viernes, noviembre 21, 2008

Inflación Cero

Recordará usted que en setiembre el más alto funcionario de la más seria e independiente institución del Estado declaraba orondo que la inflación de octubre sería del 0%, es decir, nula.

Los datos publicados por el INEI no han podido confirmar tan aventurado pronóstico. Porque resulta que en octubre el nivel general de precios al consumidor (IPC) de las 25 ciudades para las que se poseen cifras marcó un 0,69%, la cifra más alta de los últimos trece meses. La única ciudad que se acercó al 0 fue Moyabamba (0,01%), a pesar de lo cual –como se observa en el Cuadro siguiente- sigue soportando la inflación anual más elevada del país.

Y, si tomamos la inflación nacional urbana anual (es decir, el acumulado de los últimos doce meses), llegamos a la sorprendente cifra del 7,4%, la más alta desde 1996. La de Lima se encuentra entre las cuatro más bajas, con un 6,5%. Ninguna está por debajo del 6% (el doble de la tasa superior de referencia del BCR), pero hay diez ciudades que rebasan el 9% anual (noviembre 2007 / octubre 2008), a saber:

Moyabamba………… 10,41%
Cusco……….....….. 10,10
Ica………………........ 9,93
Chachapoyas.…..…… 9,86
Huaraz…….……...….. 9,86
Trujillo……….……..… 9,82
Moquegua….…...…… 9,81
Chimbote………....…. 9,34
Cerro de Pasco..…... 9,27
Chiclayo………....….. 9,26
Abancay…….…....…. 9,15.

Tasas de inflación algo menores –si bien aún muy elevadas- pueden constatarse en: Arequipa, 8,92%; Huancayo, 8,75; Pucallpa, 8,65; Tacna, 8,57; Huánuco, 8,50; Piura, 8,40; Tumbes, 8,21; Huancavelica, 8,13; e Iquitos, 8,02. Finalmente, están por debajo del promedio nacional-urbano (7,4%): Pucallpa, 7,04; Lima, 6,54; Puno, 6,51; Ayacucho, 6,42; y Cajamarca, 5,97.

Mientras se festeja en la cumbre de APEC, se celebra el crecimiento económico del país y se digieren los petroaudios, todos se han olvidado que la inflación se ha ido carcomiendo los ingresos de la mayoría de la población. La pobreza en el país debe estar cayendo nuevamente, a no ser que nos demuestren que los ingresos nominales hayan aumentado en más del 7 y más porciento en los doce últimos meses en las zonas urbanas.



Nota: Los cálculos han sido realizados a partir de los aumentos mensuales del IPC de cada ciudad a partir del Informe Técnico no. 21 del INEI, p. 43 (http://www1.inei.gob.pe/web/BoletinFlotante.asp?file=7657.pdf), por lo que son aproximaciones bastante burdas.

jueves, noviembre 20, 2008

La Cita del Año: Adivine y ¡llévese un millón!


Participe usted en el concurso de fin de año que organiza este modesto blog y será usted muy acaudalado si es el primero en adivinar a quién pertenece la frase –que no tardará en ser célebre- que reproducimos más abajo en negrita.


Premio:

Un millón de intis.


Ayuda:

Aunque seguramente serán los primeros personajes que se le ocurrirán a usted al leer la cita, le adelantamos que no corresponde, ni a Stalin, ni a Pinochet, sino a un mandatario en funciones que, como verá, posee un profundo conocimiento del alma humana.


Cita:

“Hay mucha mezquindad. El Perú tiene que librarse de esas taras y lo mejor que pueden hacer es poner en una balsa a todos esos que hablan por hígado, envidia o frustración personal y lanzarlos por el mar a que se pierdan” (*).


Nota 1:

Leyéndola, estoy convencido que deben estar chinos de risa los chinos que acaban de llegar para la cumbre de APEC, porque se encontraron con un presidente que entiende la democracia tal como ellos la practican.


Recomendación 1:

Los periodistas y políticos mezquinos están advertidos, por lo que harían bien en prepararse –física y mentalmente- para repetir la hazaña de Thor Heyerdahl en 1947. Para lo que deberían ir construyéndose una buena copia de la balsa Kon- tiki.


Nota 2:

Justo es reconocerle al entrevistado que a nadie mandará al paredón o a un Gulag andino.


Recomendación 2:

Lea y subraye el jugoso texto de la entrevista referida más abajo y del que obtuvimos la cita de marras. Lo recomendamos porque contiene una serie de otras joyas e incluso la fundamentación científica del porqué ha aumentado espectacularmente el nivel de vida de los peruanos (cuando menos, de los que toman cerveza acostumbran comer un buen arroz con pollo).


Nota 3:

El presente texto ha sido redactado por hígado, por envidia y por problemas personales.


Recomendación 3:

Censurada.


