martes, mayo 27, 2008

¿Realmente cayó tanto la Pobreza?

No es necesario ser un experto para darse cuenta que la pobreza no puede haber disminuido tanto el año pasado. Pero eso solo nos lo dice el sentido común, la experiencia histórica y los análisis comparativos, por lo que no demuestra nada. En cambio, creemos que sí sería muy sencillo señalarle a los expertos del INEI que sus cifras exageran –quizás solo levemente- la reducción de la pobreza en el país, especialmente de la pobreza urbana total y de la pobreza urbana extrema. Hay que ser muy ingenuo para no darse cuenta de la simplificación (¿truco?) que han utilizado los técnicos para llegar a esos resultados tan optimistas.

Para ello basta una lectura en diagonal del Informe del INEI [1], el que nos da una de las claves para ello. Fíjense en el truculento supuesto que han adoptado para determinar la pobreza urbana (tal como se consigna en las páginas 3, 18 y 26): ¡Todos los ingresos y gastos de las 25 ciudades se han deflactado en base al IPC de Lima Metropolitana! Aunque usted no lo crea.

La falla es evidente, especialmente para el caso de la pobreza total urbana, ya que el IPC de Lima Metropolitana aumentó en 3,9% el año pasado, con lo que resultó ser la inflación más baja de todas las ciudades (véase cuadro adjunto). La inflación ‘nacional’ (urbana) fue de 4,9%, mientras que las de las otras 24 ciudades fue de 5,4% (ver Nota). Lo que significa que, dado que el aumento del IPC de las otras 24 ciudades para las que se tienen datos fueron mucho mayores -en 1,5 puntos porcentuales en promedio- que el de Lima, se puede concluir que ¡el valor de sus gastos e ingresos reales están notoriamente sobrevaluados en las grandes ciudades del país (excepto Lima)! Lo que quiere decir que la reducción de la pobreza total urbana ha sido burda o levemente exagerada [2].

La situación puede ser aún más grave en relación a los cálculos de la disminución de la pobreza extrema en las ciudades, ya que la componente del IPC que más aumentó en las ciudades es la referida a los ‘alimentos y bebidas’. De manera que la pobreza extrema urbana debe haber disminuido aún menos que la pobreza total de las ciudades. Que útil sería que el INEI también publique los índices del IPC de ‘alimentos y bebidas’ (y sus demás componentes) para las principales ciudades del país.

Si todos los expertos de instituciones de enorme prestigio en la materia -que han apoyado al INEI en este empeño- han cometido este error o simplificación elemental (lo que sencillamente no podemos creer), cuántos otros no estarán escondidos por ahí. Lo veremos cuando se disponga de los datos completos de las encuestas, tal como lo ha prometido el INEI.

Por lo pronto, bastará concluir que la notoria reducción de la pobreza durante el año pasado, que todos valoramos, se debió al crecimiento económico, a las políticas sociales, a la emigración masiva al extranjero y... a la magia estadística, por más pequeña que esta sea. La cuestión está en ver la importancia relativa que ha tenido cada una de estas ‘determinantes’ para haber logrado disminuir la pobreza tan espectacularmente.


Dicho sea de paso, el director del INEI ha reconocido públicamente que los datos de inflación de las 24 principales ciudades del país (aparte de Lima Metropolitana) son correctos, de manera que no hay excusa alguna para no haber hecho uso de ellos para deflactar los ingresos/gastos de las zonas urbanas. Nótese que si el INEI hubiese adoptado -lo que probablemente sea el caso, aunque no lo dice explícitamente su Informe- la inflación promedio anual de Lima Metropolitana para deflactar (en vez de la de diciembre/diciembre como hemos supuesto aquí), la discrepancia entre la inflación de Lima y las de las demás ciudades en 2007 sería algo menor (en general, pero no en algunos casos particulares). En cambio, en lo que a los ámbitos rurales se refiere, deflactar gastos e ingresos en base al IPC de Lima-Metropolitana bien puede ser una proxy hasta cierto punto justificable (en especial para el año 2007)... mientras no se disponga de los datos pertinentes.

Fuente: INEI, Indice de Precios al Consumidor a Nivel Nacional, Informe Técnico no. 2, enero 2008 (Cuadro 11).

Nota: sobre la inflación urbana del resto del país (excluída la de Lima-Metropolitana):

0,3*3,93 + 0,7*x = 4,94; es decir, x = 5,37%.

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RECTIFICACIÓN:

Todo lo afirmado en este texto aparentemente es erróneo, ya que -como ha señalado Javier Herrera por intermedio de Pedro Francke- se ha calculado "el reajuste de precios no de los cálculos del IPC del INEI, sino de precios obtenidos de la propia encuesta dividiendo gastos entre cantidades". Además, se utiliza la inflación promedio y no la de diciembre-diciembre.

