miércoles, octubre 29, 2008

El Paludismo del Capitalismo


Antes de la Revolución Industrial, las crisis se expresaban a través de la escasez de bienes y servicios, como consecuencia de fenómenos exógenos a la dinámica económica, tales como cambios climáticos (malas cosechas), pestes, revoluciones o guerras, siempre circunscritas sectorial o geográficamente. A partir del siglo XIX, en cambio, las crisis recurrentes son endógenas al sistema, apareciendo como procesos de sobreproducción o exceso de mercancías invendibles, cuya gravedad provenía del hecho que se contagiaba velozmente a diversas ramas económicas del propio país en que se originaron, así como a gran parte de la economía-mundo.


Como tal el capitalismo sufre ineludiblemente las tercianas del paludismo, esas terribles fiebres intermitentes que brotan a intervalos más o menos cíclicos, contrariamente a los que creen en los ‘mercados perfectos’, que supuestamente se autorregulan automáticamente y dan lugar a procesos armónicos de expansión económica. Pero la historia económica nos recuerda que ese mal retorna terca e indefectiblemente. Baste enumerar los años en que comenzaron esas febriles recesiones y depresiones que afectaron al unísono –entre muchos otros países- a Gran Bretaña, EEUU y Francia: 1797; 1807; 1814; 1818; 1825; 1836; 1847; 1857; 1866; 1873; 1881; 1890; 1907; 1918; 1929; 1953, 1957; 1973; 1980; 1990; 2001; y 2008.


Si sumamos los 210 años transcurridos desde la primera de las fechas nombradas, siguiendo las definiciones del National Bureau of Economic Research (NBER), constataremos que abarcaron –para el caso de EEUU- exactamente 80 años. En promedio, duraron 56 meses, cifra ciertamente sobredimensionada por la ‘Depresión Larga’ de 1873 a 1896 (23 años) y la ‘Gran Depresión’ de 1929 a 1939 (una década). Si añadiéramos las debacles de los países periféricos no acabaríamos de enumerarlas, para lo que bastaría recordar sólo las más conocidas de la década pasada: México (1994), el sudeste asiático (desde 1997), Rusia (1998), Brasil (1999), Argentina (2000) y Turquía (2001).


Obviamente los economistas ortodoxos atribuyen todos estos achaques a las nefastas intromisiones estatales, a sabiendas de que en muchos casos fue precisamente el gobierno quien evitó que la economía norteamericana caiga en el pantano o que la ayudara para atenuarle la fiebre que le generaron las picaduras de las féminas del mosquito anófeles. Esto fue especialmente cierto a partir de los años treinta, como consecuencia de la adopción de políticas keynesianas avant la lettre (el New Deal, p.ej.), que posteriormente fueron racionalizadas por Keynes en su Teoría General y cuyas lecciones se aplicaron en el periodo de posguerra conocido como el de los Años Dorados (1945-1973), pero que tampoco pudieron calmar las recesiones.


Ese recetario fue sustituido, desde los años setenta, por las recomendaciones de los monetaristas, quienes tampoco dieron en el blanco, como nos lo acaba de recordar Paul A. Samuelson, comentando el “suicidio del capitalismo de Wall Street” del 2007: “En el fondo de este caos financiero, el peor en un siglo, encontramos lo siguiente: el capitalismo libertario del laissez-faire que predicaban Milton Friedman y Friedrich von Hayek, al que se le permitió desbocarse sin reglamentación. Esta es la fuente primaria de nuestros problemas de hoy. Hoy estos dos hombres están muertos, pero sus envenenados legados perduran” (“Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek”, en El País, octubre 26).


De manera que lo más grave es que, como es sabido, aún no existe una cura garantizada para la malaria, como tampoco se vislumbra la que permita contener la “exuberancia irracional” (Greenspan) inherente al capitalismo contemporáneo. Y lo paradójico es que la ciencia económica es aún muy joven (u olvidadiza) para entender el capitalismo y este ya está muy viejo como para curarlo del paludismo.

miércoles, octubre 22, 2008

¿Acorazados o Acorralados?

