domingo, octubre 25, 2009

Radiografía del Experimento Neoliberal Peruano, 1990-2009

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A veinte años de inaugurado el cambio del modelo de acumulación en el país, conviene hacer un balance telegráfico de la profunda mutación económica que se ha materializado en ese lapso.  Lo que a inicios de la década pasada parecían bien intencionadas y temporales políticas monetarias, comerciales y fiscales para estabilizar y ajustar la economía, a fin de acabar con la hiperinflación y los déficit externo y fiscal, se volvieron permanentes. Acompañadas por reformas institucionales radicales, autoritariamente impuestas, se logró asegurar el tránsito del fallido intento de “industrialización por sustitución de importaciones”, para regresar al antaño fracasado esquema “primario-exportador”. Si nos fijamos en los resultados alcanzados entre 1991 y 2008, se trata de un vívido ejemplo de libro de texto de lo bien que ha funcionado la teoría ricardiana de las ventajas comparativas (estáticas) en el país.

En primer lugar, como era de esperarse, la primario-exportación volvió a ocupar el centro de atención de los gobiernos desde 1991. Gracias a ello, la participación de las exportaciones primarias (“tradicionales”) en el total crecieron paulatina pero consistentemente de un 70% hasta llegar a un sorprendente 76% el año pasado (90% de las cuales son minero-hidrocarburíferas). A costa de una expansión del mercado interno, las exportaciones totales, como porcentaje del PBI, aumentaron explosivamente de un 12,2% a 27,4%, asumiéndose el riesgo de la alta volatilidad de los precios de las materias primas que exportamos.

La desnacionalización de la economía es otro resultado natural de nuestro estricto respeto a las fuerzas libres de mercado, “planificadas” por las empresas transnacionales desde los centros. El capital extranjero se ha instalado cómodamente en las ramas productivas y de servicios que rinden las mayores tasas de ganancia, siendo altamente intensivas en capital y que, con excepciones, apenas absorben fuerza de trabajo (la gran minería apenas ocupa al 2% de la PEA). Con lo que desde el año 2005 remiten más utilidades a sus casas matrices que el flujo de inversión extranjera directa que ingresa al país, afectando negativamente la balanza de pagos. Tampoco generan mayores encadenamientos productivos: La producción de bienes de capital para la minería apenas representa el 0,17% del valor agregado generado por la industria manufacturera. Además, de los 46 grupos más poderosos del país, que poseen 600 empresas, el 48% ya son extranjeras.

La desindustrialización de la economía también ha acompañado ese proceso, tanto que la industria manufacturera, que originaba el 25% del PIB en décadas anteriores, ha caído al 17,2% el año pasado. Quebraron las empresas menos productivas como lo exige la dinámica de los libres mercados y las que han sobrevivido están con la soga al cuello, amenazadas por las importaciones, especialmente de las que nos llegan de las infrahumanas fábricas chinas, vietnamitas y similares.

Una cuarta tendencia obvia, resultado de lo antedicho y de la duplicación de la fuerza laboral global por el ingreso de las exrepúblicas soviéticas, China, India y demás a la ‘mundialización’, es la des-sindicalización de la fuerza laboral y la presión hacia la baja de las remuneraciones. Es así como se ha deteriorado dramáticamente la  distribución funcional del ingreso, que ya venía empeorando durante los años ochenta y se agravó desde los noventa. En efecto, los sueldos y salarios, que representaban un 30% del PIB en 1991, se fueron encogiendo consistentemente, año a año, hasta llegar al 22% en el 2007. Con lo que la concentración de la riqueza también se ha ido centralizando en grupos económicos cada vez más poderosos, cuyos representantes más conspicuos son tan bien recibidos por el Ejecutivo.

Quinto: Lo antedicho se ha dado también en el marco de una “servicialización” de la economía. Tan es así que el sector terciario ya llega a dar trabajo al 71,7% de la PEA (en 1991: 65,9%) y genera el 61% del PBI. Y, lo que es más grave, recordando que  la PEA del Perú es de 14,7 millones de trabajadores, 71,7% de los cuales se desempeñan en el sector terciario (servicios). Más aún, de esa PEA total del 2008, 11,7 millones (¡77%!)  laboran en ‘empresas’ de 1 a 10 trabajadores (ingreso mensual: 600 soles) y el resto se reparte entre las que dan trabajo de 10 a 50 personas (7%, que gana 1.082 soles) y las que ocupan a más de 50 (16%, con ingresos de 1.664 soles). Es decir, se trata de una tercerización creciente de la fuerza de trabajo, básicamente linformal y de muy baja productividad.

En ese contexto se entiende que la emigración de fuerza de trabajo se ha convertido –junto con la de pasta básica y cocaína- en una de nuestras principales exportaciones no tradicionales. Mientras a mediados de los años noventa emigraban anualmente 40.000 personas, desde 2005 salen 300.000 cada año. De las cifras de salidas y entradas del país se desprende que en los últimos 15 años han emigrado 2,7 millones de peruanos, ¡casi un 10% de la población total!

En pocas palabras, se trata de un modelo económico que asigna perfectamente los recursos productivos en base a la dinámica de los libres mercados globales, tal como se expresan a través de las tendencias de los precios relativos básicos. Pero, por eso mismo, es frágil frente a shocks externos, políticamente inestable y socialmente excluyente, por lo que la lógica ricardiana bien podría abrirle el campo a un gobierno abiertamente autoritario de uno de los extremos del espectro político.
 


jueves, octubre 22, 2009

Desperdicios Evitables de Alimentos

Esta breve exposición intenta dar una visión general de algunos datos disponibles sobre los desperdicios que se generan en algunos países desarrollados en materia de alimentos, probablemente el caso más dramático de “subconsumo microeconómico relativo” o lo que hemos llamado “Capacidad Ociosa en el Consumo” (concepto que es definido en el texto siguiente). En sección aparte se trata también el caso de Lima Metropolitana.