(*) Fuente: “La entrada del Perú al siglo XXI”, entrevista concedida por el Dr. Alan García Pérez a ‘El Comercio’, noviembre 20, 2008 (p. a4). Si no me cree, compre el diario o acceda directamente a ella en: www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-11-20/ectd201108a4.html




Posdata urgente (11 p.m.): La noche limeña viene cargándose de pesados nubarrones y el texto que publiqué hace unas horas se ha convertido en una broma pesada, después de leer la gravísima denuncia publicada por Raúl Wiener, la que –de materializarse- cubriría el cielo peruano de gravísimas e irreversibles tempestades políticas: “Alistan arresto masivo de líderes opositores”, en La Primera, noviembre 20 (www.diariolaprimeraperu.com/online/noticia.php?IDnoticia=27716).


Sobre esta preocupante denuncia y el proyecto de ley (gemelos son, aunque éste afectaría más a instituciones y organizaciones sociales, que a personas) que establece modificaciones al Código Civil y a la Ley General de Sociedades (supuestamente dirigidas a supuestas ‘injerencias desde fuera’), véanse también los comentarios de:

-César Lévano, “Afán de represión”, en La Primera, noviembre 22 (www.diariolaprimeraperu.com/online/edicionIndice.php?IDS=11&EN=1333&EF=2008/11/22 http://www.diariolaprimeraperu.com/online/edicionIndice.php?IDS=11&EN=1333&EF=2008/11/22).

-César Lévano, El proyecto cárcel”, en La Primera, noviembre 25 (www.diariolaprimeraperu.com/online/edicionIndice.php?IDS=11&EN=1336&EF=2008/11/25).

-Otto Rock, “Peru invents new method to control government opposition. They call it ‘mass arrest“, en InkaKolaNews, noviembre 25 (http://incakolanews.blogspot.com/2008/11/peru-invents-new-method-to-control-govt.html).

-Rolando Breña, “Reclamo”, en Correo, noviembre 26 (www.correoperu.com.pe/lima_columnistas.php?id=79017&ed=14).

-César Lévano, “Bajo amenaza de fascismo”, en La Primera, noviembre 26 (www.diariolaprimeraperu.com/online/columna-del-director_11.do).

-César Hildebrandt, “Periodismo investigable”, en La Primera, noviembre 26 (www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas/periodismo-investigable_28156.html).

-César Lévano, “La tentación totalitaria”, en La Primera, noviembre 28 (www.diariolaprimeraperu.com/online/columna-del-director_11.do).

-Mario Huamán Rivera, “El gobierno defiende a los ricos con represión”, en La Primera, noviembre 28 (www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas/el-gobierno-defiende-a-los-ricos-con-represion_28216.html).

-César Hildebrandt, “País de opereta”, en La Primera, noviembre 28 (www.diariolaprimeraperu.com/online/columna-del-director_11.do).


miércoles, noviembre 19, 2008

La Triple Crisis de la Economía Norteamericana

Dominique Strauss-Kahn (DSK), el conquistador Director Ejecutivo del FMI se ha disculpado caballerosamente ante el mundo, su fiel staff y su tercera esposa, por la romántica noche que pasó en enero con una profesional senior de la institución en el paradisíaco ressort alpino de Davos. Ocho meses después reconoció públicamente que ese “incidente” fue un “error de juicio”, lo que aceptaron, tanto su liberal mujer, como el estudio de abogados externo del Fondo que investigó el asunto, dada la sospecha de nepotismo. Con lo que no perdió, ni la cama de su casa, ni el escritorio de su oficina, a diferencia del tristemente célebre presidente del Banco Mundial que fuera desaforado el año pasado por una hazaña donjuanesca algo más larga y truculenta.

Sin embargo, me temo que DSK tendrá que disculparse nuevamente ante el mundo por otro error de juicio, este sí ya serio, al afirmar desde París después de la reunión del G-7, que “gracias a las decisiones que se acaban de adoptar, el pico de la crisis ha quedado atrás; eso es lo que veremos en los próximos días” (Reuters, octubre 13). Por supuesto que, desde entonces en adelante, durante estas últimas cinco semanas sucedió todo lo contrario: el Dow Jones ha caído 10% (y -42% desde su máximo alcanzado en agosto del año pasado); la tasa de desempleo norteamericana ha llegado al 6,5% y las ventas al por menor cayeron 2,8% el mes de octubre; por la recesión (en el tercer trimestre de este año la economía decreció -0,3%), que va afectando a gran parte del orbe, se redujeron aún más los precios de los principales metales (cobre, -26%; zinc, -5%; plomo, -17%, plata, -16%; y hasta el oro en -13%) y, entre otras calamidades, hasta el del petróleo (-29%), a pesar de que la OPEP ha recortado su producción diaria en 1,5 millones de barriles.

De ahí que, quienes sigan considerando que esta crisis ha tocado fondo y que se disipará en doce o dieciocho meses no tardarán de desilusionarse, por más que los gobiernos estén interviniendo decididamente en la economía para recuperar la confianza de empresarios y consumidores. Pero asumamos que efectivamente dentro de un año se haya logrado este objetivo. ¿Sería el fin de la turbulencia global? A nuestro entender será recién ese el momento en que se detecten los problemas de fondo de la economía mundial y, en especial, de la norteamericana. Porque no debemos olvidar que –entre las faldas de las precarias condiciones financieras- se encuentran agazapados dos fenómenos estructurales adicionales, que no han merecido la debida atención.