Una y otra vez el gobierno y sus acólitos nos repiten que estamos parapetados frente a la crisis internacional. Lo que se debería a nuestro sólido sistema financiero, al sobrado monto de reservas internacionales de que disponemos, al razonable superávit fiscal que se ha logrado, entre otros factores que les permiten asegurar además que seguiremos siendo la economía de la región con la menor inflación y el mayor crecimiento económico.

Lo que se olvida es que nuestro esquema de acumulación productiva es sumamente frágil, lo que habría podido ser evitado con medidas adecuadas para blindar nuestra economía de otra manera. Sabido es que hace ya dos décadas nos enrumbamos por la ruta primario-exportadora, como consecuencia natural del fracaso de la mal gestionada ‘industrialización por sustitución de importaciones’ y que, a raíz de la hiperinflación, llevó a la adopción de drásticas políticas de estabilización y ajuste ‘mercado-amigables’. Estas solo pretendían resolver nuestros problemas de corto plazo (la inflación y la brecha externa), pero terminaron convirtiéndose en medidas de largo alcance que modificaron profundamente el paradigma de desarrollo, basado en nuestras ventajas comparativas puramente estáticas.

Recordemos que entonces como ahora, ‘Exportar o Morir’ era el eslogan que monopolizaba toda discusión y propuesta de política, conduciéndonos a una sobre-especialización basada en la exportación de materias primas, básicamente minerales. Lo que resultaba bastante lógico, dada la estrechez del mercado interno y porque no estábamos en condiciones de competir internacionalmente en otros espacios, ni con los países altamente desarrollados por sus ventajas tecnológicas, ni con los nuevos países emergentes (no solo China e India) por sus bajos costos y elevada productividad. Gracias a la liberalización de la economía ingresó abundante inversión extranjera y se desarrollaron lucrativos proyectos de exportación que permitieron la bonanza económica que experimentamos algunos años en los noventa y, nuevamente, a partir de 2002. Con lo que hemos atado nuestro destino a los volátiles precios internacionales, a la movediza inversión extranjera, a las remisiones de nuestros migrantes y a los divisa-dependientes patrones de consumo, en vez de ‘aprender a vivir con lo nuestro’.

Desafortunadamente no se aprovechó ninguno de esos impresionantes ciclos de crecimiento económico para fortalecer la división interna del trabajo y diversificar el aparato productivo doméstico, lo que habría sido viable con los excedentes disponibles, adoptando además medidas sectoriales regionalmente distribuidas e incentivos para la innovación de productos y tecnologías. En pocas palabras, sólo dispondremos de sólidas capacidades defensivas frente a las turbulencias internacionales cuando dispongamos de un mercado interno amplio y una descentralización plena, una institucionalidad consolidada y mecanismos permanentes de concertación plural, equipos sólidos de ciencia y tecnología, una fuerza de trabajo adecuadamente calificada, sectores y ramas económicas integradas horizontal y verticalmente, una distribución del ingreso y la riqueza relativamente equitativas, patrones de consumo ajustados a nuestra dotación de recursos. En esas condiciones, tanto el empresariado local, como la fuerza de trabajo, podrían afrontar sosegadamente las recurrentes crisis internacionales, ya que dispondrían de los espacios necesarios para expandirse no solo externa sino sobre todo internamente.

jueves, octubre 16, 2008

La Inflación sigue duplicando la Meta Superior del BCR

Me sigue llamando la atención que el INEI no publique la inflación anual de las 25 ciudades para las que dispone de datos. Se limita a presentar el aumento del Índice de Precios mensual y el acumulado del año en cuestión (en este caso, de enero a setiembre 2008). Tampoco da a conocer los valores de los índices del IPC, lo que sería muy útil y, de preferencia, con la misma base que tiene Lima (Diciembre 2001 = 100). Ese vacío resulta molesto para quienes estudian el tema, porque tienen que hacer el laborioso cálculo de acumular los aumentos mensuales para llegar a la tasa anual. El Gráfico que adjuntamos consigna los datos anuales que ha producido nuestro ábaco, lo que permite observar la tremenda divergencia existente entre las inflaciones urbanas de nuestras regiones.


