martes, abril 21, 2009

Espíritus Animales

Es ese el título del reciente libro de George Akerlof (Premio Nobel 2001) y Robert Shiller (quien predijo la crisis del ‘dot.com’ y pronto se hará del Nobel), profesores de Berkeley y Yale, respectivamente. En él desarrollan el concepto de “espíritus animales“, que introdujo Keynes en su Teoría General y que les permite responder a una serie de cuestiones que la ortodoxia no alcanza a captar. Según los autores son cinco los espíritus que producen las fluctuaciones económicas: los multiplicadores de la confianza y credibilidad; la mala fé y la corrupción; el rol de la equidad e imparcialidad en la determinación de los precios y salarios; la ilusión monetaria; y, las historias, paradigmas y mitos del entorno social que comparten los agentes económicos para tomar decisiones.


Si bien reconocen el valor de los mercados, consideran que hay que ponerle límites a sus excesos, que se expresan –de tiempo en tiempo- en euforia y manías, culminando en pánico y crisis. Dan así un impulso adicional a la floreciente rama de la “Economía del Comportamiento”, que ya había adquirido un elevado estatus científico cuando se le otorgó el Premio Nobel de Economía al sicólogo Daniel Kahneman en 2002. En tal sentido insisten en lo obvio, pero que ha sido imperdonablemente ignorado en sus detalles y mecanismos de transmisión: La psicología y especialmente la psicología social son indispensables para entender los ciclos económicos y, por tanto, también la crisis financiera por la que atraviesa actualmente la economía global.


Tienen razón los autores al afirmar que, porque estos factores no siempre sean cuantificables y susceptibles de ser incorporados a modelos económicos, no es razón alguna para extirparlos del análisis económico y del diseño de políticas. En todo caso, su contribución se convierte así en un desafío fascinante para la nueva generación de economistas, hartos ya de la ramplona ingenuidad de la teoría económica convencional. Sólo así podemos abordar los temas que ellos tratan en detalle: ¿Por qué las economías sufren depresiones? ¿Por qué hay gente que no puede conseguir trabajo?, ¿Por qué el ahorro para el futuro es tan arbitrario? ¿Por qué los precios de los activos y las inversiones corporativas son tan volátiles? ¿Por qué los mercados inmobiliarios son cíclicos? Y, obviamente, ¿qué hay que hacer para resolver la crisis global actual?


Bastan dos cursos de Macroeconomía y de Teoría de Precios para adquirir la supuesta sabiduría de los economistas contemporáneos, quienes con tanta seguridad pontifican hoy sobre una crisis que no previeron, que no entienden y que no saben como afrontar. En tal sentido, el texto de Akerlof-Shiller llega en el momento preciso para ayudarnos a responder complejas interrogantes que nos interesan a todos. Como tal es un paso gigantesco para reconstruir la ciencia económica sobre nuevas bases, con énfasis en la necesaria interdisciplinariedad. Lo dejo a usted con estas inquietudes, advirtiéndole que no soy agente de ventas de Princeton University Press, editorial que se ha atrevido a publicar este hereje texto, que por lo demás ha sido redactado para ser accesible a todo lector.

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P.D.: Terminada la reseña que figura arriba fue publicado el siguiente texto -de enorme valor- ligado al tema:

La psicología detrás de la crisis financiera

(Fuente: www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1694&language=spanish).

Para explicar la crisis económica actual, el mundo de las finanzas dispone de un léxico particular, del cual forman parte, por ejemplo, los credit default swaps (instrumentos que protegen el acreedor contra el impago), mark to market (ajuste al mercado) y titularización de hipotecas subprime. Los psicólogos, por su parte, suelen recurrir a términos diferentes: esperanza, avaricia y miedo.

El lenguaje de la psicología ayuda a lidiar con el hecho de que tras las estadísticas puras y simples de la caída de los precios de la vivienda y otros indicadores del declive económico existe una masa de gente cuya composición cambia continuamente: propietarios de casas, banqueros, empresarios e inversores poco informados. Se trata, en definitiva, de personas. Y las personas, en general, no suelen prestar atención a los modelos económicos detallados, por lo que hacen cosas irracionales, que no responden a sus mejores intereses y que no están justificados por los números, sino por la emoción.

“Hay hojas de cálculo, estados contables, modelos, reglas y normativas”, señaló Carolyn Marvin, profesora de la Escuela Annenberg de Comunicación de la Universidad de Pensilvania. “Por otro lado, trabajamos también con percepciones de otra naturaleza”.

Se puede decir que la emoción no sólo ha ayudado a empujar a EEUU a la crisis económica actual, sino que también puede estar ayudando a mantener al país en crisis. En un reciente congreso titulado “Crisis de confianza: la recesión y la economía del miedo”, patrocinado por el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pensilvania y por el Centro Psicoanalítico de Filadelfia, un panel interdisciplinario evaluó la psicología que hay detrás del escenario económico actual.

“¿Habría una forma sistemática de reflexionar acerca de nuestros sentimientos cuando se trata de economía?”, se preguntó Marvin, moderadora del panel. La palabra “confianza” admite dos aspectos: optimismo e ilusión. ¿Hay una matriz psicológica en el vocabulario económico? “Los poderes constituidos han evitado hablar de depresión”, dijo Marvin, “un término que describe no sólo el estado actual del mercado, sino también un problema clínico”.

Hay factores psicológicos que actúan detrás de la crisis, fue la conclusión unánime del panel, aunque cada uno de esos factores dé prioridad a un elemento diferente: codicia y exceso de optimismo tras de la burbuja inmobiliaria, ausencia de autocontrol por parte de los consumidores asfixiados en deudas, sentimiento de conmoción y traición por parte de los americanos que pensaban estar haciendo inversiones seguras, pero que se ven ahora frente a un futuro amenazador e incierto.

“Un caso de avaricia”

Al igual que en otras crisis ocurridas a lo largo de la historia, la crisis económica actual comenzó con una burbuja, explica Richard Herring, profesor de Finanzas de Wharton. “Las burbujas suelen tener lugar cuando las personas quieren comprar alguna cosa simplemente porque creen que podrán venderla a un precio mayor. Toda burbuja viene acompañada de un punto de avaricia”.

Las burbujas de bienes inmuebles no son una novedad, dijo Herring, que presentó a continuación un gráfico con precios de inmuebles residenciales a lo largo de 400 años en Herengracht, un área del canal en el centro de Amsterdam. A través de los siglos, los precios de las casas aumentaron anualmente solo un 0,2% de media, “pero, entre un periodo y otro, hubo aumentos del 100% y caídas del 50%. La volatilidad era enorme”.