El primero hace referencia a los tremendos desequilibrios macroeconómicos de la economía norteamericana, los que tendrán que ser afrontados una vez resuelto el entuerto financiero. Porque EEUU se ha acostumbrado a vivir bastante más allá de sus posibilidades reales, generando fenomenales brechas, las que fueron financiadas por el resto del mundo. En efecto, por una parte, las familias han gastado en exceso, a tal punto que, de ahorrar un 13% de su ingreso personal disponible en 1982, ha ido descendiendo al 2% en el último trienio, tasa que evidentemente corresponde a los estratos de altos ingresos, que fueran bendecidos por la reducción de los impuestos a la renta desde las épocas de Reagan. La gran mayoría se sobreendeudó, tanto por la ilusión del ‘efecto riqueza’ que significaba el aumento de los precios de sus viviendas, como por el abundante crédito disponible a tasas de interés reales irrisorias. Incluso la deuda de las empresas no financieras aumentó en 700% en ese lapso. De otra parte, el gasto y la inversión del gobierno federal también se expandieron a tasas irresponsablemente aceleradas, a tal punto que el déficit fiscal, que se dio todos los años desde 2002, ya se acerca al 5% del PBI. El año próximo llegaría al 7%, como consecuencia de las diversas medidas de salvataje y ‘estatización’ que implica el ‘Plan Paulsen’ y demás. La deuda pública bruta de EEUU ha llegado al 65% de su PBI y es evidente que el 2009 aumentará en 5 a 10 puntos porcentuales. Gracias a ese alegremente despreocupado gasto privado y público, las importaciones de bienes aumentaron a velocidades de Fórmula 1, sin una contrapartida exportadora aceptable, con lo que el déficit de la Balanza Comercial se duplicó entre el trienio 2000-02 y el 2006-08, pasando de US$ 400.000 millones anuales a 800.000’ o 6% de su PBI, estimado en 14 biillones para este año.

En pocas palabras, una vez que se hayan curado las heridas de la mal llamada ‘burbuja hipotecaria’, cuando se haya restablecido espuriamente la confianza de los agentes económicos, el gobierno norteamericano tendrá que afrontar desequilibrios aún mayores: la falta de ahorro doméstico y el déficit externo que lo agobia, con lo que se iniciaría una nueva ronda de ajustes, que también pondrá en aprietos al resto de economías globalizadas. Ciertamente que para felicidad de los organismos internacionales, que nuevamente tendrán trabajo y para los economistas que gozan con el estudio de las crisis; pero para infortunio de la mayoría de la población mundial.

Pero con ello entramos al tema central de la tríada nefasta que afronta EEUU en lo económico. Aparte de la crisis financiera y los desequilibrios macroeconómicos mencionados, el problema de fondo radica en la falta de alicientes para la inversión productiva de largo plazo. Consideramos que el origen último de la debacle norteamericana y la de sus socios radica precisamente en la osteoporosis productiva que las aqueja, a falta de innovaciones tecnológicas sustanciales que permitan transitar por una nueva onda larga de acumulación y crecimiento. En efecto, ¿Sobre qué bases productivas se podría sustentar una recuperación de la inversión y del crecimiento económico de largo plazo en los países ‘desarrollados’, de los que tanto seguimos dependiendo? ¿Sería la industria de automóviles, del acero, de la energía, de las telecomunicaciones y similares, cuando bien sabemos que están en franco declive? Ahí es donde radica el quid del problema estructural de las economías de mercado contemporáneas, pero que para entenderlo nos obliga a remitirnos a las bases sobre las cuales se desarrolla inexorablemente el capitalismo y que motoriza las inversiones sostenidas a gran escala, provenientes de los ‘espíritus animales’ de los empresarios y de las condiciones materiales e institucionales de producción.

Personalmente creíamos que se iba a iniciar una nueva onda larga en 1992 y que efectivamente comenzó a plasmarse en la burbuja tecnológica del ‘dot.com’, pero que resultó ilusa cuando explotó en el año 2001. Y es que parecía que vendría propulsada por diversas innovaciones revolucionarias (informática, telecomunicaciones, biotecnología, robótica, energía atómica y similares), las que no llegaron a cuajar y que probablemente –en una década, en el mejor de los casos– permitirían el inicio de un renovado ciclo expansivo de recuperación y auge de varias décadas en el mundo altamente industrializado. Esto coincide con el paradigma de las ‘ondas largas’ del capitalismo (Kondratieff-Schumpeter-Mandel) y de acuerdo al cual el sistema –desde la Revolución Industrial– ha progresado en forma oscilante por extendidos ciclos de entre 40 y 60 años de duración, cada uno de los cuales se sustentó en una serie de ‘innovaciones’, tales como la de los ferrocarriles y los vapores, la de la electricidad y los automóviles, etc.. Una compleja combinación de éstas (nuevas tecnologías, productos, materias primas, fuentes de energía, mercados y similares), apoyada por sustanciales créditos, despertaban los ‘espíritus animales’ del empresariado y daban lugar a una manada de inversiones que llevaron a la bonanza macroeconómica por un periodo de veinte a treinta años, momento a partir del cual languidecían por unos 20 a 30 años como consecuencia de la sobreproducción y la caída de la tasa promedio de ganancia. Esperemos, pues, que otras innovaciones de esa magnitud puedan llevarse a cabo sobre la base del surgimiento de manadas de jóvenes empresarios schumpeterianos para poder resucitar la alicaída economía mundial.