El error que he cometido probablemente se debe al hecho que en el Informe del INEI se dice que:

a. Para obtener los valores reales han utilizado "el IPC general de Lima Metropolitana" (p. 3). Esto se vuelve a confirmar en el Cuadro 09 (p. 26) en que se indica que los valores del gasto se presentan en soles constantes con Base en el año 2001, a precios de Lima Metropolitana.

Eso significa, entonces, que la institución posee un IPC que publican y otro, bastante más valioso, que no dan a conocer (basado en un mucho más preciso cálculo basado en la división de gastos entre cantidades obtenido de las encuestas de hogares) y que existiría desde 2001.

b. La población de referencia nacional "se construyó a partir de los gastos per cápita deflactados espacialmente (a precios de Lima Metropolitana... sic" (p. 18).

Debe tranquilizarnos entonces, ya que se dice que la inflación de Lima coincide con (o es muy parecida) a la del resto del país.

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AL DÍA SUBSIGUIENTE:

Pedro Francke, mejor informado que nosotros, en su artículo “El Misterio de la Pobreza(mayo 29: http://aeperu.blogspot.com/2008/05/el-misterio-de-la-pobreza.html), da en el clavo:

“Pero el problema mayor para saber si la pobreza bajó o subió entre 2006 y 2007 es saber cuánto aumentó de precio esa canasta, que como ven es bastante misia. El INEI calcula un aumento de sólo 1,5%, que parece un poco bajo a la luz de la inflación en Lima y sobre todo en provincias”.



[1] INEI, La pobreza en el Perú en el año 2007, Informe Técnico, mayo 2008. Ver desde el recuadro “Cifras de Pobreza 2007 “, en: www.inei.gob.pe/

[2] Ojalá algún estudiante se anime a hacer los cálculos de la pobreza urbana total, ajustando ingresos y gastos a la inflación de las principales ciudades, para lo que se poseen los datos relevantes; no así para la pobreza urbana extrema, ya que no disponemos de los datos de ‘alimentos y bebidas’ para las 24 ciudades que sí disponen de cálculos del IPC.

sábado, mayo 10, 2008

"Si Yo Fuera Ben Bernanke"

Fuente: "Si yo fuera Ben Bernanke" (Comentarios de seis economistas latinoamericanos), en América Economía, mayo 7.

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Ya lo dijo alguna vez John Kenneth Galbraith: “Si los economistas tuvieran la razón, todos serían ricos”. Curiosamente, al menos en Latinoamérica, los funcionarios públicos suelen no tenerla y, no obstante, hacerse ricos. Los académicos, por su parte, logran muchas veces acercarse a la verdad. Pero, lejos de volverlos prósperos, su éxito los mantiene pobres porque la verdad tiende a ser una mercadería de gusto amargo que pocos quieren comprar.


Durante décadas, economistas estadounidenses, en su rol de empleados, funcionarios o académicos, han dado muchos consejos a sus pares de la región. Hoy, con la crisis de solvencia bancaria en EE.UU. ralentando el crecimiento global, los alumnos eternos tienen la oportunidad de hacer de profesores, ya que la situación estadounidense posee varios paralelos con las debacles vividas por economías como la mexicana, chilena, argentina y peruana en diversas épocas.

Carlos Massad
Ex presidente del Banco Central, Chile

Enfrentados a una crisis enmarcada en un pésimo panorama macroeconómico, las opciones no son muchas. En la emergencia sólo es posible aplicar soluciones en que la elección no es entre una buena y una mala política, sino que entre malas políticas debe escogerse la menos mala. La solución de una crisis no da opciones indoloras. En la emergencia, lo que han hecho las autoridades de EE. UU. parece razonable, aunque tiende a agravar la presión a la desvalorización del dólar y a su eventual reemplazo por otras monedas en el comercio y las reservas internacionales.

La depreciación del dólar, por lo demás, contribuye a “licuar” la deuda externa actual de EE.UU. Hay que recordar las críticas, muy justificadas, a los procedimientos de licuación de deuda empleados por países emergentes en el pasado. 
Me parece importante que las acciones dirigidas a resolver la crisis 
actual incluyan compromisos claros y creíbles de las autoridades de 
EE. UU. para corregir gradualmente sus déficits fiscal y externo. Y 
me parece de la mayor importancia una revisión y actualización completas de 
las bases legales e institucionales de la regulación en los mercados 
financieros. Mientras tanto, el apoyo a las instituciones financieras y a 
los mercados, criticable en situaciones normales, constituye ahora un mal 
menor. 


Existe la necesidad de fortalecer las instituciones internacionales de modo que sus recomendaciones sean tomadas en serio por todas las partes, especialmente por aquellos que tienen mayor influencia en la economía mundial. Sé que esto es idealismo, pero no tiene que ver con la justicia sino con los equilibrios económicos internacionales.

