miércoles, octubre 21, 2009

Capacidad Ociosa en el Consumo


Es bien conocido el concepto de “Capacidad Ociosa en la Producción”, entendida como la condición micro o macroeconómica en la que no se utilizan plenamente los recursos de producción disponibles, especialmente el capital. Por ineficiencia, malinformación o falta de demanda se produce por debajo de los niveles de la capacidad instalada de la empresa o de la economía nacional. En contraste, curiosamente, en el léxico económico no encontrará usted la noción de “Capacidad Ociosa en el Consumo” (COC), que podría definirse como la enorme cantidad de dinero y recursos que se desperdician por subutilizar, malgastar o desechar bienes y servicios de consumo adquiridos por las familias.

Son muchos tipos de mercancías a las que se puede aplicar este concepto, desde bienes perecibles, pasando por los duraderos, hasta llegar a los servicios. Piense usted, aparte de los envases, en la cantidad de ropa, calzado, libros, juguetes, papel, medicamentos y demás que usted ya no usa, que están en buen o regular estado y que guarecen almacenados o terminan en la basura. Más grave aún: ¿cuánta agua y cuánta electricidad desperdiciamos irresponsablemente todos los días en nuestras viviendas?

Pero el caso más calamitoso es el desperdicio de alimentos en hogares y restaurantes. A ese respecto, la semana pasada fue presentado ‘El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2009’ de la FAO, en el que consta queen 2009 hay 1.020 millones de personas subnutridas en todo el mundo”. Paralelamente, sin embargo, “45.000 millones de kilos de alimentos (en buen estado) se botan anualmente en países desarrollados”.

Se entiende que lo que sobra de esas mercancías bien podría usarse más plenamente en sí o para otros fines (bionergía, alimento para cerdos y perros, compost, etc.), en el marco de campañas de ‘consumo responsable’. Y, en efecto, más y más grupos e instituciones buscan recolectar y seleccionar la basura para volverla a consumir, sea transformada (reciclaje) o convertida en ‘bienes públicos’. Incluso, teóricamente, es posible reconvertir la Capacidad Ociosa en el Consumo en su desperdicio equivalente en la esfera de la producción, ya que la parte ociosa de los bienes y servicios que adquirimos equivale indirectamente a la pérdida masiva de materias primas, maquinaria, equipo, divisas y esfuerzo humano realizados previamente para producir esas mismas mercancías.

De ahí que una serie de políticas para reducir la COC contribuirían a aminorar, tanto el deterioro del medio ambiente y de la salud humana, como la extinción de recursos naturales no renovables, entre otros efectos perniciosos que generan los desperdicios. De ahí que será necesario convencer a los buenos economistas para que incluyan el concepto en sus textos, dada su importancia cuantitativa y su interés para fines educativos, de política económica y de cambio institucional. Sin embargo, la tarea será ardua, ya que aparentemente el concepto no cabe en el cerebro de quienes consideran que el homo oeconomicus existe; es decir que somos racionales, que estamos perfectamente informados, que siempre elegimos lo que maximiza nuestra utilidad sicológica y que…. ¡Nunca desperdiciamos un ápice de lo que adquirimos!