martes, noviembre 11, 2008

Valor agregado y utilidades del sector financiero estadounidense en perspectiva, 1929-2008


Ahora que tanto se habla de la crisis financiera y bancaria norteamericana, puede resultar útil y hasta interesante detenerse por un momento en cierta data de corto, mediano y largo plazo del sector, a fin de tener un panorama más completo de sus tendencias en el tiempo.


Aunque en diarios y revistas se presenta una infinidad de datos –que, más que informar, marean- sobre la cuestión financiera, pocos se centran en los que son más significativos. A nuestro entender éstos tienen que ver con la contribución al Ingreso nacional del sector financiero, así como las ganancias absolutas y relativas que genera y de las que nadie habla.


Para tal efecto hemos elaborado los gráficos que siguen, basados en datos de la Oficina de Análisis Económico (BEA: Bureau of Economic Analysis del Departamento Norteamericano de Comercio: www.bea.org). Por la facilidad para conseguir los datos y por el hecho que desde ahí se ha desatado la turbulencia global, nos hemos limitado al caso de EEUU.



La visión del Largo Plazo, 1929 a 2007


Las ocho décadas transcurridas desde el crack del 29 muestran oscilaciones relativamente drásticas de las ganancias domésticas (se excluyen las obtenidas en el extranjero), tanto de las totales (‘G’), como de las correspondientes al sector financiero (‘Gf’); ambas en dólares del año 2000 (eje izquierdo del gráfico que sigue). Los picos más contundentes de las ganancias totales (líneas lila) se dieron en 1943-44 (durante la II Guerra Mundial), 1951 (Corea), 1966-68 (Vietnam); 1977-78; 1996-97; y 2003 a 2006-IV; mientras que los ‘fondos de pozo’ se observaron en los años que el NBER consigna (ver Anexo) como parte de las crisis o recesiones; en especial, en 1932-33 (en que las ganancias fueron negativas); 1946 (fin de la guerra II), 1954 (fin Corea), 1958, 1974-75 (primer shock petrolero), 1980-82 (segundo choque) y 2000-01 (fin burbuja tecnológica). En cambio, las ganancias financieras (líneas azules) no fluctuaban tanto y no siempre se dejaban jalar para abajo en periodos de recesión.


Más errática y, de por sí, más significativa es la serie que representa las fluctuaciones de las ganancias financieras vis a vis las ganancias totales (‘Gf/G’ en el eje derecho del gráfico; color tangelo). Ha de resaltarse solamente un punto, que está a la vista: La participación de las ganancias financieras en las totales aumentó durante cada una de las crisis y recesiones, especialmente en la de los años treinta y en las de los choques petroleros; en 1991 rebasó el 30% y en 2001-2003 excedó el 40% del total. De ahí en adelante, hasta el segundo trimestre de este año (2008-II) la proporción se ha mantenido más o menos constante en torno al 33%. Nótese, sin embargo, que en esos casos –en la práctica- ello significó que la caída real de las ganancias financieras fue menor que la de las totales.



NOTA: Como siempre, un click izquierdo en el ratón permite ampliar esta imagen, así como las siguientes.



El mediano plazo, 1948-2007


Más significativo aún es lo que nos dice la relación entre el valor relativo de las ganancias financieras respecto del total (‘Gf/G’ – línea lila) y la contribución relativa del sector financiero al Ingreso Nacional (‘Yf/Y’ – línea azul), tal como se representa en el siguiente Gráfico. En este caso la serie solo abarca seis décadas, comenzando con el año 1948. En teoría, se supone que las ganancias de cada sector se deben mover –en el mediano plazo- aproximadamente al son de sus contribución al Valor Agregado de la economía, como efectivamente parece haber sido el caso del sector financiero entre 1948 y 1952 . A partir de entonces, sin embargo, hubo años en que la participación de las ganancias fue menor a su contribución al Valor Agregado (años: 1948-52, 1955-57 y 1962-68) y en otros mayor (años: 1953-54, 1958-61 y 1969-80). Sin embargo, desde el año 1989 en adelante, durante dos décadas completas, siempre la participación de las ganancias financieras en las ganancias totales ha sido superior –y cada vez mayor- a la contribución del sector financiero al valor agregado total de la economía doméstica de EEUU. Es decir, el capitalismo ‘financiero’ se apartó cada vez más del propiamente productivo.