1. América del Norte

Para el caso de EEUU, son pocos los estudios integrales elaborados al respecto y ninguno llega al detalle del que fuera realizado en GB . En uno de ellos se concluyó que el 14,5% de la comida adquirida por las familias no se tocó o no se abrió en EEUU en el año 2005 . De donde se tiene que una masa de alimentos perfectamente comestible fue descartada por un valor de US$ 43.000 millones . Como porcentaje del PIB y del Consumo Privado, tenemos que habría representado el 0,3% y 0,5% de cada uno, respectivamente . Sin embargo, si solo tomamos en cuenta –como debe ser- el porcentaje que todos los desperdicios evitables significaron en el consumo privado total llegamos a la conclusión que ascendieron al 1,4%.

Asunto que evidentemente se ha convertido hace buen tiempo en “un serio problema económico”, según Timothy Jones (2004a y 2004b), autor de ese estudio auspiciado por el ‘Bureau of Applied Research in Anthropology’ de la Universidad de Arizona .

Según ese trabajo, cada familia norteamericana promedio -de cuatro miembros- habría desperdiciado US$ 590 al año por el subconsumo de lo adquirido, considerando únicamente el subconsumo de sus compras de vegetales (25,5% del total de este rubro), frutas (23,9%), granos (16,1%) y carne (12,8%) en el hogar.

A ello hay que añadirle las comidas fuera de casa, del estudio de las cuales Jones concluye que los desperdicios de lo que se come parcialmente ascendieron a 27 millones de toneladas de alimentos en buen estado por año. Ese monto se reparte de la siguiente manera: En restaurantes normales (3,1%) y de comida rápida (9,6%), en los supermercados (0,8%) y en las tiendas/bodegas (26,3%). Lo que significa que en esos espacios se desperdicia un promedio de 5,6% de la comida (frente a un 14% en el hogar), según la mencionada investigación .

En otra investigación, basada en un modelo matemático del gasto humano en energía (Hall, Guo, Core y Chow, 2009), se llega a las siguientes conclusiones que se derivan del Gráfico 1:

a. En 1974, aproximadamente 900 kilocalorías por persona y por día fueron desperdiciados, mientras que en 2003 los norteamericanos desperdiciaron alimentos por el equivalente de cerca de 1400 kcl/día/persona, lo que significa un sorprendente incremento del 56% en los treinta años (véase el Gráfico de la izquierda, ordenada A y línea gruesa del gráfico):
b. Paralelamente se incrementó la masa anual de la basura municipal de alimentos sólidos (gráfico izquierdo, ordenada B); y
c. El desperdicio de alimentos ha venido aumentando del 30% de la oferta alimenticia disponible en 1974 a casi 40% durante el primer quinquenio de este siglo (parte derecha del Gráfico que sigue; curva lineal gruesa) .

GRÁFICO 1: Desperdicio de alimentos en EEUU, 1975-2005


Por su parte, Nierenberg y Massey (2010), afirman que “cada día, el norteamericano promedio bota alrededor de una y media libras de comida. Lechugas levemente dañadas, hamburguesas a medio comer, manzanas magulladas y demás, terminan en la basura en vez de en los estómagos. Mejor sería comprar y cocinar menos comida, y compostar el resto. Si bien no suena a mucha cantidad, la una y media libras por habitante suma 31 millones de toneladas, que terminan en los rellenos sanitarios o en los incineradores cada año. Eso es equivalente al peso de 74 puentes Golden Gate. (…) lo que produce el 34% del metano en los EEUU - un gas de invernadero 20 veces más potente que el dióxido de carbono. (…). Pero esos restos van más allá de los hogares. Cuatro a 10% de las compras de alimentos se convierte en restos inutilizados en los restaurantes, incluso antes de llegar al comprador”.

2. El caso de Alemania

De otra parte, resulta ilustrativo un informe más cualitativo -propalado por la TV alemana -, titulado “Die Wegwerfgesellschaft” o “La Sociedad Botarate” (o del Desperdicio y del Derroche) . En ese documental se muestra la cantidad de alimentos que –estando en perfecto estado para el consumo- se botan a los bidones de basura por las familias residentes en Alemania.

En ese programa una reportera y un experto en nutrición visitan varias viviendas de clase media para investigar lo que guardan en sus refrigeradoras y lo que tiran a la basura en bolsas de plástico, las que la municipalidad recoge una vez por semana. Es interesante anotar que el nutricionista descubrió que, luego de recoger las bolsas y las latas envasadas con alimentos de los toneles de basura, buena parte de ellos habían sido desechados por caducidad, de acuerdo a la fecha que (por ley) las empresas productoras de esos alimentos habían impreso en tales envolturas. Sin embargo, haciendo un chequeo ‘olfativo’ de algunos de ellos (recuerde que las bolsas están cerradas), prácticamente la mitad aún se habrían podido consumir sin consecuencia perniciosa alguna para la salud.

Por lo que recomendaba que, si bien es importante fijarse en la fecha de caducidad, bien podría chequearse la posibilidad de consumirlos después de la “caducidad oficial” con ese chequeo nasal (o visual), ya que obviamente las empresas no quieren arriesgarse a ser denunciadas, por lo que seguramente exageran al fijar la fecha de expiración de los alimentos y bebidas . Al margen de ello encontraron alimentos cuya fecha de caducidad aún no había vencido.