En el mercado inmobiliario, hay periodos buenos y malos a lo largo de ciclos muy largos, de media, cada 20 años. En consecuencia, cuando los precios de la vivienda caen, pocos se acuerdan de que eso ya ha ocurrido antes. Ése ha sido el caso en la crisis reciente, ya que los precios de las casas subieron sólo entre 1975 y 2006. De acuerdo con Herring, los mercados de bienes inmuebles son muy sensibles a los picos buenos y malos por su propia naturaleza: no existe en el sector un órgano centralizador de informaciones sobre precios. Los costes de las transacciones son altos y las negociaciones son poco frecuentes. Además de eso, el stock de propiedades es relativamente fijo en el corto plazo. Como los ciclos duran décadas, es difícil decir cuánto valdría una propiedad a largo plazo. “No sabemos, de hecho, cuál debería ser el precio, por lo tanto, es siempre difícil decir si estamos ante una burbuja o si está habiendo una simple mejora de los fundamentos de la economía”.

Los altos y bajos en el sector de la vivienda “están casi siempre asociados al desempeño del sistema bancario”, añadió Herring. “Cuando sucede algo bueno en la economía, los precios de los bienes inmuebles tienden a aumentar, y los bancos tienden a apoyar ese movimiento, porque hoy en día las personas tienen garantías”. El optimismo que rodea al aumento de los precios alimenta las ilusiones, y como un número cada vez mayor de inversores principiantes llega al mercado, los precios y el entusiasmo aumentan en la misma proporción. “Se entra en una espiral ascendente que puede llevar al individuo hacia un viaje muy largo durante mucho tiempo. Tal vez esté preguntándose qué papel juegan los supervisores y los órganos reguladores en medio de todo eso. Con frecuencia, suelen apoyar esta situación, porque les gustan los préstamos garantizados por bienes inmuebles, ya que se trata de bienes tangibles”.

Podemos llamar a esa situación “falacia de la tangibilidad equivocada”, comentó Herring al mostrar la diapositiva de un rascacielos inacabado tras un reciente periodo de prosperidad seguido de colapso en Tailandia. “Sin embargo”, añadió, “sería más correcto si nos refiriéramos a esa situación como falacia del hormigón equivocado”. Una vez más, la emoción desempeña un papel significativo en ese ciclo. Las personas sufren de “miopía del desastre”, bien porque no consiguen simplemente imaginar la posibilidad de un colapso económico, o porque creen que la probabilidad de que eso suceda es tan pequeña que no vale la pena preocuparse, dijo Herring.

Continuo aumento del precio de vivienda

“Creo que estamos de acuerdo en el hecho de que el exceso de optimismo tal vez sea en buena parte responsable de la confusión en la que nos metimos”, dijo Jeremy Tobacman, profesor de Negocios y Políticas públicas de Wharton. “Hubo un optimismo creciente respecto a los precios de las viviendas”.

Tobacman citó una investigación de la Case and Shiller, de 2003, sobre el comportamiento de los propietarios de viviendas en cuatro grandes mercados: Boston, Milwaukee, Los Ángeles y San Francisco. En todos esos mercados, más del 80% de los dueños investigados dijeron que, en su opinión, los precios de las casas subirían en el transcurrir de los siguientes años. Cuando les preguntaron cuánto esperaban que los precios subieran los próximos meses, las respuestas variaron, de media, del 7,2%, en Boston, a un 10,5% en Los Ángeles.

“Más sorprendentes aún que las cifras anuales son los números relativos a décadas”, dijo Tobacman. Ante la pregunta: “Con relación a los próximos diez años, ¿cuánto, de media, espera que su inmueble se revalorice anualmente?”, los propietarios de Milwaukee dijeron que esperaban que los precios aumentaran en torno a un 11,7%. En San Francisco, el retorno esperado era del 15,7%.

En general, las personas hacen malas elecciones económicas porque tienen un optimismo exagerado respecto a lo que harán en el futuro, dijo Tobacman. Ellas transfieren, por ejemplo, el saldo de la tarjeta de crédito a tarjetas con tasas de intereses elevados y de largo plazo porque creen que conseguirán pagar todo antes de que expire el plazo de las tasas iniciales más bajas. (La mayoría no lo consigue). Los prestatarios que dejan de pagar los préstamos hechos, generalmente pagan intereses que llegan a un 90% del montante principal del préstamo antes de desistir finalmente y dejar de pagar.

Un estudio hecho en un gimnasio constató que las personas que se ejercitaban cuatro veces al mes, de media, optaron por pagar una cuota de 85 dólares, aunque el gimnasio ofreciera también una cuota de 10 dólares cada vez que se utilizaran sus instalaciones. “Cuando preguntamos a las personas qué piensan hacer, detectamos un rechazo radical en aceptar la realidad”, dijo Tobacman. “Hay una miopía deliberada que nos impide considerar la posibilidad de obtener resultados indeseados”.

En la reciente burbuja, tanto los compradores como los acreedores se comportaron de una manera extremadamente optimista en relación al futuro. Los compradores ignoraron la posibilidad de que tal vez no fueran capaces de mantenerse al día con los pagos porque asumieron que los precios de las casas subirían y ellos conseguirían venderlas o refinanciarlas. Los acreedores, de igual modo, ignoraron la posibilidad de impago porque los precios cada vez más elevados de los inmuebles residenciales habían facilitado la eliminación de préstamos de amortización dudosa de sus libros. Tobacman citó una frase de John Kenneth Galbraith en The great crash, en que el autor narra los eventos que desembocaron en La Gran Depresión: “Los banqueros fueron también fuente de incentivo para aquellos que querían creer en la permanencia del boom. Muchos de ellos abandonaron su papel histórico de guardianes del pesimismo fiscal de la nación y gozaron de un breve intervalo de optimismo”.

Tobacman añadió: “La cuestión es la siguiente: ¿cuándo, exactamente, ese ímpetu poderoso de creer en un futuro de color de rosa es corregido por el mercado y cuándo está fuera de control?”

La explosión de la deuda del consumidor que está detrás de la crisis es también una cuestión de autocontrol, observó Angela Lee Duckworth, de la Universidad de Pensilvania. “Aplazar la gratificación es un problema perenne para el ser humano. Todos luchamos, desde niños hasta la vejez, incluso los más sabios, con el problema del autocontrol”.

Duckworth definió el autocontrol como la habilidad de negociar una situación en la que hay dos elecciones, siendo una de ellas obviamente superior. La otra elección, sin embargo, es más tentadora. Una persona a dieta, por ejemplo, ante de un pastel de chocolate sabe que es mejor no comerlo, pero lo come. En el caso de la burbuja inmobiliaria, los compradores de viviendas no fueron capaces de recurrir al autocontrol en el momento en que decidieron comprar casas mayores cuyos precios no estaban a su alcance. Los acreedores dejaron de ejercer el autocontrol cuando decidieron costear hipotecas dudosas a cambio de ingresos bancarios de corto plazo.