El periodo de la burbuja hipotecaria, 2002-2008


Un último cuadro de interés es el que detalla los datos del cuadro anterior en base trimestral, limitándose a presentar los del último septenio, 2001-2008. Es decir, se trata del periodo de la llamada ‘burbuja hipotecaria’ y, más precisamente, de la ‘manía por los activos’, que se inicia en el cuarto trimestre de 2001. Debe notarse lo siguiente:


  1. La participación de las ganancias financieras en las totales siempre está por encima de la contribución del sector financiero al incremento de la riqueza nacional; la diferencia ha llegado a ser tal que aquella rebasa en un 100% a ésta, lo que es muy significativo.
  2. Sin embargo, se observa un sustancial descenso de esa participación de las ganancias de 45% (2001-IV) a 33% (2008-II); mientras que
  3. La contribución del sistema financiero al Ingreso Nacional prácticamente permanece constante en 19%.

Todo lo anterior nos hace pensar -como ya se estila en algunos análisis- en la necesidad de diferenciar claramente entre el sector financiero de la economía y el propiamente productivo. Con lo que, además, estaríamos en condiciones de iniciar un análisis más detallado de las crisis y sus componentes productivos y financieros a lo largo de los ciclos económicos en EEUU.




***

ANEXO: LISTA DE RECESIONES (http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_recessions)

Cuadro basado en los criterios que utiliza el ‘National Bureau of Economic Research’ (NBER) para determinar los periodos de recesión y crisis en EEUU (ver: www.nber.org/cycles/recessions_faq.html).





lunes, noviembre 10, 2008

El FMI acaba de despertar de su largo letargo


En efecto, el FMI se acaba de enterar que el año 2008 y, más todavía, el 2009 no serán tan buenos como ellos pronosticaban en sus informes (World Economic Outlook) de octubre del año pasado, así como de los de enero, abril e incluso de octubre de este.


Y es que, hace solo un mes atrás, el 13 de octubre, un día después de que los gobernantes de los 15 países que usan el Euro se reunieran el París, el Director Ejecutivo del FMI declaró campante que “el pico de la crisis ha quedado atrás” (www.france24.com/en/20081013-peak-crisis-over-says-imf-chief-financial-crisis-strauss). Los eventos que se han ido sucediendo en EEUU y el resto del mundo después de esas optimistas declaraciones no le han dado la razón. Por lo que sus técnicos de primera línea acaban de realizar –la semana pasada- un ‘ajuste’ bastante drástico hacia abajo respecto a las cifras de sus proyecciones anteriores (incluída la de octubre 2008).


Veamos las diferencias que se pueden detectar, limitándonos a comparar sus datos de crecimiento económico, comparando los que consignaban en abril de este año con los que acaba de publicar días atrás para el año entrante (breve selección) y que pueden ser de interés para calibrar los efectos que podría tener el la tremenda desaceleración (proyectada) sobre nuestra economía:



Comprendemos que el Directorio y, muy en especial, el Director Ejecutivo del FMI, hayan estado preocupados y muy atareados para sacar del entuerto a Dominique Strauss-Kahn, por esa agradablemente romántica noche que compartiera con una simpática señora (empleada senior del FMI) en el apacible ressort alpino de Davos en enero de este año. Afortunadamente ha sido absuelto, tanto por el estudio de abogados externo del organismo, como por su liberal esposa, de manera que no tuvo que ser expulsado, ni del organismo, ni de su casa, como le sucediera el año pasado al tristemente célebre Presidente del Banco Mundial.


Pero no creemos que eso haya sido motivo para afectar a los expertos que proyectan el crecimiento, la inflación y la restricción externa de todos los países que son miembros (185 en total) del guardián y brazo financiero del mundo. Además, dadas las diferencias en las tasas de crecimiento proyectadas, uno se pregunta qué modelo global y qué criterios usan para equivocarse de esa manera.


En todo caso, confirma el hecho que para estos asuntos –me refiero a las proyecciones- los economistas somos tan buenos como los meteorólogos. Además, en su defensa, hay que añadir el hecho de que el FMI tiene que adoptar una posición ‘políticamente correcta’, en el sentido que no puede enfrentarse a los gobiernos-miembros, por lo que –casi siempre- tiende a realizar pronósticos que cuadran aproximadamente con los muy optimistas de las autoridades económicas de esos países, aparte de que –sobre todo si hay recesiones- su ‘realismo’ podría agravar la situación de algún país por el lado de las expectativas.


La tabla siguiente es aún más sorprendente, porque corresponde a los ajustes de las proyecciones que el FMI ha realizado (publicadas el 6 de este mes) respecto a las que dió a conocer en su WEO de hace solo un mes:



Fuente: Nov. 6, 2008: www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2008/update/03/pdf/1108.pdf (p. 5).



