lunes, enero 11, 2010

¿Qué tal le ha ido el año pasado?

Las familias de Lima-Metropolitana parreciera que no la hemos pasado muy bien durante el año 2009, de acuerdo a la última encuesta de IPSOS-Apoyo. Solo el 17% opinó que su situación económica familiar -en diciembre 2009 respecto a doce meses antes- era “mucho mejor o mejor”, mientras que un 26% decía que estaba “peor o mucho peor”; aparte del restante 57% que sentía estar “igual”. Paradójicamente, sin embargo, en el 2008 –a pesar del crecimiento económico del 10%- su situación económica habría sido peor aún, porque un sorprendente 44% dijo que era “peor o mucho peor” en diciembre de ese año respecto a 2007, mientras que un 18% había mejorado y el 38% restante seguía “igual”.

Entre los diferentes estratos sociales, sin embargo, las diferencias de su bienestar económico subjetivo fueron abismales en 2009. Mientras en los estratos alto y medio alto les ha ido “mejor o mucho mejor”: respectivamente, 31% (A) y 27% (B); en los estratos medio y medio bajo la respuestas de mejoría fueron de 17% (C) y 16% (D); mientras que en el más bajo (E) sólo 3% había mejorado. Correspondientemente, estaban “peor o mucho peor”: 12% del estrato A, 18% del B, 25% del C, y 31% en el D y E. Curiosamente, pues, mientras que en estos días la lluvia chorrea hacia los barrios populares, los mayores ingresos lo hacen hacia los sectores residenciales.

Evidentemente esta evaluación del bienestar subjetivo de la población metropolitana es muy burda, tanto por las limitaciones que caracterizan inevitablemente a toda encuesta, como sobre todo por los cambios de opinión mensuales que a veces son bruscos entre mes y mes. A fin de observar estos cambiantes pareceres hemos elaborado el Gráfico adjunto y del que se desprende que –en promedio- el bienestar económico familiar dejó de deteriorarse desde mediados del 2008. En fin, a pesar de sus debilidades, este método permite la mejor aproximación cuantitativa de que disponemos respecto a las autopercepciones sobre el cambio en el “nivel de vida” de las familias.

¿Cómo explicar la elevada insatisfacción de la población? Caben múltiples hipótesis, difíciles de comprobar empíricamente, pero que por medio de un rastreo casual de los diarios y barrios, tiendas y viviendas, nos ofrece algunas pautas subjetivas derivadas de la simple observación. Un primer factor tiene relación con la elevada carga de la deuda que en años anteriores asumió la población y cuyo servicio resulta cada vez más pesado, dada la evolución de los ingresos y la dificultad y carestía de toda refinanciación. Ligado a ello está la desaceleración del crédito de consumo, que por lo demás sigue muy caro (en torno al 30%) en presencia de una inflación prácticamente nula (0,3%). Otro factor, quizás más importante, es que las aspiraciones de la población han venido aumentando más que sus emolumentos, especialmente por las agresivas campañas de marketing que acometieron las empresas, que gastaron como nunca antes en los medios. Tercero: los niveles de frustración han aumentado, en la medida en que no se alcanzaron los logros esperados para el 2009 por las crecientes expectativas que se generaron como consecuencia las altas tasas de crecimiento económico del 2008.

A ello habría que añadirle una serie de factores ‘extra-económicos’ que, sin duda, influyen en el sentir de la población encuestada, a pesar de interrogárseles solo sobre su “situación económica”: inseguridad ciudadana, congestión vehicular, polución, desprestigio de las principales instituciones del país (comenzando con el congreso y el poder judicial, pasando por la policía), percepción de corrupción generalizada, etc.