Durante años, los americanos ahorraron poco y consumieron mucho, dijo Duckworth. La profesora llamó la atención sobre la conclusión de un editorial reciente de The Wall Street Journal escrito por Steven Gjerstand, investigador asociado de la Universidad Chapman, y Vernon L. Smith, profesor de Economía de la Universidad Chapman y ganador del Premio Nobel de 2002: “Una crisis financiera con origen en la deuda del consumidor, sobre todo tratándose de una deuda con un mayor peso en la parte más modesta de la distribución de riqueza y de renta, repercute rápidamente y con gran impacto en el sistema financiero. Parece que estamos asistiendo al segundo gran colapso de la deuda del consumidor, el fin de un atracón inmenso de consumo”, decía el editorial.

Duckworth añadió: “Parece que mi padre tenía razón cuando, en torno a la mesa a la hora de cenar, decía que ‘los americanos estaban viviendo más allá de sus posibilidades. Creo que era eso. Creo que, en parte, eso se debe al hecho de que todos los seres humanos desean vivir de esa manera”.

El autocontrol es una actitud que cambia drásticamente con el paso del tiempo, según explica Duckworth. Esto ocurre porque el córtex prefrontal, el área del cerebro que permite a los seres humanos controlar los impulsos y aplazar el placer, madura más despacio que otras partes del cerebro. “Las regiones subcorticales y el tronco cerebral ya comienzan a funcionar, aunque no totalmente, al nacer, o poquísimo tiempo después de eso [...] Por lo tanto, la emoción y el impulso en esas áreas entran en funcionamiento inmediatamente y a todo ritmo”, dijo. Pero, el córtex prefrontal sólo alcanza el desarrollo pleno en una edad más madura: más o menos entre los 30 años y, posiblemente, cerca de los 50.

“Existe un desfase entre emociones e impulsos [...] y es preciso esperar hasta que el individuo alcance por lo menos 25 años para que el córtex frontal esté en plena forma para derrotar los deseos más instintivos”.
Estudios realizados por el psicólogo Walter Mischel para evaluar en qué medida un niño en edad preescolar es capaz de aplazar con éxito el deseo de gratificación (debe escoger entre comer un dulce ahora o dos más tarde) pronosticaron una serie de resultados que se hicieron realidad más tarde en su vida: desde cosas como la puntuación obtenida en pruebas decisivas para su carrera estudiantil hasta la probabilidad de divorcio y uso de cocaína, observó Duckworth. “Creo que descubrimientos de ese tipo, que creían casi inimaginables, son, en realidad, bastante creíbles, ya que Walter Mischel fue capaz de destilar en una simple prueba el dilema humano clásico al que todos nos enfrentamos diariamente: ¿más después o un poquito ahora?”
Ésos y otros estudios sobre la satisfacción aplazada mostraron que la autodisciplina es un factor de enorme importancia en el pronóstico de éxito futuro, más que otros factores como el coeficiente intelectual, dijo Duckworth. Una mejor comprensión de la psicología del autocontrol podría ayudar en la creación “de políticas gubernamentales que, aparentemente, serían capaces de acomodar las realidades de la naturaleza humana”.

Una cuestión de confianza

“¿Qué sucede cuando la burbuja estalla, ya que el desenlace no puede ser otro?”, se preguntó Herring. El péndulo vuelve al otro extremo. “Las personas descubren fácilmente que al mercado le pueden suceder cosas malas y se retiran. Ellas tienden a exagerar en la dosis, se vuelven extremadamente aversas al riesgo durante mucho tiempo hasta que se convencen finalmente de que los activos inmobiliarios merecen su confianza otra vez”.

De acuerdo con David M. Sachs, analista del Centro Psicoanalítico de Filadelfia, la crisis actual no es de confianza, sino de responsabilidad. “Prácticas financieras abusivas han prosperado libremente sin que las amarras del control moral personal impidieran el comportamiento criminal individual, como en el caso de Bernard Madoff, así como manipulaciones financieras complejas, como en el caso de AIG”. El público, que esperaba ser protegido de tales abusos, fue víctima de un trauma que le infligió un sentimiento de abandono semejante al que siguió al 11 de septiembre. “Las expectativas normales de lo que se considera seguro y confiable fueron abruptamente sacudidas”, observó Sachs. “Como suele suceder en situaciones post-traumáticas, planear el futuro no es algo que se pueda hacer en base a presuposiciones antiguas sobre lo que se considera seguro y lo que se considera peligroso. Hubo una inversión radical de cómo debe ocurrir la gratificación”.

Hoy en día, las personas se sienten mejor ahorrando que gastando, dijo Sachs. Ellas tienen dificultad en confiar en las promesas del Gobierno porque se sienten abandonadas por él.

Ese argumento nació de una paciente ficticia llamada Betty Q. Public, una bibliotecaria con dos hijos adolescentes casada con John, que fue despedido recientemente de su empleo. “Ella se sentía traicionada porque había invertido, junto con su marido, de manera conservadora, pero fueron engañados por hombres de negocios deshonestos y ambiciosos. Ahora, ella ya no confía en el Gobierno, porque no la protegió de la deshonestidad de las empresas. Y no sólo eso: ella tampoco cree que las cosas puedan cambiar de rumbo rápidamente, de tal modo que ella y su marido puedan alcanzar las metas que habían establecido anteriormente.

“Incluso sin ser experta en economía, ella sabía que [...] algunas personas se habían enriquecido enormemente haciendo mal uso del dinero ajeno, inclusive el de ella”, dijo Sachs. “En suma, John y Betty hicieron todo de forma correcta y estaban siendo castigados, mientras otros, que actuaron de mala fe, seguían sin castigo alguno”.

Ayudar a alguien a recuperarse de una experiencia traumática es una analogía muy buena, porque permite entender lo que se debe hacer para ayudar a la economía a recuperarse de su experiencia traumática, resaltó Sachs. El público debe “llamar a la responsabilidad a los autores del desastre económico y tomar las medidas necesarias para que no se perjudique a la economía de nuevo”. Además de eso, es preciso que el público tenga pruebas de que los líderes del Gobierno y de las empresas han cambiado de comportamiento para que puedan confiar en ellos nuevamente, dijo.

“Una vez traumatizada la persona, toda promesa [...] le parece peligrosa —indigna de confianza— porque para creer es preciso confiar”, dijo Sachs. “Es la víctima la que tiene que decidir en qué momento podrá confiar de nuevo. Eso lleva tiempo”.