Es cierto que, por su magnitud, ofrecer los datos anuales puede asustar y que por razones políticas puede no parecer conveniente hacerlos públicos, supuestamente para evitar azuzar las peligrosas “expectativas inflacionarias” y/o para evitar que siga cayendo la aprobación del gobierno. Sobre todo si se tiene en cuenta, como se desprende del diagrama que publicamos abajo, que todas las ciudades –excepto Cajamarca- han soportado tasas inflacionarias que son superiores al doble de la meta inflacionaria superior de referencia (3%) del BCR. Incluso hay poblados que rebasan el 8% anual, lo que es realmente preocupante, porque su impacto debe haber disipado los aumentos nominales de ingresos que pudieran haberse dado. Es ese el caso de nada menos que 15 urbes, con tres que rebasan incluso el 10% (Moyobamba, Cusco y Huaraz).


La inflación anual urbana ascendió al 7% entre octubre 2007 y setiembre 2008. En términos redondos, la inflación urbana –excluida Lima- aumentó en un sorprendente 8% a lo largo de los últimos doce meses. En cambio, la inflación capitalina fue del 6,2% en ese periodo y que este año, en el mejor de los casos, habiendo acumulado una inflación del 5,29% hasta el mes pasado, llegaría al 6%, si la inflación mensual de los tres meses que faltan para terminar el año se ubicara en un 0,22%.


Afortunadamente la inflación mensual caerá sostenidamente este y los meses siguientes, a pesar, tanto del reciente aumento de la electricidad y del anunciado aumento del precio del agua, como por el hecho de que el índice anual de Precios al por Mayor a nivel nacional ha aumentado 10,7% (sic) y todavía falta que se vierta sobre los precios al por menor.


Pero el daño ya está hecho, porque la inflación ya cumplió su función: la de encoger los ingresos reales para contener el crecimiento de la demanda interna, especialmente de los segmentos C, D y E de la población. Lo que ha venido acompañado, reforzando el efecto anterior, por la desaceleración de la demanda de crédito doméstico, por el aumento de las tasas de interés, por la contención del gasto público y por la restricción familiar del consumo avizorando la preocupante turbulencia internacional y doméstica. Finalmente, habrá de contribuir a una baja paulatina de la inflación la reducción de de los precios internacionales de insumos básicos (maíz, trigo, soya y petróleo), si bien a un ritmo menos que proporcional como consecuencia de su control directo o indirecto por parte de empresas oligopólicas.



Machuque el pericote para agrandar la imagen.



miércoles, octubre 15, 2008

El Transfondo Estructural de la Crisis Financiera

Una y otra vez nos vienen repitiendo que la debacle financiera que se desató el año pasado en EEUU, al explotar la burbuja hipotecaria, habría sido consecuencia de procesos de especulación irresponsable, de extendida inmoralidad, de ceguera arrogante, de regulación laxa, de codicia irrefrenable, entre otras bellezas que son todas válidas en referencia a lo que ha venido sucediendo en los mercados financieros desde 2002. Lo mismo se decía cuando –después de inflarse por una década- reventó inesperadamente la burbuja tecnológica (dot.com) en 2000. Desafortunadamente, tales análisis son superficiales y parciales, aparte que confunden causas con efectos. Lo que se le escapa a ese tipo de diagnósticos es que esas ‘burbujas’ son lo que su nombre indica: efervescencias que activan artificialmente la actividad productiva, tapando temporalmente las deficiencias estructurales del proceso de acumulación, en el marco de tasas descendentes de ganancia en los sectores propiamente productivos.

En tal sentido es ingenua la creencia de que los recientes super-paquetes financieros de salvataje sacarán de la recesión al Imperio y sus aliados. Bien lo ha dicho Phil Roth, un analista de Miller Tabak: “La gente puede decir, ‘¡Puff, hemos sobrevivido la crisis financiera!’. Pero a continuación tenemos la cuestión de la recesión y no sabemos qué tan profunda será” (WSJ, octubre 14). Más aún, habría que añadir que ella será bien prolongada porque: ¿Sobre qué bases productivas se podría sustentar una recuperación de la inversión y del crecimiento económico de largo plazo en los países ‘desarrollados’, de los que tanto seguimos dependiendo? ¿Sería la industria de automóviles, del acero, de la energía, de las telecomunicaciones y similares, cuando bien sabemos que están en franco declive? Ahí es donde radica el quid del asunto, pero que para entenderlo nos obliga a remitirnos a las bases sobre las cuales se desarrolla inexorablemente el capitalismo y que motoriza las inversiones en manada, provenientes de los ‘espíritus animales’ de los empresarios y de las condiciones materiales e institucionales de producción.