Gracias a la crisis financiera, la moral del personal del FMI debe haberse recuperado, ya que por fin tendrán trabajo y podrán volar por todo el mundo, dejando a un lado -¡que otra cosa iban a hacer en su estado de desempleo oculto!- sus Playstation 3, sus Xbox 30, sus Wii o sus tableros de ajedrez, según los gustos de cada cual. Habrá muchos países que pedirán su ‘ayuda’, la que estaba bastante alicaída si observamos el descendente stock de préstamos que acaeció en años recientes. Para esos préstamos (‘stand-by’ y otros más extendidos) actualmente disponen de US$ 250.000 millones, que no es mucho, pero que les permite otorgar ‘sellos de garantía’ a los países y organismos que requieren fondos para sanear sus brechas externas. Acaban de otorgarle préstamos contingentes por US$ 16.000 millones a cada uno, tanto a Hungría, como a Ucrania… y la cola de demandantes es bastante extensa, entre los cuales ocupan los primeros lugares Islandia y Paquistán.


También es interesante que el FMI nuevamente intervenga en los debates y conciliábulos internacionales, de donde había desaparecido últimamente, precisamente porque no calibró la gravedad de la crisis. El Directorio Ejecutivo, como se les observa afanosos a sus miembros en la fotografía adjunta, se reúne prácticamente todos los días, cuando en otros tiempos solo lo hacía los miércoles.





jueves, noviembre 06, 2008

Marx Redivivus


Corría el año 1974. El precio del barril del petróleo se cuadruplicó, golpeando a las economías oro-negro-dependientes, incluida la norteamericana donde la situación venía agravada por los gastos de la guerra de Vietnam (1963-1973) y, aunque usted no lo crea, por el aumento del precio de la harina de pescado peruana. Con lo que se desató una ‘estancflación’: Después de crecer al 5,8% en 1973, llegó la recesión de 1974 (-0,5%) y de 1975 (-0,2%), renuncia de Nixon incluida, paralelamente a la cual la inflación se disparó del 3,3% en 1973 al 11% en 1974 y al 9,1% en 1975. Los desempleados aumentaron de 4,4 millones a 5,2' en 1974 y a 7,9' en 1975. Quienes hacíamos nuestros pininos en el doctorado, con beca en dólares -que debían cambiarse a francos suizos- veíamos que nuestro presupuesto se deshacía como la nieve primaveral sobre la que esquiábamos los fines de semana en las estribaciones alpinas.


A la sazón estudiábamos fascinados a Milton Friedman y Friedrich von Hayek, quienes de alguna manera tenían una explicación para esa curiosa combinación de inflación con recesión que campeaba a escala mundial y que no cuadraba con el paradigma keynesiano, ni para explicarla, ni para enfrentarla.


Sorprendentemente, sin embargo, unas aulas más allá y también en los demás países de habla alemana (y en Francia seguramente también) los empresarios se aglomeraban en seminarios, talleres y coloquios para estudiar nada menos que “Das Kapital”, cuyos voluminosos tres tomos se vendían como pan caliente. Querían entender cómo funcionaba el capitalismo, tratándose de uno de los pocos autores que lo entendía realmente. Recordemos que Marx había escrito himnos en homenaje a los empresarios capitalistas, como en el famoso “Manifiesto” (1848) que redactó al alimón con su colega empresario Friedrich Engels, en el que se lee nada menos que:


“En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por ensalmo. ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?”


Así se entiende también porqué ese fenómeno se viene repitiendo en Europa y los EEUU desde que reventara la burbuja hipotecaria el año pasado. Las ventas de las obras de Marx se han triplicado (ciertamente a escala infinitesimal respecto a los 900.000 ejemplares que se vendieron en Alemania el año pasado de Harry Potter 7), porque muchos buscan entender las peripecias de este chúcaro sistema capitalista que nadie sabe bien de donde viene, adonde va, ni cómo, ni cuándo.


Por cierto, gracias a la caída de los muros europaorientales, ya no es pecaminoso nombrar a Marx, al que leen incluso inversionistas y banqueros de cuello blanco. Más asombrosa aún es la reciente declaración de Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC): “Actualmente, si se quiere analizar el capitalismo de mercado mundializado lo esencial de la caja de herramientas reside en lo que Marx y algunos de sus inspiradores escribieron”. Por si fuera poco, un senador norteamericano ha propuesto convertir en curso universitario obligatorio la “Crítica a la Economía Política”. Finalmente, hasta el archiconservador Ministro de Economía alemán, en entrevista concedida al semanario ‘Der Spiegel’, ha declarado que “en general, hay que admitir que ciertas partes de la teoría de Marx no son nada despreciables”.