Publicado el: 22/04/2009

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P.D. (abril 23, 2009): Otro artículo de gran interés sobre el tema:


Irrational everything

By Guy Rolnik (abril 10, 2009):

Fuente: Haaretz (www.haaretz.com/hasen/spages/1077151.html).




Prof. Daniel Kahneman has dozens, perhaps hundreds, of stories about people's irrational behavior when it comes to making economic decisions. It's no wonder, because for dozens of years he and his late colleague Amos Tversky researched human behavior. Many of their studies concerned the making of financial decisions.

But the story Kahneman recalls when asked about the economic models at the root of the current financial crisis is actually taken from history, not an experiment. It concerns a group of Swiss soldiers who set out on a long navigation exercise in the Alps. The weather was severe and they got lost. After several days, with their desperation mounting, one of the men suddenly realized he had a map of the region.
They followed the map and managed to reach a town. When they returned to base and their commanding officer asked how they had made their way back, they replied, "We suddenly found a map." The officer looked at the map and said, "You found a map, all right, but it's not of the Alps, it's of the Pyrenees."

According to Kahneman, the moral of the story is that some of our economic models, perhaps those of the investment world, are worthless. But individual investors need security - maps of the Pyrenees - even if they are, in effect, worthless.

I first came to know Kahneman's work some 17 years ago, when I was studying for my bachelor's degree in economics at Tel Aviv University and took a course on the psychology of economics. At the time, Kahneman's course was considered entertaining and interesting, but marginal compared to "serious" economics courses, in which students learn that individuals make decisions rationally.

Kahneman and Tversky demonstrated, however, after many experiments done over many years, that individuals are irrational. Not only are they irrational, it's even possible to predict the irrational manner in which they will make economic decisions. Kahneman and Tversky found that people do not gather data in a systematic or statistical way, but usually make economic decisions based on "rules of thumb" - heuristics, to borrow the term they used.

For example, let's take two groups of people and ask the first if the tallest tree in the world is taller than 300 meters. Then let's ask them how tall the tallest tree in the world is. Then we repeat the exercise with the second group, asking them whether the tallest tree in the world is taller than 200 meters, and then how tall it is. At the end of the experiment, we find that the first group's average answer to the second question is, around 300 meters, and the second's is around 200 meters.

Why? Kahneman and Tversky say this is "anchoring": People tend to latch on to a certain "anchor" - usually one they come across by chance - instead of trying to use a more rational way to gather and process data and make economic decisions.

My second encounter with Kahneman came at a meeting of the World Economic Forum, in New York, in 2002. I spotted his name on the list of speakers and sent him an e-mail requesting an interview. He replied, "You must be mistaken. I am a professor of psychology, of no interest to anyone." Only after I insisted I knew exactly whom I was addressing, and that I remembered quite well his theory from my economics studies, did he agree to speak with me.

That year Kahneman won the Nobel Prize in Economics; overnight, he became an international star, constantly quoted and cited. Today his theory of irrational decision making is considered an integral part of any discussion about economics.

'Nothing insightful to say'

But when I met him again two months ago at the World Economic Forum in Davos, he was the same modest Kahneman. "The truth is, I have nothing insightful to say," he warned me right off. "Nor am I involved in what they have been discussing at this session of the Forum. I've spent the last three days cloistered in my room writing. This is the first time I've ventured out. I must work."

When I asked him why he even bothered to come to Davos, he said, "I guess because Yossi Vardi kept asking me," referring to the veteran Israeli high-tech entrepreneur.

A few days before Davos, Kahneman appeared jointly with the mathematician Nassim Taleb in Munich. Taleb himself has become a major star during the current financial crisis, thanks to his books claiming that the financial establishment is unprepared to anticipate or handle various sudden events unfamiliar to historical statistics.

Not surprisingly, it turns out that Kahneman met Taleb five years ago in Rome, and the two men hit it off. They have since been exchanging ideas about our strange world, where economic models prove worthless in times of great crisis.

"People ignore the tremendous impact rare events can have on the decisions they make. People are simply unwilling to accept the fact that they are actually taking huge risks," Taleb says. "They prefer to cross the street with their eyes closed. Alan Greenspan, the former chairman of the Federal Reserve Bank of the United States, was driving a bus full of children with his eyes closed while he was in office. When you bet against rare events, over time you are always making a little bit of money. But when the rare event occurs, you lose big."

From Kahneman's point of view, the most important moment of the recent economic crisis came when Alan Greenspan admitted at a congressional hearing that his theory of the world had been mistaken. "Greenspan expected financial firms to protect their interests, because they are rational companies and the market is rational, so they would not take risks that would threaten their very existence," Kahneman says.

"Where did he go wrong? Because he did not distinguish between the firms and their 'agents' [their managers]. There is a huge gulf between the companies and their agents. Firms take the long view, while agents have short perspectives and take the short view. The compensation models of the corporation and their agents are different. The executives did not commit suicide when they took risks; it was the corporations managed by these agents that committed suicide.

"People are always asking me: 'Are the people who got caught up in the financial crisis idiots?' The answer is, the bank managers were not complete idiots. Greenspan's admission speaks for itself: The theory that a bank is some sort of rational agent that protects the public's interest is wrong. The assumption of rationality is a fallacious one in the first place, and in the second place, the assumption that a bank should be seen as a single, rational player is irrelevant. One must look at who is managing the bank - management that receives incentives to do things that are not connected to anybody's interests."

Not just optimism

The worlds of business and finance have long recognized the problem of conflicting interest between companies and executives; the surprising aspect of the world financial crisis, however, has been the behavior of millions of mortgage borrowers and investors. Here's where Kahneman's theory comes in.

"At the lowest level, you have the psychology of the borrowers - those who took out mortgages - who believed that the prices of real estate, of homes, would go up forever. This is an interesting phenomenon. It's not just optimism, it's not just that people believe what they're told; it goes deeper than this," he says.

"Psychology today differentiates between two methods of thinking: There is the intuitive method, and there is the rational one. The intuitive method is characterized by rapid learning, and it concludes very quickly that what has happened the last three times will happen forever, again and again."

Why is it that we believe that if it has happened three times, it will happen again?

"I once told a story about this: We once traveled from New York to Boston on a Sunday night, and we saw a car on fire on the side of the road. A week later, again on a Sunday night, we were traveling and again saw a car on fire in the same place. The fact is, we were less surprised the second time than the first because we had learned a rule: Cars burn at this spot.

"We find this everywhere - the speed at which people create rules, norms and expectations, even when they know it's ridiculous. This is the intuitive method at work. It remains true that whenever I travel, I always look for burning cars at that spot."