Jürgen Schuldt
Economista y catedrático de la Universidad del Pacífico, Perú


Es preciso sincerar la economía estadounidense y aplicar las mismas recetas ‘fondomonetaristas’ que se han aplicado a nuestros países, recetas que estuvieron basadas principalmente en el recorte del gasto público y en restrictivas políticas monetarias. 
La abrupta reducción de tres puntos porcentuales de la tasa de interés de la Reserva Federal (de 5,25% a 2,25%) y los US$ 900 millones que han lanzado vía helicóptero al circuito económico para intentar sacar al sistema financiero del pantano (50%), para que sus ciudadanos no reduzcan excesivamente sus gastos (25%) 
y para que puedan salvar sus viviendas en mora (25%), son medidas desesperadas que buscan evitar un aterrizaje forzoso y perpetuar el carnaval de la última década.


Obviamente, la cercanía de las elecciones presidenciales de noviembre juega un papel primordial en este afán populista que prolongará la agonía y llevará a una explosión de la olla de presión en proporciones bastante mayores a las que ahora tenemos por delante.

Rolf Lüders
Economista y ex ministro de Hacienda, Chile

En una economía abierta como la de EE.UU., la baja en los niveles de actividad se puede contrarrestar –suponiendo normalizada la situación financiera– con bastante efectividad con una política monetaria expansiva, que es exactamente lo que ha estado haciendo, muy agresivamente, la Fed. Tanto así, que muy probablemente ello repercuta a mediano plazo en tasas de inflación relativamente elevadas. 


La solución al problema financiero es más compleja. EE.UU. debe “re-escribir” los balances de las personas y empresas, para restituir niveles normales de endeudamiento. En ese sentido, la situación no es muy distinta de la de Chile en 1982. La solución más obvia es permitir que las personas y empresas incapaces de servir sus deudas las renegocien, pero ello –dadas la magnitud del problema de exceso de deuda y las dificultades de coordinación– probablemente generaría antes la quiebra generalizada de los agentes económicos en EE.UU. y resultaría en una crisis financiera y económica aún peor que la Gran Recesión.

Carlos Gutiérrez Andreassen
Director general de Investment Banking Merrill Lynch, México



El sistema en Estados Unidos está enfocado a la inflación y devaluación de la moneda. Estamos viviendo las repercusiones a nivel global por ese desequilibrio. Por otro lado creo que vamos a tener un poco de inflación para subir el valor de los activos que han creado el problema crediticio, porque lo que está haciendo Estados Unidos para bajar el costo del financiamiento de estos activos y minimizar las pérdidas es bajar la tasa de interés y con esto están arriesgando inflación. Esta combinación de inflación y devaluación es un juego algo peligroso que hemos vivido en todos los países latinoamericanos. Es la solución que se está dando para tratar de reactivar la economía americana.

Héctor Rangel
Chairman, Grupo financiero BBVA Bancomer, México

Creo que la Fed lo ha hecho bien, ha bajado agresivamente las tasas de interés y ha inyectado liquidez en momentos críticos. Quizás sea insuficiente para contener los problemas y obviamente requiere de política fiscal que ya el gobierno americano tomó al darles una devolución de impuestos importante que equivale a un 1% del PIB. Los bancos centrales enfrentan dilemas como que al bajar las tasas de interés podría haber inflación, pero al disminuirse la demanda total de la economía es probable que también la inflación caiga un poco más adelante. Creo que EE.UU. ha hecho bastante en el corto plazo, pero creo que a largo plazo hay balances muy importantes de la economía americana que se tienen que corregir. Tienen un déficit enorme que presiona los mercados y tienen un estándar de vida por arriba de sus posibilidades que los hace endeudarse y que no ahorran. Entonces el ahorro proviene de otros lados y eso no es sano para el balance mundial. 


Una solución menos costosa al problema de exceso de endeudamiento es la administración –por parte de la Fed y el gobierno federal– de un complejo sistema de traspasos de propiedad a agentes solventes, garantías estatales, refinanciamientos de créditos a muy largo plazo y ayudas a deudores menores. De hecho, este proceso –que necesariamente será imperfecto– ya se inició en EE.UU. y deberá restaurar la confianza en los entes financieros. Pero no hay que engañarse, la absorción del exceso de deuda en EE.UU. tomará un largo tiempo.

Gerardo Aparicio
Economista, Escuela de Finanzas, Universidad Panamericana, México

El mensaje a la sociedad es de no entrar en pánico. No con palabras, sino con hechos concretos. Se deben implementar las medidas de Basilea I y II. EE.UU. fue uno de los países más renuentes a hacerlo. Hay que recordar que el concepto original era aplicar Basilea para todo el sistema financiero, no sólo para los bancos. Las instituciones financieras deberían presentar informes de riesgo, porque esta crisis se articula sobre lo inadecuado de sus mecanismos de evaluación.