Si bien este sondeo no se basó en una muestra representativa, puede considerarse relativamente realista la conclusión a la que llega: Cada familia desecharía alimentos -en perfecto o buen estado- por el equivalente de 350 a 510 euros por año. Si multiplicamos esa cifra por las 20 millones de familias alemanas más o menos acomodadas llegaríamos a la asombrosa cifra de 8.600 millones de euros anuales, sin contar los restos que botan otras instituciones u organismos .

De otra parte, la misma fuente nos dice que en Alemania el 55% de todas las emisiones de gas de invernadero relacionadas con la nutrición, se deriva del transporte, almacenamiento, preparación y consumo de alimentos; el 45% restante es consecuencia de la producción de éstos.

3. De la Basura y los Residuos resultantes: El caso de Lima

Como es evidente, cuanto mayor subconsumo de los bienes adquiridos, más abundante será también la basura que se genera, al margen de lo que se acumula en depósitos privados. Tomando sólo el caso de Lima, según datos de 2007, tenemos que diariamente se producen seis toneladas (Véase Cuadro adjunto: Tabla 20-1), de las cuales 55% son residuos orgánicos (comida y restos biodegradables), 25% materiales no reciclables (desmonte, baterías y restos de servicios higiénicos) y 20% material inorgánico reciclable (papel, cartones, plásticos, vidrios y metales).

Actualmente, según la ONG IPES, serían 750 gramos de basura los que genera cada ciudadano al día en Lima , lo que lleva a un total de ocho toneladas diarias de residuos sólidos, monto que sería “similar sólo a la de Río de Janeiro y México D.F.”. De manera que Lima aporta un tercio de las 24 toneladas/día depositadas en todo el país. Lo grave es que, según DIGESA, “en la capital existen solo 5 rellenos sanitarios para depositar toda la basura producida. Detalló que el 92% de los desperdicios que se recogen en las calles termina en estos depósitos ubicados en Ancón, Puente Piedra, Callao, Lurín y Campoy”. Mientras, el 8% restante “tiene como destino final rellenos clandestinos que podrían causar serios daños en la salud de los pobladores vecinos” .

GRÁFICO 2: DISTRIBUCIÓN DE LA BASURA POR TIPO EN LIMA (2007) .


Una Tabla aún más ilustrativa sobre la situación de los desperdicios en Lima es la que se presenta en el Cuadro siguiente.

TABLA 1: BASURA EN LIMA



Fuente: Caretas, junio 4, 2009; p. 38 (www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&S=&id=12&idE=830&idSTo=446&idA=39745)


Como es evidente, el flujo de basura, medida en toneladas por habitante/año, aumenta a medida que se incrementa el ingreso familiar. La tendencia avanza a un ritmo creciente hasta cierto nivel de ingreso (Y*), a partir del cual decrece –en términos relativos- a medida que el consumidor dedica un mayor gasto a los servicios que no generan necesariamente más basura.

Sin duda podría llegar un momento, a niveles muy altos de ingreso y de educación de la población, en que comience –paradójicamente- la cantidad de basura que acumula la familia. Concordando con esa hipótesis, en lo que se refiere únicamente a los alimentos, Timothy Jones (2004a) ha constatado empíricamente que las familias norteamericanas desechan, en promedio, 1,28 libras diarias por día y que “los hogares hispánicos tienen tasas de pérdida de alimentos menores (en aproximadamente 25%) que los no-hispánicos; y que las familias de más bajos ingresos tienen tasas de pérdida de alimentos menores que las familias de mayores ingresos”. A lo que añade que, coincidiendo con la ley de Engel, “la cantidad de fruta fresca y de vegetales que consumen las familias hispánicas ha venido decreciendo durante los últimos 20 años a medida que adoptaron patrones de alimentación dirigidos a comprar comida preparada y fuera de casa ”.

O, como me lo sugiere Yori, “Quizás podría ligarse la idea a la curva de Kuznets y ver cómo, mientras más “desarrollada” una sociedad, mayor será también la cantidad de desperdicios que genera. Es decir, puede darse el lujo de ese subconsumo de los bienes producidos, dados los elevados niveles de ingreso promedio. Esto hasta tal punto, alcanzado un cierto umbral de ingresos por familia, a partir del cual la sociedad entra en razón y se da cuenta del desperdicio generado, organizándose para reducirlo” . En ese caso la curva comenzaría a decrecer y se configuraría la “campana” de Kuznets (lo que puede observarse en el Gráfico que sigue).

GRÁFICO 3: RELACIÓN ENTRE EL INGRESO PERSONAL DISPONIBLE Y LA BASURA POR HABITANTE



En cambio, como lo muestra el gráfico siguiente, el desperdicio de una serie de servicios, como el agua y la electricidad, crecen exponencialmente a medida que aumenta el ingreso de una persona o familia. Naturalmente no hay COC ni desperdicio alguno en familias que viven en condiciones de extrema pobreza, sencillamente porque prácticamente no tienen acceso al agua (y la electricidad); y, si la tienen, las usan plenamente y hasta para diversos fines (este caso está representado por el trazo de ingreso per cápita, muy bajo, que va del origen del cuadrante hasta Y**).


GRÁFICO 4: DESPERDICIO DE SERVICIOS (AGUA Y ELECTRICIDAD) EN RELACIÓN AL INGRESO PERSONAL



Si sumamos la basura y el desperdicio de servicios que generan las familias, ellas muestran una correlación (y causalidad) positiva y –en términos absolutos- creciente con el nivel de ingreso.