Over the last 40 years you have demonstrated that we never employ the statistical method of thinking, just the heuristic one - rules of thumb. Some economists today say the models were indeed based on statistics, but the problem is that they were based on statistics according to which the market goes up, rather than on long-term statistics.

"When it comes to finance, people link risk to volatility, but in reality, there is no connection between the two at all. There is a connection, but not when we're talking about huge risks. Greenspan and others believed that the global system - by virtue of its being global - was ipso facto more stable. Then it turned out that while it might have been more stable, it was also more extreme.

"In the last half year, the models simply didn't work. So the question arises: Why do people use models? I liken what is happening now to a system that forecasts the weather, and does so very well. People know when to take an umbrella when they leave the house, or when it will snow. Except what? The system can't predict hurricanes. Do we use the system anyway, or throw it out? It turns out they'll use it."

Okay, so they use it. But why don't they buy hurricane insurance?

"The question is, how much will the hurricane insurance cost? Since you can't predict these events, you would have to take out insurance against many things. If they had listened to all the warnings and tried to prevent these things, the economy would look a lot different than it does now. So an interesting question arises: After this crisis, will we arrive at something like that? It's hard for me to believe."

The financial world's models are built on the assumption that investors are rational. You have shown that not only are they not rational, they even deviate from what is rational or statistical, in predictable, systematic ways. Can we say that whoever recognized and accepted these deviations could have seen this crisis coming?

"It was possible to foresee, and some people did. There were quite a few smart people with a lot of experience who said bubbles are being created and they have to be allowed to burst by themselves. But it turns out that this bubble did not have to be allowed to burst by itself. I have a colleague at Princeton who says there were exactly five people who foresaw this crisis, and this does not include [Fed Chairman] Ben Bernanke. One of them is Prof. Robert Shiller, who also predicted the previous bubble. The problem is there were other economists who predicted this crisis, like Nouriel Roubini, but he also predicted some crises that never came to be."

He was one of those who predicted 10 crises out of three.

"Ten out of three is a pretty good record, relatively. But I conclude from the fact that only five people predicted the current crisis that it was impossible to predict it. In hindsight, it all seems obvious: Everyone seemed to be blind, only these five appeared to be smart. But there were a lot of smart people who looked at the situation and knew all the facts, and they did not predict the crisis."

Of all the observations and behaviors you have observed over the last 40 years - and you have observed many kinds of irrational behavior - which would you say is most responsible for the current crisis?

"Well, that's a good question, and it can be looked at from the lowest level: the borrowers, those who took out mortgages. What happened to them? They were really convinced that real estate prices would go up forever. How could they have believed such a thing? They believed it because people who had certain interests told them. They were not suspicious enough, and the market permitted it."

Of all your experiments, which demonstrates similar behaviors?

"The general phenomenon of suggestibility - when people believe too much in what is being suggested to them. It's related to the anchoring we saw before. How easy is it to influence people? You introduce a number into their heads, and they attribute importance to it when there really is none. There's a sucker born every minute."

So how do we deal with this? What are the lessons to be learned from this crisis?

"I think that in the future there will be rules obligating lenders to give much more information to borrowers. Financial firms' problems are less interesting from a psychological point of view. These are problems of agents and companies that economists already understand. The interesting psychological problem is why economists believe in their theory, but this is the problem with the theory, any theory. It leads to a certain blindness. It's difficult to see anything that deviates from it."

We only look for information that supports the theory and ignore the rest.

"Correct. That appears to be what happened with Greenspan: He had a theory under which the market operates, and that the market would correct itself."

A personal question. When you look at your own behavior in the world of economics, do you feel you make the same mistakes, or that you are aware and thus consider yourself immune?

"I am not immune, I am a coward. That's something else. Several years ago, I decided that I should not take any risks, that I want a European retirement, linked to the cost-of-living index. In the United States, there is no such thing. I asked an investment counselor to look into whether she could arrange a European retirement for me, something linked to the cost of living, without any risk. She threw me out of her office; she considered it something incompatible with American values."

So in what have you invested?

"Index-linked bonds. I know this is not popular. Many people think it's a mistake, but that's the mistake I make."

You've never owned stocks?

"I used to have a quarter to a third of my portfolio in stocks. Psychology teaches us that people like a combination of something safe and a gamble. I have something like that: a few stocks. But I don't advise anyone else to act that way."

Let's end with your story of the Swiss soldiers and the map of the Pyrenees. I know why the map helped the soldiers: it gave them confidence. But why didn't they use a map of the Alps? Why don't we use the right economic models, ones that are relevant to extreme cases as well?

"Look, it's possible that there simply is no map of the Alps, that there is nothing that can predict hurricanes."

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. Reproducido también por: Mark Thoma | Apr 21, 2009 , en: www.rgemonitor.com/us-monitor/256492/there_were_exactly_five_people_who_foresaw_this_crisis

Comments

This is similar to a western version of the Sufi story of the man who is looking for his lost keys in the light of a streetlamp. A friend asks him where he may of lost his keys. The man points to spot distant. "Then why are you looking in this spot?" He answers, "because this is where the light shines"

By Rohelio on 2009-04-21 20:14:15

The Economist published around mid 2005 a special report on the looming real estate crash, predicting exactly what has happened, the biggest asset bubble ever, fed mostly by the loose practices of US mortgage lenders, would cause a major financial crisis and a severe global (almost)recession and deflation. I've never seen it mentioned among the few publications that gave early warning (they were a bit early in their timing actually, those bubbles tend to keep growing beyond the wildest expectations), which makes me sometimes wonder if I didn't in fact dream reading that article (I've had a few dreams consisting in reading a whole book that I invent as I go along).
And I don't remember The E. ever predicting a crisis that didn't happen.
Whatever, I considerably downsized my real estate holdings in 2005 and 2006.

By Ismael on 2009-04-23 10:48:43

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lunes, abril 20, 2009

Ecuador: Las Elecciones del Domingo



Este 26 de abril los ecuatorianos mayores de 16 años irán a las urnas para elegir a su presidente y a los miembros de la Asamblea Nacional. De acuerdo a la última encuesta realizada por la empresa de Santiago Pérez –entre el 14 y 19 de este mes- se trataría de un triunfo aplastante del actual presidente Correa y del partido oficial (‘Alianza País’).

Como lo muestra el gráfico siguiente, Rafael Correa alcanzaría el 50% de los votos emitidos (es decir que incluso podría bordear el 60% de los votos válidos), el expresidente Lucio Gutiérrez (PSP) el 16%, seguido por el eterno candidato Álvaro Noboa (PRIAN) con 12% y el resto llegó al 11% (aparte de un 11% que ‘votó’ en blanco o viciado).