De manera que, como van las cosas, estamos convencidos que la CADE del próximo año versará precisamente sobre las lecciones de Marx, aderezadas quizás con las de Schumpeter, dado que ambos tenían un conocimiento profundo del sistema y que, además, consideraban que fuerzas endógenas a su propio funcionamiento acabarían con él, dadas ciertas condiciones, si bien por razones muy distintas. De manera que con esos conocimientos el joven e innovador empresariado peruano estaría en condiciones de establecer las bases para el desarrollo de una auténtica economía de mercado en el país, bastante distinta al chicha-capitalismo que siempre nos ha estado meciendo, llevándonos de tumbo en tumbo.


P.D.: Acabo de descubrir que no hace mucho se había escrito un artículo con el mismo título que yo usé hoy, aparte de que es mucho más ilustrativo, informado e interesante que el mío. Véase:

Emanuel L. Paparella, “Marx Redivivus: Socialism for the Rich and Capitalism for the Poor”, setiembre 29 , 2008 (www.ovimagazine.com/art/3554).


***


P.D. (abril 27, 2009): Hoy salió publicado el siguiente artículo relacionado con los anteriores:


Fuente: Foreign Policy (www.foreignpolicy.com/story/cms.php?story_id=4856).

Thoroughly Modern Marx

By Leo Panitch

May/June 2009

Lights. Camera. Action. Das Kapital. Now.

Related: Confessions of a True Believer, By John Judis

The economic crisis has spawned a resurgence of interest in Karl Marx. Worldwide sales of Das Kapital have shot up (one lone German publisher sold thousands of copies in 2008, compared with 100 the year before), a measure of a crisis so broad in scope and devastation that it has global capitalism—and its high priests—in an ideological tailspin.

Yet even as faith in neoliberal orthodoxies has imploded, why resurrect Marx? To start, Marx was far ahead of his time in predicting the successful capitalist globalization of recent decades. He accurately foresaw many of the fateful factors that would give rise to today’s global economic crisis: what he called the “contradictions” inherent in a world comprised of competitive markets, commodity production, and financial speculation.

Penning his most famous works in an era when the French and American revolutions were less than a hundred years old, Marx had premonitions of AIG and Bear Stearns trembling a century and a half later. He was singularly cognizant of what he called the “most revolutionary part” played in human history by the bourgeoisie—those forerunners of today’s Wall Street bankers and corporate executives. As Marx put it in The Communist Manifesto, “The bourgeoisie cannot exist without constantly revolutionizing the instruments of production, and thereby relations of production, and with them the whole relations of society. . . . In one word, it creates a world after its own image.”

But Marx was no booster of capitalist globalization in his time or ours. Instead, he understood that “the need for a constantly expanding market for its products chases the bourgeoisie over the whole surface of the globe,” foreseeing that the development of capitalism would inevitably be “paving the way for more extensive and exhaustive crises.” Marx identified how disastrous speculation could trigger and exacerbate crises in the whole economy. And he saw through the political illusions of those who would argue that such crises could be permanently prevented through incremental reform.

Like every revolutionary, Marx wanted to see the old order overthrown in his lifetime. But capitalism had plenty of life left in it, and he could only glimpse, however perceptively, the mistakes and wrong turns that future generations would commit. Those of us now cracking open Marx will find he had much to say that is relevant today, at least for those looking to “recover the spirit of the revolution,” not merely to “set its ghost walking again.”

If he were observing the current downturn, Marx would certainly relish pointing out how flaws inherent in capitalism led to the current crisis. He would see how modern developments in finance, such as securitization and derivatives, have allowed markets to spread the risks of global economic integration. Without these innovations, capital accumulation over the previous decades would have been significantly lower. And so would it have been if finance had not penetrated more and more deeply into society. The result has been that consumer demand (and hence, prosperity) in recent years has depended more and more on credit cards and mortgage debt at the same time that the weakened power of trade unions and cutbacks in social welfare have made people more vulnerable to market shocks.

This leveraged, volatile global financial system contributed to overall economic growth in recent decades. But it also produced a series of inevitable financial bubbles, the most dangerous of which emerged in the U.S. housing sector. That bubble’s subsequent bursting had such a profound impact around the globe precisely because of its centrality to sustaining both U.S. consumer demand and international financial markets. Marx would no doubt point to this crisis as a perfect instance of when capitalism looks like “the sorcerer who is no longer able to control the powers of the netherworld whom he has called up by his spells.”

Despite the depth of our current predicament, Marx would have no illusions that economic catastrophe would itself bring about change. He knew very well that capitalism, by its nature, breeds and fosters social isolation. Such a system, he wrote, “leaves no other nexus between man and man than naked self-interest, than callous ‘cash payment.’” Indeed, capitalism leaves societies mired “in the icy water of egotistical calculation.” The resulting social isolation creates passivity in the face of personal crises, from factory layoffs to home foreclosures. So, too, does this isolation impede communities of active, informed citizens from coming together to take up radical alternatives to capitalism.

Marx would ask first and foremost how to overcome this all-consuming social passivity. He thought that unions and workers’ parties developing in his time were a step forward. Thus in Das Kapital he wrote that the “immediate aim” was “the organization of the proletarians into a class” whose “first task” would be “to win the battle for democracy.” Today, he would encourage the formation of new collective identities, associations, and institutions within which people could resist the capitalist status quo and begin deciding how to better fulfill their needs.