Finalmente, aunque en forma muy burda, es posible adelantar un cálculo monetario de los montos a los que ascendería la COC en el Perú. La Tabla siguiente presenta las cifras esenciales. Partimos del PBI del año en curso y nos concentramos únicamente en el Consumo Privado. Hemos calculado el porcentaje de COC para los rubros más importantes de la canasta de consumo familiar, en que evidentemente los rubros de alimentos y bebidas son las que más desperdicio generan, seguidos por el consumo de energía y agua . Lo que nos lleva a una COC que representaría el 2,3% del Producto Interno Bruto y 3,8% del Consumo Privado agregado.


TABLA 2: Estimado del Subconsumo (COC) para el año 2009 (en millones de nuevos soles)

Producto Interno Bruto …………………………………………360.000
Consumo Privado (62% del PIB)…………………………….223.200
-1.1. Alimentos y Bebidas dentro del Hogar (35,498%)…….79,232
COC (5%)………………………………………………………....3,962
-1.2. Alimentos y Bebidas fuera del Hogar (12,047%)……..26,889
COC (3%)…………………………………………………………….807
-2.1. Telas y prendas de vestir (5,287%)……………………11,801
COC (4%)……………………………………………………………472
-2.2. Calzado (2,201%) ………………………………………..4,913
COC (6%)……………………………………………………………295
-3.1.2. Consumo de Agua (1,009%)………………………….2,252
COC (30%)………………………………………………………….677
-3.2.1. Consumo Energía Eléctrica (2,234%)….……………4,986
COC (25%)……………………………………………………….1,247
-5.1. Productos Medicinales y Farmacéuticos (1,368%)…..3,053
COC (10%):……………………………305
-…. Resto de productos de Consumo (40,356%)….……9,008
COC (1%) ………………………………………….……………….901

Subconsumo-Desperdicio: SUBTOTAL……………………………………………8,360
Porcentaje del
-PIB………………………………………………………………………………..2,3%
-Consumo Privado………………………………………………………………3,8%
Fuentes: BCRP e INEI. Elaboración propia.


Nótese que hemos trabajado con los datos del Consumo Privado como “Valor Agregado”, cuando –desde una perspectiva del “sobregasto” que significa para las familias- hemos debido adoptar el Valor Bruto de Producción (VBP), más próximo al valor de las Ventas, lo que nos llevaría a una cifra tres veces superior a la consignada arriba. Esto es así porque el valor agregado promedio de la economía representa un tercio del VBP (los insumos representan el 66% restante). Tampoco hemos considerado el subconsumo-COC que se genera en el rubro del Consumo Público. Considerando estas dos variables ese tipo de desperdicio ascendería, conservadoramente, a 15,000 millones de nuevos soles o 4,2% del PIB.

Aún más, nos atrevemos a afirmar que los alimentos en perfecto estado que desechan los restaurantes, los hoteles y los estratos de altos ingresos (A, B y parte del C) alcanzarían para eliminar la pobreza extrema y, sobre todo, el subconsumo absoluto (desnutrición) reinante en el país. Evidentemente no existen los mecanismos institucionales y logísticos adecuados para llevar a cabo la redistribución alimentaria que ello requeriría; ni por efecto de la dinámica de los precios o las penalidades o incentivos impositivos, ni por el manejo administrativo . Lo que además implicaría, tanto costos de transacción muy elevados, como una disposición de los que desechan tales alimentos para separarlos adecuadamente del resto de la basura que generan las familias diariamente.

Como es evidente se requieren hacer onerosos y complicados estudios empíricos, basados en análisis específicos del subconsumo de las familias “en el campo”(es decir, en los basureros de casas y restaurantes, a la vera de los ríos y cerros, en los basurales municipales e informales, etc.), para llegar a cifras más realistas, las que -no nos sorprendería- que rebasen largamente a las aquí presentadas.

miércoles, octubre 21, 2009

Capacidad Ociosa en el Consumo


Es bien conocido el concepto de “Capacidad Ociosa en la Producción”, entendida como la condición micro o macroeconómica en la que no se utilizan plenamente los recursos de producción disponibles, especialmente el capital. Por ineficiencia, malinformación o falta de demanda se produce por debajo de los niveles de la capacidad instalada de la empresa o de la economía nacional. En contraste, curiosamente, en el léxico económico no encontrará usted la noción de “Capacidad Ociosa en el Consumo” (COC), que podría definirse como la enorme cantidad de dinero y recursos que se desperdician por subutilizar, malgastar o desechar bienes y servicios de consumo adquiridos por las familias.

Son muchos tipos de mercancías a las que se puede aplicar este concepto, desde bienes perecibles, pasando por los duraderos, hasta llegar a los servicios. Piense usted, aparte de los envases, en la cantidad de ropa, calzado, libros, juguetes, papel, medicamentos y demás que usted ya no usa, que están en buen o regular estado y que guarecen almacenados o terminan en la basura. Más grave aún: ¿cuánta agua y cuánta electricidad desperdiciamos irresponsablemente todos los días en nuestras viviendas?

Pero el caso más calamitoso es el desperdicio de alimentos en hogares y restaurantes. A ese respecto, la semana pasada fue presentado ‘El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2009’ de la FAO, en el que consta queen 2009 hay 1.020 millones de personas subnutridas en todo el mundo”. Paralelamente, sin embargo, “45.000 millones de kilos de alimentos (en buen estado) se botan anualmente en países desarrollados”.

Se entiende que lo que sobra de esas mercancías bien podría usarse más plenamente en sí o para otros fines (bionergía, alimento para cerdos y perros, compost, etc.), en el marco de campañas de ‘consumo responsable’. Y, en efecto, más y más grupos e instituciones buscan recolectar y seleccionar la basura para volverla a consumir, sea transformada (reciclaje) o convertida en ‘bienes públicos’. Incluso, teóricamente, es posible reconvertir la Capacidad Ociosa en el Consumo en su desperdicio equivalente en la esfera de la producción, ya que la parte ociosa de los bienes y servicios que adquirimos equivale indirectamente a la pérdida masiva de materias primas, maquinaria, equipo, divisas y esfuerzo humano realizados previamente para producir esas mismas mercancías.