De otra parte, de las 118 curules contabilizadas en la encuesta (faltan las correspondientes al exterior), ‘Alianza País’ se llevaría 61 (51,7%) y Gutiérrez 19 (16,1%). La nueva Asamblea Nacional estará conformada por 124 asambleístas. Nótese, sin embargo, que
‘Alianza País’ no tendrá la misma votación que alcanzó el 30 de septiembre del 2007 (para la Constituyente), cuando el economista Alberto Acosta (quien fue quien catapultó la candidatura del completamente desconocido Correa a su primera presidencia) presidía la lista y 'AP' logró 80 de los 130 asambleistas (61,5%).

INTENCIÓN DE VOTO PARA PRESIDENTE (Del 14 al 19 de abril, 2009):




Nota 1: Ya que en el Ecuador está prohibido publicar encuestas durante los 20 días previos a las elecciones los datos que aquí se presentan sólo se conocen en el exterior.
Nota 2: Margen de error: +/- 3%.

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P.D. (abril 23):

Ecuador's election Revolution! Please give generously

Apr 23rd 2009 | QUITO (De la edición impresa del ‘Economist’)

www.economist.com/world/americas/PrinterFriendly.cfm?story_id=13527399


Rafael Correa has his country’s politics firmly under control, its economy much less so

HE MAY be Latin America’s least predictable “21st century socialist”, but Rafael Correa seems assured of victory in a presidential election to be held on April 26th. This in itself is an achievement. The general election, held under a new constitution promoted by Mr Correa, comes just 29 months after he was first elected. But no Ecuadorean president has secured a second consecutive term since the 19th century, and none of Mr Correa’s three elected predecessors managed to finish their terms. In addition, his Alianza País (Country Alliance) party is likely to gain a majority in the legislature, though it may fare less well in mayoral votes. So the president will probably be in a stronger position to tackle his country’s acute financial problems.

How he will do so is hard to say. Mr Correa’s portrait, head tilted back like a clean-shaven Che Guevara, is stencilled on election posters all over the country. He claims to lead a “Citizen’s Revolution”. Alianza País calls its leadership the politburo, and Mr Correa rages against the World Bank and the IMF.

But unlike Venezuela’s Hugo Chávez, a former army officer, or Bolivia’s Evo Morales, who is of poor Amerindian origin, Mr Correa is a middle-class economist with a doctorate from the University of Illinois. He can be pragmatic. He has sacked some leftists in his government (though others remain), is friendly to mining companies and is fond of making PowerPoint presentations as the analyst-in-chief.

Mr Correa appears to be uncorrupt. The giant increase in public spending he has overseen (it rose by 71% last year) has resulted in new schools and hospitals. Testing of teachers, with pay linked to results, has been introduced. When talking to an educated audience, Mr Correa stresses the need to improve the country’s economic competitiveness.

All this has led some American diplomats to hope that Mr Correa can be detached from the orbit of Mr Chávez. But his anti-Americanism is visceral. His father spent time in an American prison for transporting drugs and committed suicide after returning to Ecuador. President Correa has decided not to renew the lease under which the United States operates drug-surveillance flights from an airbase in Ecuador. In February, he expelled two officials at the American embassy.

Ecuador has enjoyed nine years of economic growth since a financial collapse wiped out its banking system and its currency in 1999 (it adopted the dollar instead). Poverty fell from 52% in 1999 to 35% in 2008. But much of this growth was underpinned by the rise in the price of oil, the main export. Its fall has left Ecuador with a balance-of-payments deficit (see chart).



This has been aggravated by the rise in the value of the dollar in relation to the currencies of Ecuador’s neighbours. Mr Correa responded by raising tariffs on hundreds of goods, breaking trade agreements with his Andean neighbours. To make matters worse, remittances from the 2m or so Ecuadoreans living abroad are falling.

The government now faces a fiscal gap of perhaps $2 billion, calculates Margarita Andrade of Analytica Securities, a Quito brokerage. So assuming that he is re-elected, Mr Correa’s first task is to ensure that his country does not run out of cash. Where could the money come from? Nobody will buy Ecuadorean bonds for a while. Having announced that two bond issues—those maturing in 2012 and 2030—were “illegitimate” and would not be honoured, the government promptly bought lots of them back at worse-than-junk prices. On April 20th it announced a scheme to buy back the rest at around 30 cents on the dollar.

This might just make it easier for Ecuador to go to the IMF, which requires countries not to be in dispute with bondholders. But Mr Correa has repeatedly lambasted the fund. There are other options. Social-security funds have been raided to prop up the budget. Judging by the brisk demand for safe-deposit boxes in banks, savers are concerned that the government may raid their deposits too.

Various regional lenders will help out before that happens. Ms Andrade reckons that the government could raise up to $500m from the Latin American Reserve Fund and a similar sum from the Inter-American Development Bank. The Andean Development Corporation may provide another $500m.

The government is also talking to China about a cash infusion of $1 billion in exchange for the right to drill for oil, and a $1.7 billion investment in power generation. Even that might not be enough. If the economy worsens, the more impulsive and ideological Mr Correa may overcome the more sensible one. In that case, Ecuador might ditch the dollar and lose its precarious stability.


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Un análisis más profundo lo puede encontrar usted en: www.rebelion.org/noticia.php?id=84306


Véase también (tomado del blog IncaKolaNews): www.google.com/hostednews/ap/article/ALeqM5hDRUb8V4xmR66Clw3_dqeskEd84wD97OMFJG0



jueves, abril 09, 2009

¿Cómo salir de la Crisis?

Para remontar las múltiples recesiones por las que atravesó la economía de EEUU hay que tener presente que no bastó “ganarse la confianza” de los agentes económicos arreglando los descalabros financieros, como se cree ahora. Casi siempre la recuperación se sustentó en innovaciones en sectores como la industria manufacturera y/o el sector construcción, siempre y cuando ofrecieran elevadas tasas de ganancia, que es lo que finalmente despierta los “espíritus animales” del empresariado. Y esto solo se logra con inversiones gigantescas basadas en revoluciones tecnológicas, tal como lo reconoció Schumpeter hace más de 100 años.

El caso puede ilustrarse precisamente a partir de la crisis más larga de la posguerra, que se inició precisamente en 1945. Aunque una y otra vez se nos repite que la crisis por la que atraviesa la economía norteamericana actualmente es la más grave desde la de la Gran Depresión, un recorrido por las recesiones de EEUU en el periodo de posguerra nos dice que –de las doce recesiones por las que atravesó en los últimos 55 años- la más grave fue la que se extendió de 1945 a 1947, en que el PBI anual decreció en -1,1%, -11% y -0,9% en cada uno de esos años, a tal grado que el pico alcanzado en 1944 sólo se volvió a recuperar a principios de 1951. ¿Cómo se logró?