Para entender las afirmaciones precedentes resulta indispensable adoptar un enfoque histórico-sistémico, por más pretencioso que suene. Aplicando algo mecánicamente el paradigma de las ‘ondas largas’ del capitalismo (Kondratieff-Schumpeter-Mandel), coincidimos con la opinión de que el sistema –desde la Revolución Industrial- ha progresado en forma oscilante por extendidos ciclos de entre 40 y 60 años de duración, cada uno de los cuales se sustentó en una serie de ‘innovaciones’. Una compleja combinación de éstas (nuevas tecnologías, productos, materias primas, fuentes de energía, mercados y similares), apoyada por sustanciales créditos, despertaban los ‘espíritus animales’ del empresariado y daban lugar –en la fase ascendente ‘A’- a una manada de inversiones que llevaron a la bonanza macroeconómica por un periodo de veinte a treinta años.

Después de tales auges, y como consecuencia de la sobreproducción a que dan lugar, se agotaban las posibilidades de expansión -lo que se reflejaba en la reducción de la tasa de ganancia- y se pasaba a una etapa –nuevamente de veinte a treinta años- de menor crecimiento económico, deflación y desempleo (fase ‘B’), en que el capital financiero tiende a dominar sobre el propiamente productivo (véase el Gráfico I, en que se observa la exageradamente elevada relación entre los precios de las acciones y las ganancias netas que rinden: si esa relación P/E está por encima de 15 es señal de ‘exuberancia irracional’ y, hasta cierto punto, permite pronosticar las debacles financieras, siguiendo la hipótesis de Robert Shiller).

GRÁFICO I: RELACIÓN PRECIOS ACCIONES SOBRE GANANCIAS, 1935-2008

Agrande con el ratón

En la última onda larga, la que se inicia en el periodo de la posguerra, hemos transitado a esta fase ‘descendente’ (en la que seguimos atorados) después de los ‘Treinta Años Gloriosos”, que se agotaron en 1971-73. De manera que, durante los últimos 35 años, en ausencia de bases reales para la innovadora acumulación productiva, las economías altamente desarrolladas –comenzando por EEUU- se han expandido a tasas relativamente bajas, comparadas con las de los ‘Años Dorados’. Estos últimos culminaron en una notoria sobreproducción, la que se reflejó en una reducción paulatina de la tasa de ganancia en los EEUU, que se explica además por el ingreso al mercado global de países como China, India, Rusia y similares. En efecto, como ha mostrado Walden Bello, la rentabilidad del capital –que en los años sesenta del siglo pasado alcanzaba el 7,15% en EEUU- fue encogiéndose paulatinamente: en los ochenta bajó a 5,3%, en los noventa a 2,3% y, en lo que va del siglo XXI, por debajo del 2%. Nótese, sin embargo, el espectacular avance de las ganancias financieras, que llegaron a rebasar el 30% de todas las utilidades corporativas, a pesar de que su contribución al PBI generó un escaso 15% (ver Gráfico II, donde se constata además que las remuneraciones del sector financiero no llegaron ni al 10% del valor agregado corporativo).

GRÁFICO II: GANANCIAS DEL SECTOR FINANCIERO, 1970-2007


Se trata, por tanto, de un periodo decadente caracterizado por ciclos coyunturales relativamente cortos, azuzados artificiosamente por el empuje que se dio a las inversiones por efecto de las guerras, la duplicación de la fuerza laboral mundial, las ilusas esperanzas en progresos técnicos revolucionarios y de las bajas tasas de interés, pero que –por eso mismo- se materializaron en auges espurios y, por tanto, en recesiones recurrentes en EEUU (1980-82, 1990-91, 2001-03 y la actual 2008-…?). Podría decirse que se estimuló la economía, la que saltó de burbuja en burbuja, gracias a los lobbies militar-industriales y, sobre todo, a la sobredimensionada dinámica del sector financiero-hipotecario, la que solo podía ser temporal y ficticia, en el sentido que no se nutría de innovaciones profundas de corte tecnológico-productivo, que habrían permitido incrementar sostenidamente la productividad y la tasa de ganancia de las corporaciones no financieras.