De ahí que una serie de políticas para reducir la COC contribuirían a aminorar, tanto el deterioro del medio ambiente y de la salud humana, como la extinción de recursos naturales no renovables, entre otros efectos perniciosos que generan los desperdicios. De ahí que será necesario convencer a los buenos economistas para que incluyan el concepto en sus textos, dada su importancia cuantitativa y su interés para fines educativos, de política económica y de cambio institucional. Sin embargo, la tarea será ardua, ya que aparentemente el concepto no cabe en el cerebro de quienes consideran que el homo oeconomicus existe; es decir que somos racionales, que estamos perfectamente informados, que siempre elegimos lo que maximiza nuestra utilidad sicológica y que…. ¡Nunca desperdiciamos un ápice de lo que adquirimos!

viernes, octubre 16, 2009

Encuesta a Consumidores Urbanos



Según Cuore, la división de estudios de consumidores y compradores de CCR Perú, en base a una pesquisa realizada hace poco (julio-agosto) en las ciudades de Arequipa, Chiclayo, Huancayo y Lima, se nos ofrece el siguiente panorama:
1. Situación Económica Familiar: El 13% de encuestados dijo que está mejor pese a la crisis económica. El 29% señaló estar igual y el 58% refirió estar peor.
2. Cambios en la estructura del gasto: Un 61% aumentó sus gastos en alimentos, 29% los mantuvo y 10% los redujo. En bebidas alcohólicas, el 9% aumentó sus gastos, 50% los mantuvo y 41% los redujo. El 23% aumentó sus gastos en celulares, el 68% los mantuvo y el 9% los disminuyó, según la encuesta. El 29% postergó las remodelaciones de su vivienda, el 14% difirió viajes, el 19% proyectos de educación complementaria, el 12% compra de inmuebles, el 9% adquisición de automóviles y el 2% tratamientos estéticos.
3. Préstamos: el 69% dijo que no solicitará un préstamo en los próximos seis meses. El 12% indicó “puede que sí, puede que no” y el 19% señaló que sí lo solicitaría. De ese 19%, el 77% aseguró que lo haría a una entidad financiera, el 14% a parientes o amigos y el 9% a prestamistas.
4. Moras: El 68% paga puntualmente sus servicios y el 32% ha tenido dificultades de pago. En préstamos, las cifras son de 72% y 28%, respectivamente. En lo concerniente al pago del alquiler de vivienda: 74% y 26%.
5. Tarjetas de crédito: El 70% de peruanos mantiene la misma cantidad de tarjetas de crédito luego del estallido de la crisis. El 14% dijo haber adquirido más tarjetas, el 4% ha dejado de usarlas y el 12% indicó haberlas anulado. De este último 12%, el 63% anuló tarjetas de tiendas comerciales y el 55%, de bancos.
6. Felicidad: El 76% se considera ‘muy feliz’, el 19% ‘ni feliz ni infeliz’ y el 5% ‘infeliz’. Además, identificó que el 60% de la felicidad se basa en la situación familiar, el 20% en el factor económico y el otro 20% en su realización personal.


Fuente: El Comercio, octubre 15, 2009 (http://elcomercio.pe/noticia/355156/peruanos-postergaron-varios-gastos-consumo-revela-encuesta).

viernes, octubre 09, 2009

Concurso Anual con Premio: ¿Quién se llevará el Premio Nobel en Economía 2009?


Como en años pasados, se inicia hoy la apuesta entre nuestros lectores respecto a quién(es) se llevará(n) el Premio Nobel en Economía este año. Tiene usted la opción de proponer a tres personas, cuyos nombres y apellidos debe anotarlos  y enviarlos al siguiente correo electrónico: jschuldt@up.edu.pe (inscriba en 'Asunto': Premio Economía).
El premio que recibirá el que adivine siquiera uno de los ganadores (si son más de uno, que así seguramente será) se llevará un jugoso premio en monedas y billetes, a saber:
En monedas: -3 ecuatorianas de 1 dólar; -1/4 de dólar norteamericano; 10 y 2 dólares de Hong Kong.
En billetes: 5 Euros; 2.000 pesos colombianos; 10 pesos argentinos; 5 Reais brasileiros; 10.000 sucres ecuatorianos.
En caso de empate entre los concursantes, se lo llevará quien envíe primero el correo.
TIENEN QUE APURARSE PORQUE EL LUNES 12 SE ANUNCIA EL (O LOS) GANADOR(ES). 
Sólo podrán participar en el concurso quienes me hagan llegar su mail hasta el domingo 11 a las 11 p.m.

Nota: Los 10 millones de coronas suecas a las que asciende cada ganador de un Premio Nobel (a no ser que sean más que uno) equivalen a 900.000 libras esterlinas, 970.000 euros, 1,4 millones de US$ o 4,2 millones de soles. 