Aparentemente la respuesta es muy sencilla: aplicando recetas keynesianas convencionales. Y, en efecto, el crecimiento económico acelerado de ese periodo partió de la materialización del ‘Sistema de Carreteras Interestatales’, esa ambiciosa idea de Eisenhower –recogida de las famosas Autobahn alemanas- que se extendió por espacio de dos décadas, plasmándose en una red que abarcó 66.000 kilómetros de autopistas. El efecto multiplicador que generaron esas fenomenales inversiones se vertieron en suburbios residenciales, mayor demanda de automóviles, construcción de parques industriales y centros comerciales gigantescos, etc. Todo lo que permitió incrementar la productividad y las ganancias, reduciendo costos, acortando tiempos de distribución, ampliando los mercados domésticos, etc.

Todo esto viene a cuento por el hecho de que el gobierno de EEUU cree poder remontar la grave recesión actual afrontando únicamente el desastre financiero, cuando el problema es que no parecen haber ramas productivas novedosas que asegirem las ganancias necesarias para ganarse la confianza empresarial a largo plazo, como ya sucedió con las burbujas del Internet que explotó en 2001 y la hipotecaria que lo hizo en 2007. Se pensaba que las nuevas fuentes de energía, la biotecnología, la robótica, los nuevos materiales y los más amplios mercados iban a dar lugar a ese milagro. Nada de eso y, peor aún, porque la economía norteamericana se sustenta básicamente en servicios (66%), en su mayoría virtuales. En cambio, los sectores críticos tienen poca importancia y van decreciendo como porcentaje del PBI: agricultura-pesca (1,2%), minería (2%), energía (2%), construcción (4,4%) e industria manufacturera (11,7%), que deberían convertirse precisamente en las bases efectivas para asegurar un crecimiento sostenido de una economía. ¿Dónde están los empresarios schumpeterianos y la manada de inversión que permitirían sacarlos del atolladero?

miércoles, abril 01, 2009

El G-20: ¿Sólo Promesas?


El viernes 27 de marzo, en Londres, se celebró la muy esperada cumbre del G-20, a la que asistieron los líderes de los bien conocidos países del G-8 y de doce ‘emergentes’: Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, Corea, Sudáfrica y Turquía (más un delegado de la UE). También fueron invitados España, Holanda, los directores del FMI y del Banco Mundial, el secretario general de las NNUU, entre otros que lo convirtieron en un G-29. El Comunicado que hicieron público el mismo día de la magna reunión consta de 29 puntos y es una verdadera lista de lavandería. Ahí se proponen objetivos y propuestas de poesía política tales como las de plantear: que “una crisis global requiere una solución global”, a pesar de que no participaron en el evento los demás 170 países que también son parte de las NNUU; que se diseñará un “plan global de recuperación”, en que ésta sería “inclusiva, verde y sostenible”, por más verdes que estén las medidas que proponen, y “para lo que no solo se tendrán en cuenta los intereses de la población mundial actual, sino también los de las futuras (sic) generaciones”.

Pero hay algunas otras joyas. Dicen que las políticas económicas se conducirán ‘cooperativamente” y se evitarán las “devaluaciones competitivas”, que no habrá cómo detenerlas. También declaran que rechazarán el proteccionismo comercial, que ya estaba en la declaración del G-20 de noviembre del año pasado (realizada en Washington), momento a partir del cual ¡17 de los 20 países del G-20 adoptaron nada menos que 47 medidas proteccionistas! Y hay más medidas ilusas: como aquella que dice que se regulará y supervisará sistemáticamente todas las instituciones, instrumentos y mercados financieros importantes, ¡incluidos los ‘hedge funds’!; o esa otra que propone “adoptar acciones contra las jurisdicciones no-cooperativas, incluidos los paraísos fiscales”, con lo que “la era del secreto bancario” habría culminado; y aún más, la que plantea que es “imperativo… que el capital continúe fluyendo” a los “mercados emergentes y los países en desarrollo”, justo cuando se está retrayendo espectacularmente, por lo que además piden que debe evitarse “el aumento de nuevas barreras a la inversión”; o esa bella propuesta voluntarista para que se invierta “en la seguridad alimentaria de largo plazo”; etc.

Pero las mejores partes del documento tienen que ver con el FMI, que es resucitado de sus cenizas… cual Ave Fénix. Ahora resulta que a la institución se le va a triplicar el ‘capital social’ que maneja y se le asignan nuevas funciones críticas, aun cuando no se han modificado su estructura y esquemas de decisión, tan cuestionados por lo menos desde la crisis asiática. Como dice el propio comunicado: “estamos decididos a reformar y modernizar las instituciones financieras internacionales para asegurar que puedan asistir a sus miembros en los nuevos desafíos que afrontan. Vamos a reformar sus mandatos, enfoque y gobernabilidad, para reflejar los cambios en la economía mundial… en que las economías emergentes y en desarrollo tengan mayor voz y representación”. También se modificarán las cuotas de los países (por supuesto solo de unos cuantos para más) para que tengan mayor participación (aunque EEUU sigue teniendo poder de veto), para lo que han adelantado la fecha de implementación: ¡del 2013 a enero del año 2011! Asimismo los directores del FMI (y el Banco Mundial) “deberían (sic) designarse a través de un proceso de selección abierto, transparente y basado en los méritos”.

Usted me replicará que todas estas propuestas son viables en vista de que en el Comunicado se anuncia que se inyectarán nada menos que 1,1 billones de dólares a la economía mundial. Cifra ésta que no solo es tardía, sino muy pequeña, la que además se desembolsaría en el transcurso del próximo trienio. Ese dinero devendría de las siguientes fuentes: aumento del capital del FMI por US$ 500.000 millones; contribuciones de la Unión Europea y Japón, US$ 100.000’ cada uno, más US$ 40.000’ de China; emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG) por US$ 250.000’; venta de oro e ingresos excedentes del FMI por US$ 6.000’; y el resto… ya se verá. El destino de esos fondos sería el siguiente: US$ 750.000’ para el manejo del FMI, incluidos préstamos concesionales para países pobres y supuestamente sin condiciones; US$ 250.000’ para el financiamiento del comercio global; y US$ 100.000’ para los bancos regionales de desarrollo. Como mera curiosidad, dentro de ese paquete habrán US$ 50.000’ para “protección social”, lo que da una idea cabal de las prioridades del G-20, es decir, de EEUU.




P.D.: Poco después de redactar este texto, hemos podido acceder a una excepcional entrevista ofrecida por Eduardo Galeano sobre el mismo tema y que no se pueden perder (Fuente original: www.aporrea.org/internacionales/n132267.html):

05 de abril 2009. - De "chiste de humor negro" calificó este sábado el escritor uruguayo Eduardo Galeano la decisión del G20 de destinar un billón de dólares a los organismos financieros internacionales para enfrentar la crisis.