De ahí que las economías avanzadas, particularmente EEUU, se haya mantenido a flote durante las tres décadas pasadas gracias a una serie de medidas geopolíticas y financieras truculentas para estimular la demanda doméstica, con lo que lograron vivir -consumir e invertir- más allá de sus posibilidades reales, generando déficit fiscales y externos descomunales, financiados por ahorro externo (especialmente por parte de Japón, China y la UE), en ausencia de ahorros domésticos personales y del gobierno.

Personalmente creíamos que se iba a iniciar una nueva onda larga en 1992, la que vendría propulsada por diversas innovaciones revolucionarias (informática, telecomunicaciones, biotecnología, robótica, energía atómica y similares), las que no llegaron a cuajar y que probablemente –en una década, en el mejor de los casos- permitirían el inicio de un renovado ciclo expansivo de recuperación y auge de varias décadas en el mundo altamente industrializado.

En los próximos días seguramente Bernanke volverá a reducir la tasa de interés de referencia. Sin embargo, por más que las Bolsas muestren signos de recuperación (y una preocupante volatilidad), lo que hasta ahora no se nota, será escaso el flujo de créditos que soltarán los bancos (a pesar de que acaban de recibir US$ 250.000’ de oxígeno), porque uno se preguntaría: ¿adonde iría ese dinero para fines de inversión o consumo, en una economía altamente endeudada y sin posibilidades de rentabilidades apreciables? No parecen existir bases reales prometedoras para hacerlo. En ese contexto, la crisis financiera habrá de impactar con fuerza aún mayor los sectores reales; lo que no nos debe hacer olvidar que el origen último de la debacle norteamericana y la de sus socios radica precisamente en la osteoporosis productiva a falta de innovaciones tecnológicas sustanciales. No son, pues, muy auspiciosos los tiempos que nos esperan.

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Bernanke, Paulsen y Bush: ¿Entiende usted por qué se ríen?
(AP Photo, octubre 14: http://blogs.wsj.com/marketbeat/2008/10/14/plan-to-support-banks-boosts-shares/).

miércoles, octubre 08, 2008

Europa furiosa, como antaño la diosa

Embelesado por la sobrecogedora belleza de Europa, mutó Zeus en manso toro y la llevó a Creta. Ahí se hizo de ella. Pasaron los años, cambiaron los dioses y otro toro (símbolo de Wall Street) volvió a engatusar a la crédula Europa. Furiosa despertó y dio a conocer su resentimiento a través de sus hijos, Minos, Sarpedón y Radamantis, que parecieran haberse reencarnado la semana pasada: Gordon Brown, el premier británico, declaró que vivíamos en una “era de la irresponsabilidad”; añadió Angela Merkel, la canciller alemana, que era “el fin de la hegemonía norteamericana”; finalizó Nicolás Sarkozy, presidente francés, llamando a “la refundación del capitalismo”.


¿Anuncian declaraciones tan radicales, quizás una estrategia conjunta de Europa para afrontar la crisis? Todo lo contrario. Al parecer se impone, en el viejo continente, la lógica del sálvese quien pueda y como quiera. Las últimas señales nos hacen pensar en lo peor. La nueva Europa, que tanto esfuerzo consumió, podría hacerse añicos.


Para comenzar, los bancos son salvados por cada uno de los países, uno a uno. Por separado los gobiernos juegan su propio partido, sin considerar los efectos que sus acciones pueden ejercer sobre sus socios. Y, en efecto, hasta ahora han logrado salvar exitosamente varios bancos, como sucediera la semana pasada con el Fortis y el Dexia, así como el Hypo. No disponen de una estrategia, lo cual puede ser muy peligroso para cuando se contagie plenamente la furia de la turbulencia norteamericana sobre el continente europeo.


Luego, uno a uno, aunque no todos, han dispuesto un seguro de depósitos del 100%: comenzó Irlanda, con lo que las libras de Gran Bretaña comenzaron a fluir a la isla; le siguieron Grecia y Turquía a fin de atraer los dineros de sus vecinos; luego vino Alemania, con lo que obligó a Dinamarca y Austria a seguirla; en un carrusel que no parece tener fin.