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Adjunto un interesante artículo relacionado al tema, aparecido en el diario ‘The Guardian’ del día de ayer  (octubre 8): (www.guardian.co.uk/commentisfree/2009/oct/08/economics-nobel-women-bailout-stockmarket):

The Nobel prize for economics may need its own bailout
Facing a similar crisis of legitimacy, the prize needs to prove it is much more than an award for stockmarket speculators


The economics award is usually the last of the Nobel prizes to be announced. Correctly so, for it was also the last to be created – and strictly speaking is not even a real Nobel prize. The five original awards, first given out in 1901 for literature, peace, medicine/physiology, physics and chemistry, were intended by Alfred Nobel to recognise contributions that enhanced the quality of human life, through scientific advance, literary creativity or efforts at bringing about peace.
The economics prize is not a prize of the Nobel Foundation; rather, it was created in 1968 by the Central Bank of Sweden as a "prize in economic sciences in memory of Alfred Nobel". However, it now has the same procedure of selection by the Swedish Academy, and the same cash award presented at a similar ceremony as the Nobel prizes.
There have been recurrent doubts about whether it conforms to the basic goals of the prizes as envisaged by the founder. Is economics a science, on the same lines as physics or chemistry? Does it unambiguously contribute to human wellbeing, like peace or literature? In any case, should economics be privileged over other branches of learning?
Peter Nobel, great-grandnephew of the founder and human rights activist, famously argued that Alfred Nobel would not have approved of such a prize, which he termed "a PR coup by economists to improve their reputation ... most often awarded to stockmarket speculators".
Certainly the reputation of economists has needed building up, not only in the wake of the global financial crisis, but even before that. As much of mainstream economics became obsessed with navel-gazing esoteric models or theories designed to justify market liberalism, the public became relatively more alienated from the activities of economists. In such a context, the Nobel prize has been a useful tool not only to proclaim the conceptual advances supposedly made by "the dismal science" but also to encourage certain types of economic analysis and research. So its power extends beyond public recognition, altering the very production of economic knowledge.
The early prizes generally honoured economists whose work was already widely recognised. But even in the first decade, the list of exceptions was probably more impressive than that of the recipients, as greats like Michal Kalecki, Joan Robinson, Richard Kahn, Nicholas Kaldor and Piero Sraffa were overlooked in favour of lesser contributors. In the subsequent period, the award has occasionally gone to economists of relatively minor and sometimes absolutely questionable achievement, whom others in the profession quickly had to look up when the announcement was made.
The political effect of the prize in the profession has been undeniable. There has been overwhelming domination of neoclassical economics, to the exclusion of alternative streams of thought, with only a few nods in the direction of broader and more socially embracing approaches. This has encouraged more conservative approaches in research and teaching.
Monetarist and free market approaches have been disproportionately rewarded, often at crucial times. For example, the 1974 award to Friedrich von Hayek led to a resurgence of interest in the Austrian school and made his book The Road to Serfdom a bestseller. Two years later the prize went to Milton Friedman, making his extreme form of monetarism academically respectable and even leading to a conservative policy revolution. Economic history in the turgid and restricting form of retrospective econometrics was promoted by the 1993 award to Robert Fogel and Douglass North, while rational expectations theory was given a big boost by honouring Robert Lucas in 1995.
The geographical distribution of the award both creates and reflects power hierarchies in the discipline. The economics prize has been awarded 40 times to 62 recipients, 42 of whom have been from the US (o sea 68%), while more than 50 were working in the US at the time of the award. The University of Chicago has 11 laureates, leading to the joke about "the Stockholm-Chicago Express". This does not reflect the actual state of economic knowledge so much as the biases and blindness of the jury. Only two people from developing countries have received it (Arthur Lewis and Amartya Sen) and both worked in the US and Britain. Only three with an interest in the economics of developing countries – which is the economic reality for around three quarters of the world's population – have received the award.
In recent years the prize has been focused on financial market behaviour. In 1997, the award went to two economists – Robert Merton and Myron Scholes – who were supposed to have discovered a method of valuing derivatives that could reduce or eliminate risk in financial investment. When the hedge fund they ran (Long Term Capital Management) went bust within the year and had to be rescued by the US federal reserve, there was some embarrassment. Perhaps to right this wrong, a few years later the prize was given to economists George Akerlof and Joseph Stiglitz, who had pointed to the imperfect functioning of financial markets. The award last year to Paul Krugman may also have indicated some bowing to changing times.
So far, no woman has received the economics Nobel. Apart from obvious exclusions such as Joan Robinson, this also reflects power hierarchies within the subject, because women economists even in the US and UK tend to be concentrated in the lower reaches of the academics profession, as researchers and lecturers rather than professors.
These imbalances will not be rectified easily. But the Nobel prize in economics may now be as much in need of wider legitimacy as the economics profession itself. It will be interesting to see if this is reflected on Monday, when the current year's winner is announced.

Nota: Las negritas y cursivas que figuran en este texto son (irresponsablemente) mías. 
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P.D.: LOS RESULTADOS (octubre 12, 2009: 8 a.m.):
El Premio Nobel de este año lo comparten Elinor Ostrom  y Oliver E. Williamson por “sus aportaciones a la teoría económica de la gobernanza”. Acceda a información adicional (cortesía de Juan Carlos Coll):

Es la primera vez en la historia del Nobel de Economía en que es premiada una mujer. 
Vea también un artículo de Ostrom en http://www.eumed.net/cursecon/textos/Ostrom-complejos.htm

Agradezco la acogida que ha tenido este año el Concurso y siento que nadie la haya 'achuntado'. El premio ofrecido se acumula para el 2010.
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COMENTARIOS SOBRE LOS PREMIOS NOBEL DE ECONOMÍA 2009

http://yglesias.thinkprogress.org/archives/2009/10/and-the-fake-nobel-goes-to.php

… Oliver Williamson and Elinor Ostrom share the Swedish Central Bank Prize for Economics in Honor of Alfred Nobel. Alex Tabarrok explains Ostrom’s work and Paul Krugman tells you about Williamson. Osrtom is the first woman to win the prize and is also noteworthy for being a political scientist rather than an economist. Robert Shiller tells The New York Times that this is “part of the merging of the social sciences.”
Meanwhile, I would note that the Sveriges Riksbank itself deserves some kind of prize for ability to get people to call its economics prize “the Nobel Prize.” Real Nobel Prizes are prizes awarded according to the endowment that Alfred Nobel set up. There are, of course, lots of other prizes in the world set up by other people. One such prize is this economics prize that the Swedish Central Bank decided to give out. But only the Swedish Central Bank prize has succeeded in convincing people that it should be referred to as a “Nobel Prize” despite having no connection to Alfred Nobel or his prizes. Impressive work and yet another example of the impressively high-performing public sector institutions that make the Swedish social model work.