No such ambitious vision for enacting change has arisen from the crisis so far, and it is this void that Marx would find most troubling of all. In the United States, some recent attention-getting proposals have been derided as “socialist,” but only appear to be radical because they go beyond what the left of the Democratic Party is now prepared to advocate. Dean Baker, codirector of the Center for Economic and Policy Research, for example, has called for a $2 million cap on certain Wall Street salaries and the enactment of a financial transactions tax, which would impose an incremental fee on the sale or transfer of stocks, bonds, and other financial assets. Marx would view this proposal as a perfect case of thinking inside the box, because it explicitly endorses (even while limiting) the very thing that is now popularly identified as the problem: a culture of risk disassociated from consequence. Marx would be no less derisive toward those who think that bank nationalizations—such as those that took place in Sweden and Japan during their financial crises in the 1990s—would amount to real change.

Ironically, one of the most radical proposals making the rounds today has come from an economist at the London School of Economics, Willem Buiter, a former member of the Bank of England’s Monetary Policy Committee and certainly no Marxist. Buiter has proposed that the whole financial sector be turned into a public utility. Because banks in the contemporary world cannot exist without public deposit insurance and public central banks that act as lenders of last resort, there is no case, he argues, for their continuing existence as privately owned, profit-seeking institutions. Instead they should be publicly owned and run as public services. This proposal echoes the demand for “centralization of credit in the banks of the state” that Marx himself made in the Manifesto. To him, a financial-system overhaul would reinforce the importance of the working classes’ winning “the battle of democracy” to radically change the state from an organ imposed upon society to one that responds to it.

“From financialisation of the economy to the socialisation of finance,” Buiter wrote, is “a small step for the lawyers, a huge step for mankind.” Clearly, you don’t need to be a Marxist to have radical aspirations. You do, however, have to be some sort of Marxist to recognize that even at a time like the present, when the capitalist class is on its heels, demoralized and confused, radical change is not likely to start in the form of “a small step for the lawyers” (presumably after getting all the “stakeholders” to sit down together in a room to sign a document or two). Marx would tell you that, without the development of popular forces through radical new movements and parties, the socialization of finance will fall on infertile ground. Notably, during the economic crisis of the 1970s, radical forces inside many of Europe’s social democratic parties put forward similar suggestions, but they were unable to get the leaders of those parties to go along with proposals they derided as old-fashioned.

Attempts to talk seriously about the need to democratize our economies in such radical ways were largely shunted aside by parties of all stripes for the next several decades, and we are still paying the price for marginalizing those ideas. The irrationality built into the basic logic of capitalist markets—and so deftly analyzed by Marx—is once again evident. Trying just to stay afloat, each factory and firm lays off workers and tries to pay less to those kept on. Undermining job security has the effect of undercutting demand throughout the economy. As Marx knew, microrational behavior has the worst macroeconomic outcomes. We now can see where ignoring Marx while trusting in Adam Smith’s “invisible hand” gets you.

The financial crisis today also exposes irrationalities in realms beyond finance. One example is U.S. President Barack Obama’s call for trading in carbon credits as a solution to the climate crisis. In that supposedly progressive proposal, corporations that meet emissions standards sell credits to others that fail to meet their own targets. The Kyoto Protocol called for a similar system swapped across states. Fatefully however, both plans depend on the same volatile derivatives markets that are inherently open to manipulation and credit crashes. Marx would insist that, to find solutions to global problems such as climate change, we need to break with the logic of capitalist markets rather than use state institutions to reinforce them. Likewise, he would call for international economic solidarity rather than competition among states. As he put it in the Manifesto, “United action, of the leading . . . countries, at least, is the first condition for the emancipation of the proletariat.”

Yet the work of building new institutions and movements for change must begin at home. Although he made the call “Workers of the world, unite!” Marx still insisted that workers in each country “first of all settle things with their own bourgeoisie.” The measures required to transform existing economic, political, and legal institutions would “of course be different in different countries.” But in every case, Marx would insist that the way to bring about radical change is first to get people to think ambitiously again.

How likely is that to happen? Even at a moment when the financial crisis is bleeding dry a vast swath of the world’s people, when collective anxiety shakes every age, religious, and racial group, and when, as always, the deprivations and burdens are falling most heavily on ordinary working people, the prognosis is uncertain. If he were alive today, Marx would not look to pinpoint exactly when or how the current crisis would end. Rather, he would perhaps note that such crises are part and parcel of capitalism’s continued dynamic existence. Reformist politicians who think they can do away with the inherent class inequalities and recurrent crises of capitalist society are the real romantics of our day, themselves clinging to a naive utopian vision of what the world might be. If the current crisis has demonstrated one thing, it is that Marx was the greater realist.

Leo Panitch is Canada research chair in comparative political economy and distinguished research professor of political science at York University in Toronto, and coeditor of the annual Socialist Register.