Aún más, Sarkozy propuso un paquete de rescate por 300.000 millones de euros, pero el ministro alemán de finanzas fue muy enfático al respecto, apoyado por la canciller: “No queremos contribuir con ese pozo sobre el que no tenemos control y no sabemos en qué se usará el dinero de nuestros contribuyentes”. De manera que la vieja Europa no posee un programa similar (o mejorado) al recientemente aprobado por el Congreso Norteamericano.


Finalmente, las condiciones monetarias son muy restrictivas porque el Banco Central Europeo aún no se anima a reducir las tasas de interés, lo que contribuye a agravar el problema. Especialmente si consideramos que es bastante probable que Europa Oriental pronto comience a experimentar los efectos del recorte de los flujos del capital internacional.


Como es evidente, no bastan las medidas adoptadas solo por EEUU, pues una pérdida de confianza aún mayor desde allá contagiará aún más a las instituciones financieras europeas. Si no actúan en conjunto este fin de semana, no se suavizará la turbulencia, con lo que hará aún más daño a la economía real, se esfumarían los ahorros de millones de europeos y la parálisis crediticia destruiría masivamente empleos y empresas. En esas condiciones, el círculo vicioso suicida volatilizaría al Euro –¡el dios del viento!- y esto haría que la nueva Europa quede fragmentada y confinada en una isla, como nos cuenta la bella leyenda de los tiempos del sueño.


La escultura de bronce que pesa unos tres mil kilos, fue creada por Arturo di Modica con motivo del crac bursátil de 1987 y le costó la módica suma de US$ 350.000. Se encuentra en un parque cercano a Wall Street. Ciertamente no parece tan tierno como el que montó la Europa de la leyenda.


martes, octubre 07, 2008

Precios internacionales de las commodities: ¿Buenas Nuevas para el Perú?

En cierta medida la recesión internacional nos estaría beneficiando, en el sentido que los precios de una serie de insumos para la producción doméstica están cayendo drásticamente, con lo que se reduciría la inflación. ¿Se trasladarán a los precios internos las caídas de las commodities que figuran en los gráficos siguientes? Obsérvese la evolución de los precios del petróleo, maíz, soya y trigo, respectivamente, en el transcurso de los últimos doce meses:




En el extremo opuesto, vienen cayendo los metales, especialmente el cobre:



Afortunadamente, en tanto se ha convertido en el refugio más seguro frente a la turbulencia, el oro viene subiendo y promete pasar los US$ 1.000 por onza en el transcurso de las próximas semanas, con lo que compensará en algo la reducción de nuestras exportaciones de bienes:




Fuente: The Wall Street Journal - Commodities & Futures – Markets

(http://online.wsj.com/mdc/public/page/mdc_commodities.html?mod=mdc_topnav_2_3002&refresh=on).

lunes, octubre 06, 2008

El deslizamiento paulatino a la recesión económica norteamericana

Los trece gráficos que reproducimos a continuación se entienden por sí mismos y permiten ilustrar el lento pero sostenido deslizamiento de la economía de EEUU hacia la recesión económica entre 2005 y lo que va del 2008:









Nótese que este año la economía norteamericana nuevamente tendrá un déficit externo (diferencia entre las exportaciones y las importaciones de bienes y servicios) superior a los US$ 700.000 millones, tal como en los años anteriores (2005: 711.567'; 2006: 753.283; y 2007: 700.258'; según el Bureau of Economic Analysis, Departamento de Comercio de EEUU).




Finalmene, el Dow Jones en Picada:


Fuente: Wall Street Journal (http://online.wsj.com/mdc/public/page/2_3024-ecocharts.html).


Addenda: Crecimiento explosivo del stock de ''derivados'":



domingo, octubre 05, 2008

Para afrontar la crisis internacional: Escaramuza entre ortodoxos

Quienes han determinado las políticas macroeconómicas y las "reformas estructurales", sobre todo desde 1990, han sido los economistas injusta o despectivamente denominados "neoliberales". Ellos han dado la pauta del "pensamiento único", sustentado en el necesariamente simplón recetario del "Consenso de Washington", aderezado con algunos ajustes ad hoc.

Esos economistas sanearon exitosamente las cuentas macroeconómicas gracias a la bonanza externa en un principio, pero a costa de fenomenales desequilibrios sociopolíticos internos. Curiosamente, sin embargo, en el transcurso del último mes se ha abierto una notoria brecha tripartita al interior de este grupo técnico, tradicionalmente tan unido ideológicamente.