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Elinor Ostrom and the well-governed commons
Elinor Ostrom may arguable be considered the mother of field work in development economics.  She has worked closely investigating water associations in Los Angeles, police departments in Indiana, and irrigation systems in Nepal.  In each of these cases her work has explored how between the atomized individual and the heavy-hand of government there is a range of voluntary, collective associations that over time can evolve efficient and equitable rules for the use of common resources.  
With her husband, political scientist Vincent Ostrom, she established the Workshop in Political Theory and Policy Analysis in 1973 at Indiana University, an extraordinarily productive and evolving association of students and professors which has produced a wealth of theory, empirical studies and experiments in political science and especially collective action.  The Ostrom's work bridges political science and economics.  Both are well known at GMU since both have been past presidents of the Public Choice society and both have been influenced by the Buchanan-Tullock program.  You can also see elements of Hayekian thought about the importance of local knowledge in the work of both Ostroms (here is a good interview).  My colleague, Peter Boettke has just published a book on the Ostrom's and the Bloomington School.
Elinor Ostrom's work culminated in Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action which uses case studies to argue that around the world private associations have often, but not always, managed to avoid the tragedy of the commons and develop efficient uses of resources.  (Ostrom summarizes some of her findings from this research here).  Using game theory she provided theoretical underpinnings for these findings and using experimental methods she put these theories to the test in the lab. 
For Ostrom it's not the tragedy of the commons but the opportunity of the commons.  Not only can a commons be well-governed but the rules which help to provide efficiency in resource use are also those that foster community and engagement.  A formally government protected forest, for example, will fail to protect if the local users do not regard the rules as legitimate.  In Hayekian terms legislation is not the same as law.  Ostrom's work is about understanding how the laws of common resource governance evolve and how we may better conserve resources by making legislation that does not conflict with law.
Posted by Alex Tabarrok on October 12, 2009.
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October 12, 2009             Paul Krugman
An institutional economics prize
Congratulations to Elinor Ostrom and Oliver Williamson. What a day for them!
The way to think about this prize is that it’s an award for institutional economics, or maybe more specifically New Institutional Economics.
Neoclassical economics basically assumes that the units of economic decision-making are a given, and focuses on how they interact in markets. It’s not much good at explaining the creation of these units — at explaining, in particular, why some activities are carried out by large corporations, while others aren’t. That’s obviously an interesting question, and in many cases an important one. For example, in my own home field of international trade, the basic models don’t assign any particular role to multinational corporations; how do we get them into the story, and what difference do they make?
There was an old tradition of economics that focused on the origins and nature of economic institutions. This tradition was very influential before World War II.
But it proved not at all helpful during the Great Depression. My caricature version is that when the Depression hit, institutional economics, asked for advice about what to do, replied that well, it’s all very complicated, and has deep historical roots, and … Meanwhile, Keynesian economists, using very simple mathematical models, basically said “Push this button — we need more G”.
And this had a somewhat perverse effect. The rise of Keynesian economics also meant the rise of the equations guys (Samuelson in particular), and in the end the equations crowded out institutional economics even as Keynes fell into disfavor.
But the questions didn’t go away. And institutional economics has been making a quiet comeback for the past several decades.
Oliver Williamson’s work underlies a tremendous amount of modern economic thinking; I know it because of the attempts to model multinational corporations, almost all of which rely to some degree on his ideas. I wasn’t familiar with Ostrom’s work, but even a quick scan shows why she shared the prize: if the goal is to understand the creation of economic institutions, it’s crucial to be aware that there is more variety in institutions, a wider range of strategies that work, than simply the binary divide between individuals and firms.
The prize is also, of course, a happy reminder that most of the profession is not caught up in the macro wars!
Add: Don’t tell Senator Coburn, but the NSF Political Science program has supported a lot of Elinor Ostrom’s research.
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http://www.nytimes.com/2009/10/13/business/economy/13nobel.html?_r=1&hp

Two Americans Share Nobel in Economics

Published: October 12, 2009
In a departure from prevailing economic theory, the Nobel Memorial Prize in Economic Science was awarded Monday to two social scientists for their work in demonstrating that business people, including competitors, often develop implicit relationships that supplement and resolve problems that arise from free-market competition.
The prize committee cited Elinor Ostrom of Indiana University “for her analysis of economic governance, especially the commons,” and Oliver E. Williamson of the University of California, Berkeley, “for his analysis of economic governance, especially the boundaries of the firm.”

