultados que se obtienen a la siguiente pregunta que le plantean a las familias: “¿Cuál es su situación económica actual respecto a hace doce meses?”. A partir de las respuestas hemos elaborado un Índice que es un ponderado que le da 3 puntos a quienes afirman que su situación es ‘Mucho mejor/mejor”, 2 puntos a los que dicen que es ‘Igual’ que el año pasado y 1 punto a los que sienten que es ‘Peor/Mucho Peor’ (véase la evolución del IBS en el gráfico: líneas negras).

Lo que quiere decir que, si el IBS está por debajo de 2 la situación económica ha empeorado en los últimos meses y si está por encima de ese guarismo quiere decir que ha mejorado. El promedio de los últimos 22 meses que tenemos a disposición marcan 1,92, que no es aún una situación pésima como promedio [2]. Hubo épocas peores en el pasado, en que el índice estuvo por debajo de un grotesco 1,6, tales como en los siguientes semestres: 1990-I (1,45); 1998-II (1,58); y 2000-II (1,54) [3].

Ciertamente las diferencias entre los IBS de los cinco estratos de ingreso son abismales a lo largo del periodo de dos años que va de julio 2006 a junio 2008 (nos limitamos a presentar los promedios del periodo): los segmentos A (2,19) y B (2,07), al ubicarse por encima del 2, han mejorado persistentemente; en cambio, C (19,59), D (1,84) [4] y E (1,74) [5] en promedio han dicho que están peor que antes.

Es muy significativo el último dato que poseemos, referido a junio 2008, en que el índice ascendió a 2,24 (cada mes afirmaban estar mejor que el año anterior) para el segmento A y llegó apenas al 1,48 para el E (reflejando que están mucho peor que hace 12 meses). Lo que indica que la brecha de bienestar entre los extremos se va ensanchando. Estos datos reflejan claramente la distribución tan desigual de los frutos de la bonanza macroeconómica entre segmentos sociales. Por más subjetiva que pueda considerarse esa data (al margen de problemas de otra índole que presenta toda encuesta), resulta muy útil para calibrar el ‘estado de ánimo’ de la población, cuando menos respecto a su situación económica familiar.

(Agrande imagen con un click)


Finalmente, comparando ambos indicadores (ver gráfico), el de aprobación presidencial (APR) con el de bienestar subjetivo (IBS), veremos que corren juntos. Aunque no estamos en condiciones de hacer la verificación econométrica, no nos cabe duda que el bienestar subjetivo no solo está correlacionado con la aprobación presidencial, sino que en buena medida la determina, ciertamente entre varios otros factores. Si aquel sube, esta última también lo hace; y a la inversa. Ciertamente se destacan algunas leves excepciones, la más importante de las cuales es que se supone que el encuestado recuerda relativamente bien su situación de un año atrás respecto a la del momento en que es encuestado.

La otra conclusión que se puede extraer de ese diagrama es que el bienestar subjetivo ha disminuido relativamente menos que la aprobación presidencial, especialmente desde octubre del año pasado. Lo que significa que ciertas variables extra-económicas vienen influyendo cada vez más en las simpatías/antipatías que los limeños tienen para con el mandatario y de las que sociólogos, sicólogos y politólogos ya se han ocupado en múltiples oportunidades

[1] Por estratos sociales las respuestas en relación a estos dos rubros son las siguientes. Por la inflación lo desaprueba el 11% de los estratos A/B, 21% del C y 43% del D/E; y porque no cumple con sus promesas: 9% de A/B, 12% del C y 15% del D/E.

[2] Si tomamos todo el periodo para el que poseemos datos (de Apoyo Opinión y Mercado e Ipsos), que es desde febrero 1990 hasta junio 2008, los resultados promedio por estrato resultan así: A (1,86), B (1,79), C (1,75), D (1,66) y E (1,55, aunque en este caso las cifras recién existen desde setiembre de 1999). En países desarrollados los índices rebasan largamente el 2, aunque en general se han mantenido relativamente constantes a lo largo de las últimas dos décadas (Japón y EEUU han visto declinar este IBS, pero aún siguen por encima de ese nivel crítico).

[3] Desafortunadamente no poseemos sino datos muy desperdigados del resto del país urbano, donde el índice ciertamente es muy inferior y que permitiría entender las diferencias entre las ciudades ‘del interior’ y, sobre todo, del grado de frustración de esas poblaciones.

[4] De diciembre 2006 hasta abril 2007 dijeron estar mejor que el año anterior. En todos los demás meses del actual gobierno afirmaron estar peor.

[5] Este es el caso más dramático, porque solo en un mes –en lo que va del presente gobierno- el promedio del estrato señaló que le iba mejor (2,01). En todos los demás meses el promedio de familias consideró que se encontraba en una situación peor que el año anterior.



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Post-data: la encuesta más reciente...


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Fuente: Apoyo-IPSOS, en El Comercio, julio 20, 2008; p. a8 (www.elcomercio.com.pe/EdicionImpresa/pdf/2008/07/20/ecin200708a8.pdf).