martes, diciembre 01, 2009

Good Bye, Dubai

To Whom It May Concern:
Dubai es el segundo miembro más importante de “Emiratos Árabes Unidos” (EAU), país creado por siete jeques el día de ayer hace 38 años. Con 4,7 millones de habitantes, cuyo más poderoso emirato es Abu Dabi, isleña capital de esa nación cuyo PBI por habitante es de US$ 55.000.

En Dubai se encontró petróleo en cantidades apreciables en 1966, aunque nimias si las comparamos con el 90% de las reservas que posee Abu Dabi y que alcanzan para lo que resta del siglo. Una vez más se venía cumpliendo ahí la “Maldición de los Recursos Naturales”, que afecta patológicamente a economías en las que el oro negro fluye a borbotones: excesivo endeudamiento público e inversión en elefantes blancos, volatilidad de precios e inestabilidad económica, corrupción y clientelismo, estados autoritarios y concentración de la riqueza.

A fin de evitar esa “paradoja de la abundancia”, Dubai intentó diversificar su economía atrayendo exitosamente inversiones y asumiendo deudas masivas, llegándose a conocer como la Singapur de Medio Oriente. Invirtieron extravagantemente en los sectores financiero, de transportes-comunicaciones y, sobre todo, en el inmobiliario y de turismo: una torre-velero es el primer hotel de 7 estrellas del orbe (ícono de la ciudad), islas artificiales habitables en forma de palmeras y otras que replican el mapamundi (donde uno puede comprarse su propio país si dispone del sencillo necesario), el edificio más alto del mundo (800 metros).

En el extranjero los califas, emires, jeques y sus acólitos de EAU y Dubai compraron parte de la Chrysler-Mercedes y Madame Tussaud (cada uno por US$ 1.500 millones), puertos enteros y empresas de tecnología, mansiones y castillos, Audis forrados con diamantes auténticos y Bentleys pintados con oro blanco. También disponen del único satélite privado de la región y una línea aérea propia.

Fascinados con esa Utopía marítima en el Desierto, los mayores bancos de inversión hicieron fluir gozosos el dinero a ritmos escandalosamente irresponsables desde Europa. Durante cuatro años las propiedades subieron a la estratósfera, hasta que la burbuja reventó durante la segunda mitad del 2008, cayendo 60% respecto al pico de precios alcanzado previamente. La situación se calmó a mediados de este año, aún cuando apenas han vendido un tercio de las islas y un cuarto de las casas y oficinas permanecen desocupadas.

Pero, hoy hace una semana, Dubai anunció que se tomaría unas vacaciones de seis meses durante los cuales no serviría los intereses adeudados, cuando el 14 de este mes debía pagar US$ 3.500 millones. Lo que tenía que venir, a pesar de haber emitido deuda soberana por US$ 15.000 millones durante los últimos meses: habían acumulado deudas por US$ 95.000 millones en el país, 60% de los cuales correspondían a los ‘holding’ cuasi-estatales de Dubai. A pesar de que Abu Dabi anunció que brindaría algún apoyo crediticio, se desató el pánico en medio planeta y la temperatura corporal de los inversionistas subió a los 48 grados Celsius que en el verano son normales en Dubai, más 95% de humedad. 

Cierto que la historia recién comienza, pero no hay duda que el sueño de una noche de verano en Dubai se acabó. Y que no nos sorprenda que ciertas economías del este y centro europeo, así como Grecia, se deslicen por ese mismo despeñadero.