De un lado están los ortodoxos más religiosos, quienes –desde el MEF– pretenden afrontar la turbulencia mundial con ajustes clásicamente fondomonetaristas, desacelerando el crédito interno y el gasto público para encoger la demanda interna y evitar a toda costa la inflación, por más que el presidente del Banco Central de Reserva (BCR) haya dicho que en octubre la inflación sería cero. Las consecuencias de este esquema son conocidas: menor crecimiento y mayor desigualdad-desempleo-subempleo.

De un segundo lado del espectro convencional están quienes dicen que no hay que hacer nada porque la crisis internacional resolverá los problemas por sí sola. Según estos autores la estabilización que proponen los primeros sería un "frenazo que terminaría en un frentazo".
Cito textualmente a unos pocos de los muchos que opinan así, sin nombrarlos (a fin de evitar esas muy limeñas susceptibilidades). Escuchémoslos: "El origen de esta coyuntura es importado. (…) Pero el crecimiento productivo basado en la inversión, así como la solidez del sistema financiero, se ha mantenido intacto. El efecto de la crisis internacional sobre el crecimiento lo empezaremos a sentir en los próximos meses. Escenario nada recomendable para seguir una 'receta de enfriamiento' al estilo del FMI". Y, añade un tercero, "da la impresión de que se le ha pasado la mano (en el ajuste), (cuando el MEF) debería concentrarse en eso (se refiere a 'mejorar radicalmente la calidad del gasto')".

Un tercer enfoque viene dado por una ortodoxia paradójicamente heterodoxa, cocinada en el BCR. En enero impuso un control de capitales de corto plazo muy exitoso, a la par que ha ido aumentando la tasa de interés de referencia, aunque aún muy tímidamente. Mal hizo, sin embargo, en malgastar casi US$ 2,500 millones de nuestras reservas durante los últimos 30 días para "evitar la volatilidad" y que el precio del dólar exceda la 'barrera sicológica' de los tres soles. Bien pudieron inyectar unos mil millones para evitar los vaivenes, pero dejando que el sol se devalúe leve y gradualmente, llevándolo a 3.05 o 3.10 por dólar, con lo que también habrían contribuido a defender espuriamente a la industria y beneficiado a los exportadores no tradicionales, a cambio de alguito más de ingresos tributarios.

Según la última encuesta del BCR, los pronósticos de los expertos señalan que el tipo de cambio se ubicará en S/. 2.85 por dólar a fines de año. Pero, como se desprende de una proyección de la Balanza de Pagos, llegamos a la conclusión de que el ritmo del flujo de dólares que ingresará será menor al que egresará al país. ¿Cómo así?:

Uno: las exportaciones crecerán menos de lo esperado, en precio y volumen. Dos: las importaciones seguirán creciendo a todo vapor hasta fin de año, jalonadas por el crecimiento económico del 9%. Tres: las utilidades de las empresas extranjeras saldrán a un mayor ritmo y las reinversiones disminuirán. Cuatro: las remesas de nuestros emigrantes disminuirán paulatinamente. Cinco: los desembolsos por créditos de largo plazo del extranjero prácticamente se congelarán, mientras que su amortización podría adelantarse. Seis: la inversión extranjera directa no vendrá al ritmo de catarata que esperaba el gobierno. Con lo que, si tenemos suerte, festejaríamos el Año Nuevo con un tipo de cambio de 3.20 soles por dólar, a no ser que el BCR quiera seguir "escupiendo contra el cielo" (a ese respecto, con el respeto debido, mi tierna abuelita me inculcó este principio algo más pedagógicamente: "nunca mees contra el viento").

En ese menjunje de planteamientos y políticas, en que se observa que las instituciones rectoras de la política económica parecen estar entrando en trompo, falta un aspecto esencial, cuando menos: dada la emergencia, que no permite realizar una reforma tributaria integral, se debería aumentar los impuestos directos y el ISC a los bienes de lujo, cobrarles regalías a todas las mineras, entre otros (como van las cosas, el impuesto a las sobreganancias convendría adoptarlo, cuando menos para el caso del oro que no tardará en rebasar la valla de los US$ 1.000 por onza).