miércoles, julio 15, 2009

¡Aplanemos los Andes y enderecemos los ríos!

Si podemos creerle a las estadísticas oficiales, el año pasado la pobreza en la sierra alcanzó a un 56% de la población y en la selva 41% (costa: 24%), lo que –entre otros muchos factores- se debe a la inexistencia o la precariedad de sus vías de transporte y a los escarpados tramos que impone la geografía para remontar la cordillera. Imaginemos que estas se construyan y arreglen o asfalten y que, además, se consigan los camiones, ferrocarriles y vapores más modernos para trasladar las mercancías de esas regiones a la costa, a otras zonas del país o al extranjero: ¿Se resolvería el problema? En parte quizás porque efectivamente se reducirían los costos de transporte, aunque muy bien podría suceder que bajen los precios de los recursos naturales en bruto que se exportarían. Por tanto, ¿no habría algunas otras formas complementarias que permitan bajar costos y mejorar la distribución y comercialización nacional e internacional de las mercancías que provienen de esas lejanas comarcas?

Javier Iguiñiz, economista de la PUCP, se ha planteado esta interrogante hace buen tiempo (“El Dominical” de El Comercio, noviembre 3, 1996), ofreciendo una fórmula ingeniosa que nos parece adecuada para contribuir a responderla afirmativamente. Se trataría de añadirle valor in situ a los recursos naturales que poseen en abundancia esas regiones, tales como –aparte de los minerales- madera, tubérculos, frutas, plantas medicinales, peces, ganado y demás.

Es decir, en vez de ‘exportar’ la materia prima en bruto, se la transformaría para convertirla en un nuevo producto de mayor valor y menor peso por unidad, con lo que bajaría notablemente el costo de transporte, aumentando su competitividad. Ello les permitiría competir con otros oferentes –digamos que de la propia costa- que tienen gastos de distribución menores por estar ubicados más cerca de los grandes mercados, que es una de sus mayores ventajas. En efecto, incluso con papas y papayas (que además son de de menor calidad) pueden sacar del mercado a las que llegan de Huancavelica, Chumbivilcas o Vilquechico.

Son muchos los productos originarios de sierra y selva que podrían -¡deberían!- transformarse antes de transportarse, con lo que se “Aplanarían los Andes”, aproximando literalmente sus vías de acceso a los mercados, casi como si dispusieran de la chata y lineal carretera Panamericana. ¿Por qué seguir despachando madera en bruto o burdamente aserrada desde la sierra y selva para que nuestra caoba y cedro se conviertan en muebles italianos o los ceticos y eucaliptos en celulosa primero y en papel después? ¿Por qué no separar una pequeña parte del oro que se explota para que nuestros artesanos la conviertan en joyas o producción de monedas (a instancias del BCR) que ahora se la dejamos a los suizos? ¿Por qué van a seguir vendiendo a precios miserables su cochinilla seca a quienes la llevan a sus casas matrices para convertirlos en valiosísimos colorantes naturales para teñir sus ropas o para darle color a los labios femeninos y a los que gustan del Campari?

Lo mismo se aplica a las hierbas medicinales que reempacan y obtienen valor en Lima, o a la lana de los auquénidos y la leche vacuna que se trabajan en la ciudad de Arequipa, o a las frutas cuyos subproductos (mermeladas, jugos, conservas) bien podrían producirse descentralizadamente y que por lo demás ahora se pudren en cantidades inimaginables, etc. Además, como diría Iguiñiz, en base a esa idea también se podría “enderezar los ríos”, comenzando –es un decir- por el serpenteante Ucayali, para que nuevos productos pucallpinos –otro decir- y sus alrededores lleguen a Iquitos a buen precio, por no decir a Manaos y Europa, que se les 'aproximarían' con la venta de insumos sofisticados o productos elaborados de consumo final.

Obviamente, para materializar esta propuesta, en un inicio las comunidades andinas y tropicales requieren del sostenido apoyo de la cooperación internacional y las malhadadas ONGs, tanto para facilitarles crédito y capacitación, como para asistirlos en el diseño de tecnologías adaptadas y la venta de la marca, entre otros. A este respecto el paradigma de las CITEs, tan abandonadas por el gobierno, sería un ejemplo por aplicar, generando cadenas productivas y economías de escala, preferentemente insertadas en los valles interandinos.

Por lo demás, los productores desperdigados –característica de esas regiones- bien podrían organizarse en cooperativas para alcanzar los volúmenes requeridos, para lo que también podrían utilizar los fondos del canon, las regalías y el óbolo minero que les corresponda. Finalmente, por algún tiempo, el gobierno podrá otorgarles exoneraciones tributarias y/o subsidios.

Sólo entonces, si comenzamos hoy, en unos 20 años podremos hablar de una auténtica descentralización, aquella apoyada –ya no solo en lo administrativo y fiscal- en la producción de alto valor y bajo peso, con empleo calificado y masivo. La masiva migración campo-ciudad que abarrota aún más las urbes costeñas se restringiría y, seguramente, crecerían las ciudades intermedias e incluso podrían surgir algunas nuevas. Nada cuesta soñar, pero estamos convencidos que la flamante nueva ministra de la producción asumirá ese reto.

4 comentarios:

Leonel dijo...

Muy interesante la propuesta, si hubiera un poco de conciencia social en nuestra decadente clase política que dirige nuestro querido Perú, difícil de poder desarrollar proyectos que beneficien a comunidades pequeñas. Como dice nada cuesta soñar.

Raúl Mauro dijo...

Espero que el optimismo, que también comparto, de la nueva cartera a gestionar por Meche no se tope con los límites de su presupuesto.

Juana B. dijo...

La propuesta es inteligente, realista y totalmente pertinente. Para hacerla avanzar es imprescindible una cosa: que nuestros "decididores" peruanos acepten adoptar HOY medidas basadas en una visión y una planificación de mediano y largo plazo (una disciplina mucho más seria que quedarse en la exportación masiva de productos sin transformar, con retornos financieros rápidos para el Estado pero costos secundarios altísimos para el país de mañana). Para que los "decididores" caminen, el primer paso es que muchos peruanos abran los ojos y exijan lucidez de largo plazo a sus dirigentes. Profesores: Manos a la obra !

Joseph & Sons SAC dijo...

Por que no difundir este tipo de
ideas de gran nivel y solo limitarnos
a un grupo reducido, entre los que me
considero un previligiado