martes, junio 16, 2009

Para proteger la Amazonía: Aprender del Ecuador

Nadie en su sano juicio le propondría a gobierno alguno que deje sin explotar los recursos petroleros o mineros que posee en el subsuelo. Sin embargo, Alberto Acosta, exministro de Energía del Ecuador y expresidente de la Asamblea Constituyente, ha venido proponiendo esta aparentemente peregrina idea desde 2006. En su propuesta, dada a conocer en 2007 por el presidente Correa en las NNUU, se trataría de dejar de explotar un bolsón de petróleo de 846 millones de barriles de crudos pesados (14,7° API). Aledaño a la frontera noreste del Perú, ese campo ubicado en una reserva natural se explotaría durante trece años, a razón de 107.000 barriles diarios, los que rendirían utilidades netas por un promedio de 800 millones de dólares anuales.


Partiendo de esos datos, lo que se propone es que al Ecuador se le pague anualmente al menos la mitad de esas ganancias por el hecho de mantener enterrado el oro negro. Ese dinero se 'recaudaría', a partir del principio de la co-responsabilidad, por el patrocinio de gobiernos y personas que apuestan por la iniciativa. Otras fuentes podrían consistir en negociar certificados de carbono o en un masivo canje de deuda externa. Con esa suma se crearía un fondo, manejado a través de un fideicomiso, destinándolo a obras sociales, de ecoturismo, de conservación del medio ambiente, de reforestación y piscigranjas, así como para el desarrollo de fuentes alternativas de energía.


Desenterrar el petróleo en esa zona, al envenenar sus ricas aguas y frágiles suelos, arruinaría su flora y fauna -una de las más biodiversas del planeta-, perjudicando el sustento e integridad de las comunidades nativas huaorani que la ocupan. A pesar de que éstas no tienen voz y voto, con lo que no le rinden rédito político alguno al gobierno, éste viene asumiendo su defensa, con lo que evitaría la emisión de unos 400 millones de toneladas de dióxido de carbono.


Aunque no se le entregue la contraprestación mencionada, el gobierno ofrece seguir adelante… aunque esto aún está por verse, tanto por la enorme presión que están ejerciendo las corporaciones hidrocarburíferas para hacerse de ese lote, como por el hecho de que –según información de este diario- “la semana pasada, en la conferencia de la ONU sobre el clima que tuvo lugar en Bonn, varios países industrializados se mostraron poco dispuestos a cortar drásticamente sus emisiones de CO2”.


De esta manera, el gobierno ecuatoriano se ocuparía de uno de los más importantes 'bienes públicos globales', el equilibrio ambiental global. Además, de tener éxito este esfuerzo y otros que lo sigan, contribuirían a aumentar el precio internacional del petróleo, con lo que se acelerarían los esfuerzos para sustituir las energías sucias.


¿No cree usted que eso es suficiente para pedir esa pequeña suma anual de 400 millones de dólares a la comunidad internacional? ¿No es sumamente 'rentable' ese gasto a cambio de que se respete el medio ambiente en un mundo que cada vez sufre más de la petrodependencia y su nefasto impacto climático? ¡Cuánto podríamos aprender en el Perú y los demás países amazónicos de este caso paradigmático de repercusión mundial! Nos obligaría a pensar más allá del estrecho horizonte de nuestros gobiernos que solo contemplan el verdor del dólar frente al que nos ofrece la selva amazónica, aunque ambos estén cada vez más quemados.


P.D.:

Véase un comentario-informe reciente sobre el tema: “Trees or Oil”, en The Economist, Julio 2, 2009 (www.economist.com/world/americas/displaystory.cfm?story_id=13956307). Lo que significa que la iniciativa está pegando a nivel mundial.



An ambitious scheme to save pristine forest starts to take shape



THOUGH half of Ecuador lies in the Amazon basin, its rainforest is shrinking faster than in neighbouring countries (by 1.67% a year). It has been ravaged by logging, poachers and oil extraction. Settlers have streamed in to carve out a precarious life. Over the past decade they have been joined by thousands of refugees fleeing violence in Colombia, as well as guerrillas and drug traffickers who inflict it. Native tribes have been uprooted, forced deeper into the forest or have disappeared.

The government of President Rafael Correa now wants help to keep pristine one of Ecuador’s most important remaining jungle areas, in the Yasuní national park. In a corner of the park known as ITT (after the Ishpingo, Tambococha and Tiputini rivers) lies an oilfield which preliminary seismic studies show holds almost 846m barrels of oil, or around 20% of Ecuador’s reserves. The ITT area is unusually biodiverse. It is thought to be home to several hundred tribesmen who shun the modern world and whose way of life is protected under a new constitution promoted by Mr Correa.

Oil companies, including Spain’s Repsol and Chinese-owned Andes Petroleum, are already extracting about 59,000 barrels a day elsewhere in the Yasuní park. Repsol tightly controls access to its field, keeping out would-be colonists. Further east, Petroecuador, the state oil company and the country’s worst polluter, is developing a block adjacent to ITT.

In 2007 when Mr Correa first mooted the idea that the world should pay Ecuador not to exploit the ITT oil this was widely dismissed as half-baked. Under the influence of a group of politicians from across the spectrum and environmentalists the idea is gaining flesh and credibility.

It now centres on issuing bonds for the value of the carbon emissions avoided by not burning the oil and by preserving the forest. These would be worth up to $5.2 billion at the current carbon price in the European emissions’ market. The money would be lodged in a trust fund managed by international bodies such as the Inter-American Development Bank, and spent on alternative-energy projects in Ecuador. Bondholders would have a say in how the money is spent.

Last year Germany agreed to give €300,000 ($425,000) for feasibility studies, and last month reiterated its support. The scheme will go ahead once the first $350m is raised, says Roque Sevilla, a former mayor of Quito who is promoting it. The hope is that most of this money will come from European governments. If a future government in Ecuador opted to exploit the oil, it would have to repay the bondholders with interest, says Francisco Carrión, a former foreign minister who is another of the promoters.

He accepts that the main obstacle is Ecuador’s poor reputation. In December the government defaulted on $3.2 billion in bonds—the third default in as many decades. As a result of Mr Correa’s expansionist fiscal policy, Ecuador risks running out of foreign-exchange reserves, increasing the temptation to tap the oil. Nevertheless, the Yasuní-ITT initiative, as it is called, is now worth a closer look.