"Me han dicho que los van a canalizar a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM). Es un chiste de humor negro, sin duda, no puede ser verdad", afirmó

Para Galeano, la decisión anunciada por el grupo de los 20 significa "burlarse de los burlados", según afirmó el escritor en una entrevista con la agencia de noticias Efe, en México.

Esa medida es "para burlarse de los burlados, para echar sal sobre la herida porque eso no me lo puedo tomar yo en serio", por lo que califica de ilógica puesto que el FMI y el BM no "son organismos internacionales" y ninguno de los dos expresa "la voluntad del mundo, sino la de los amos del mundo, que son los que están empujando al planeta el abismo".

"En primer lugar porque hay una potencia que tiene derecho en los dos, que es Estados Unidos. Y en segundo lugar porque las decisiones las toman en el Fondo Monetario cinco países y en el Banco Mundial ocho".

"Son los que nos han impuesto a nosotros, los del sur del mundo, a través justamente del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, nos han impuesto la religión del mercado, han hecho puré el Estado (...) nos han obligado a bailar salsa al ritmo de la orquesta del Titanic", destacó.

De igual manera, Galeano consideró que "con toda la plata que le están dando a los culpables de la bancarrota universal, recompensándolos por el desastre que ellos mismos ocasionaron, con todo ese dinero se podría acabar con el hambre en el mundo".

Al ser consultado sobre un informe de la ONG Oxfam previo a la cita del G20, según el cual con los 8 mil 420 billones de dólares de dinero público comprometidos por los Gobiernos del mundo rico para el rescate del sector bancario podría eliminarse la pobreza mundial durante los próximos cincuenta años, Galeano indicó que el informe "se queda corto" y agregó que con ese dinero se podría "dar de comer a los hambrientos de aquí a la eternidad con postre incluido".

Lo único positivo que a su parecer se obtuvo de la promocionada cumbre de Londres, es que "al parecer se han puesto de acuerdo todos en que hay que acabar con el secreto bancario".

Con relación a este tema, hizo referencia a la palabras del ex-ministro de Economía uruguayo Ignacio de Posadas, quien rechazó la posibilidad de levantar el secreto bancario arguyendo que el secreto bancario "es un derecho humano", a lo que Galeano calificó como "Una frase inmortal para la antología de la infamia".

P.D.2:
Véase también el artículo de Martin Wolf, “Why G20 leaders will fail to deal with the big challenge”, en Financial Times, marzo 31, 2009 (www.ft.com/cms/s/0/22e0122a-1e1d-11de-830b-00144feabdc0.html?nclick_check=1).


Más información:

La crisis refuerza al FMI y el BM pero recuerda también sus tareas pendientes

Teresa Bouza

Washington, 18 abr (EFE).- La reunión semestral del FMI y del Banco Mundial la próxima semana en Washington encontrará a los dos organismos reforzados por la misma crisis que causa estragos en todo el mundo y embarcados en una reforma que no acaba de cuajar.

Balakrishnan Rajagopal, director del programa de Derechos Humanos y Justicia del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), explicó a Efe que ese renovado protagonismo es especialmente notable en el caso del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Hace un año, señaló, el tema de conversación era si el FMI se había quedado sin negocio. Ahora, es el instrumento central para canalizar préstamos de emergencia hacia los países más debilitados por la crisis.

"Están de vuelta, como dice el propio director gerente del Fondo, Dominique Strauss-Khan", afirmó el profesor del MIT.

El golpe de gracia que consagró el renovado protagonismo del Fondo tuvo lugar durante la reciente reunión del G20 en Londres, en la que se alcanzaron compromisos para triplicar los recursos de la institución, hasta los 750.000 millones de dólares.

El experto del MIT indicó que pese a esa multimillonaria inyección, el FMI y su institución hermana, el Banco Mundial, que también recibió un fuerte espaldarazo del G20, necesitan una reforma profunda para recuperar una legitimidad muy en tela de juicio.

Rajagopal señalaba en un artículo reciente que "no tiene sentido darle más dinero al FMI sin cambiar las estructuras y las ideas que han producido tantos fracasos en el pasado y que son parte de las razones por las que estamos donde estamos".

El FMI y el Banco, que nacieron de las cenizas de la II Guerra Mundial, mantienen una estructura obsoleta que no refleja el actual peso de los países en la economía mundial.

Bélgica, por ejemplo, tiene casi el mismo poder de voto en el FMI que Brasil, pese a que el tamaño de su economía y su contribución al comercio mundial son muy inferiores a los del país latinoamericano.

Colin Bradford, analista del centro de estudios Brookings Institution (Washington), considera también "crucial" que la reunión de los organismos que se celebrará el 25 y 26 de abril en Washington y cuyos actos previos arrancan el martes, impulse la reforma de sus estructuras de gobierno.

En su opinión, resulta clave que Asia, donde se está forjando un nuevo epicentro de la economía global, se convierta en un verdadero socio y en participante con plenos derechos en los dos organismos multilaterales.

Por lo demás, los expertos llamaron la atención sobre la flexibilización en la concesión de ayuda decidida recientemente por el FMI, que aprobó una línea de crédito flexible, cuyos receptores no se verán obligados a implementar reformas para conseguir ayuda, como era habitual en el pasado.

Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard y ex economista jefe del FMI cree que esa flexibilidad mejorará la popularidad de un organismo denostado en gran parte del mundo en desarrollo pero presenta también un difícil desafío.

"Planean prestar todas esas cantidades de dinero prácticamente sin condiciones", indicó Rogoff, quien se pregunta si eso creará dudas entre el sector privado a la hora de volver a apostar por países en crisis que podrían no hacer, en su opinión, ajustes necesarios.

A diferencia de otros autores, Rogoff considera que muchos de los ajustes eran imprescindibles y precisos para el regreso de los prestamistas.

"Ciertamente hay países que sufren a raíz de un golpe de mala suerte, pero generalmente esa es solo parte de la historia y en general, son necesarios ajustes", indicó el profesor de Harvard, quien añadió: "Lo que me pregunto es si el FMI no es el catalizador de esos cambios, quién lo será".

Rogoff alerta también de la posibilidad de que algunos países sean incapaces de pagar sus deudas, lo que podría perjudicar mucho el actual auge de los préstamos.

Por lo demás, ni Rogoff ni el resto de expertos consultados esperan grandes anuncios de esta reunión, que se considera profundizará en lo tratado en el G20 y aclarará algunos de los detalles que quedaron imprecisos en Londres. EFE