Ms. Ostrom becomes the first woman to win the prize for economics. Her background is in political science, not economics.
“It is part of the merging of the social sciences,” Robert Shiller, an economist at Yale, said of Monday’s awards. “Economics has been too isolated and these awards today are a sign of the greater enlightenment going around. We were too stuck on efficient markets and it was derailing our thinking.”
The prize committee, in making the awards, seemed to be influenced by the credit crisis and the severe recession that in the minds of many mainstream economists has highlighted the shortcomings of a unregulated marketplace, in which “economic actors,” left to their own devices, will act in their own self-interests and in doing so, will enhance everyone’s well-being.
The committee, in effect, said that theory was too simplistic and ignored the unstated relationships and behaviors that develop among companies that are competitors but find ways to resolve common problems. “Both scholars have greatly enhanced our understanding of non-market institutions” other than government, the committee said.
“Basically there is a common understanding that develops even among competitors when they are dealing with each other,” Mr. Shiller said, adding “when people make business contact, even competitors, they can’t anticipate everything, so an element of trust comes in.”
That is what the Nobel committee recognized, he said, in citing Mr. Williamson and Ms. Ostrom.
In its announcement, the committee said Ms. Ostrom “has challenged the conventional wisdom that common property is poorly managed and should be either regulated by central authorities or privatized. Based on numerous studies of user-managed fish stocks, pastures, woods, lakes, and groundwater basins, Ostrom concludes that the outcomes are, more often than not, better than predicted by standard theories.”
Mr. Williamson’s research, the committee said, found that “when market competition is limited, firms are better suited for conflict resolution than markets.”
Ms. Ostrom, 76, was born in Los Angeles, and received her Ph.D. in political science in 1965 from the University of California, Los Angeles. She is the Arthur F. Bentley professor of political science at Indiana University, Bloomington. She is also co-director of the Workshop in Political Theory and Policy Analysis. 
Mr. Williamson, 77, was born in Superior, Wis., and received his Ph.D. in economics in 1963 from Carnegie Mellon University in Pittsburgh. He is the Edgar F. Kaiser professor emeritus of business, economics and law and a professor at the graduate school of business at the University of California, Berkeley.
The economics prize was created in 1969 by the Swedish central bank in honor of Alfred Nobel, the inventor of dynamite who established the awards for achievements in physics, chemistry, medicine, peace and literature in his will in 1896.
The winners will share 10 million Swedish kronor ($1.4 million), and each receive a gold medal and diploma from the Swedish king on Dec. 10, which is the anniversary of Nobel’s death in 1896.
Last year’s winner was Paul Krugman, a professor at Princeton and an Op-Ed page columnist for The New York Times. Mr. Krugman won the prize for his research that explained patterns of trade among countries, as well as what goods are produced where and why.
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martes, octubre 06, 2009

Crecimiento, Bienestar y Sostenibilidad





Más y más políticos y científicos sociales coinciden en que el crecimiento económico no refleja ni lejanamente el Desarrollo de una nación, aunque casi todos los gobiernos sigan empecinados en medir el ‘progreso’ en términos de la expansión del PBI. De ahí que en febrero 2008 el presidente Sarkozy convocara a Joseph Stiglitz para presidir una Comisión de “Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social”. Fueron tres los complejos temas que acometieron los 25 prestigiosos expertos que elaboraron el informe final de 300 páginas, presentado hace unos días: ¿Por qué el PBI es un indicador tan deficiente del avance económico y del progreso social de los países? ¿Cómo medir la calidad de vida de las personas para entender la creciente brecha existente entre los indicadores económicos convencionales y el malestar de los ciudadanos? Y, considerando que el crecimiento económico deteriora el medio ambiente, ¿cómo incorporar indicadores de sostenibilidad en nuestros sistemas de medición?

En cuanto al PBI, son varios los motivos por los que lo rechazan de plano como indicador del bienestar y la sostenibilidad. Para comenzar, sugieren el uso del ingreso o del consumo efectivos de las personas como una variable más relevante, ya que el PBI puede crecer, mientras el consumo privado cae. Luego, estiman necesario evaluar la distribución del ingreso, así como la de la riqueza en un país, ya que el crecimiento puede repartir sus frutos más (o menos) inequitativamente. El PBI tampoco incorpora, ni los cambios en la calidad de los bienes y servicios que se ofrecen, ni el voluminoso valor del trabajo casero, lo que puede aumentar o disminuir la satisfacción de la gente.

En relación al bienestar de la población, la Comisión estima necesario considerar, tanto la oferta de bienes públicos (museos, parques, lozas deportivas, postas médicas) y sus logros (especialmente en educación y salud), como las externalidades negativas que acompañan el crecimiento desequilibrado que tienen muy elevados ‘costos’: inseguridad ciudadana, polución y ruido, tráfico congestionado, corrupción, trabas burocráticas, criminalidad, guerra civil, drogadicción. A lo que hay que añadir el bienestar autopercibido de las personas, que depende de las condiciones de trabajo, el desempleo, las relaciones sociales, el tiempo que le dedican al ocio y a la atención de sus hijos, la brecha entre logros y aspiraciones, etc.

Finalmente, respecto al medio ambiente, entre otros muchos problemas que acarrea, reconocen que los precios de mercado están distorsionados, ya que no se cobra a quienes emiten CO2, con lo que no se contabilizan los costos de tales emisiones, así como tampoco se cuenta la sobreexplotación de los recursos naturales no renovables.

Sin embargo, más que una lista sin fin de indicadores de complejo cálculo, la valía del Informe de la Comisión Stiglitz, en la que participaron también otros Premios Nobel de Economía (Amartya Sen, Kenneth Arrow, James Heckman y Daniel Kahneman), radica en que despliegan una innovadora concepción interdisciplinaria, intergeneracional e integral del Desarrollo de las naciones, de las regiones y de las personas. Lo que lo convierte en lectura obligatoria, no solo para el INEI, sino especialmente para nuestros gestores de política.

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EL INFORME COMPLETO PUEDE ENCONTRARSE EN LA SIGUIENTE DIRECCIÓN:
http://www.stiglitz-sen-fitoussi.fr/documents/rapport_anglais.pdf

Report by the Commission on the Measurement of Economic Performance and Social Progress
Professor Joseph E. STIGLITZ, Chair, Columbia University
Professor Amartya SEN, Chair Adviser, Harvard University
Professor Jean-Paul FITOUSSI, Coordinator of the Commission, IEP