miércoles, enero 13, 2010

Redistribución Regresiva del Ingreso en Países Desarrollados


Sabido es que la participación de las remuneraciones en el Ingreso Nacional ha caído paulatina y persistentemente en los países de la periferia desde la ‘Década Perdida’ de los ochenta y el proceso de globalización. Pero resulta que la resbaladera también ha sido la norma en los países del Norte, sin excepción. El gráfico siguiente, que abarca el extendido periodo que se inicia en 1960 hasta 2009., unque solo incluye las economías más importantes, permite rastrear la tendencia progresiva en la distribución funcional hasta 1974-75 y la regresividad que se impuso a partir de entonces.

Obviamente esa tendencia negativa es consecuencia, primero debido al primer choque petrolero y, posteriormente, a resultas del buen funcionamiento del mercado global de trabajo. Con la duplicación de la fuerza de trabajo a escala mundial (de 1.500 a 3.000 millones de empleados y obreros), era de esperarse la pérdida de influencia de los trabajadores en general y de los sindicatos en particular. Probablemente, también el progreso técnico ha jugado un papel importante en ese proceso, especialmente desde los años noventa.

Lo que también nos sugiere que, cuando menos parte, la crisis de los países centrales responde a una típica tendencia a la ‘sobreproducción’, como consecuencia de la compresión relativa del poder de compra de la clase trabajadora.







Fuente: European Commission (2009). Annual Macro-economic Database (AMECO)

En: http://ec.europa.eu/economy_finance/ameco/user/serie/SelectSerie.cfm?CFID=668234&CFTOKEN=cd757a8e6b735d0c-1B77B370-EF98-8BE7-E9F7C06FAD6A7CD7&jsessionid=240658b7a4667e577873

Elaboración: propia (Nótese que los porcentajes se refieren al PBI a precios de mercado).


Entrando en ciertos detalles (algunos de los que no se pueden observar en el Gráfico) tenemos lo siguiente:

  1. La caída más espectacular en la participación de sueldos y salarios fue la que se dio en Italia, que era de 69,7% en 1975, para desplomarse a un promedio de 54% en esta primera década del siglo XXI; es decir, perdieron 16 puntos porcentuales o 23%. De cerca le sigue Japón, que mostraba un 75% a mediados de los años setenta y cayó a 60% en el último quinquenio; o sea,  15 p.p. o 20% menos. De 68% a 56% se desplomó, aunque con altibajos, la participación del trabajo en el caso de España (-12 p.p. o -18%). También Alemania, en parte por la unificación (1990), sintió el golpe: la participación cayó de 64,4% en 1974 a 55% (-15%) en los últimos años. Un caso que llama poderosamente la atención en ese sentido es el de Noruega, que cae de un 62% a mediados de los setenta a 45% en este segundo lustro del nuevo siglo.
  2. Llama la atención la recuperación leve de la participación laboral en los últimos tres años de ‘crisis global’. Lo que se debería, más que al aumento real de las remuneraciones, a la caída de las ganancias en términos absolutos.
  3. Durante el trienio pasado los países que tuvieron una participación superior al 60% fueron unos pocos, pero que tampoco llegaron a recuperar los niveles de mediados de los setenta: Bélgica, Corea, Dinamarca, Eslovaquia, EEUU, Gran Bretaña, Japón y Suiza. En cambio, la participación es menor al 50% en Bulgaria, Lituania, Luxemburgo, Malta, Polonia, Turquía, Nueva Zelandia y Noruega (sic); y aún menor al 40% en Eslovaquia, Macedonia y México (obviamente también gran parte del resto de América Latina, pero cuyos datos no presenta nuestra fuente).


lunes, enero 11, 2010

¿Qué tal le ha ido el año pasado?

Las familias de Lima-Metropolitana parreciera que no la hemos pasado muy bien durante el año 2009, de acuerdo a la última encuesta de IPSOS-Apoyo. Solo el 17% opinó que su situación económica familiar -en diciembre 2009 respecto a doce meses antes- era “mucho mejor o mejor”, mientras que un 26% decía que estaba “peor o mucho peor”; aparte del restante 57% que sentía estar “igual”. Paradójicamente, sin embargo, en el 2008 –a pesar del crecimiento económico del 10%- su situación económica habría sido peor aún, porque un sorprendente 44% dijo que era “peor o mucho peor” en diciembre de ese año respecto a 2007, mientras que un 18% había mejorado y el 38% restante seguía “igual”.

Entre los diferentes estratos sociales, sin embargo, las diferencias de su bienestar económico subjetivo fueron abismales en 2009. Mientras en los estratos alto y medio alto les ha ido “mejor o mucho mejor”: respectivamente, 31% (A) y 27% (B); en los estratos medio y medio bajo la respuestas de mejoría fueron de 17% (C) y 16% (D); mientras que en el más bajo (E) sólo 3% había mejorado. Correspondientemente, estaban “peor o mucho peor”: 12% del estrato A, 18% del B, 25% del C, y 31% en el D y E. Curiosamente, pues, mientras que en estos días la lluvia chorrea hacia los barrios populares, los mayores ingresos lo hacen hacia los sectores residenciales.

Evidentemente esta evaluación del bienestar subjetivo de la población metropolitana es muy burda, tanto por las limitaciones que caracterizan inevitablemente a toda encuesta, como sobre todo por los cambios de opinión mensuales que a veces son bruscos entre mes y mes. A fin de observar estos cambiantes pareceres hemos elaborado el Gráfico adjunto y del que se desprende que –en promedio- el bienestar económico familiar dejó de deteriorarse desde mediados del 2008. En fin, a pesar de sus debilidades, este método permite la mejor aproximación cuantitativa de que disponemos respecto a las autopercepciones sobre el cambio en el “nivel de vida” de las familias.

¿Cómo explicar la elevada insatisfacción de la población? Caben múltiples hipótesis, difíciles de comprobar empíricamente, pero que por medio de un rastreo casual de los diarios y barrios, tiendas y viviendas, nos ofrece algunas pautas subjetivas derivadas de la simple observación. Un primer factor tiene relación con la elevada carga de la deuda que en años anteriores asumió la población y cuyo servicio resulta cada vez más pesado, dada la evolución de los ingresos y la dificultad y carestía de toda refinanciación. Ligado a ello está la desaceleración del crédito de consumo, que por lo demás sigue muy caro (en torno al 30%) en presencia de una inflación prácticamente nula (0,3%). Otro factor, quizás más importante, es que las aspiraciones de la población han venido aumentando más que sus emolumentos, especialmente por las agresivas campañas de marketing que acometieron las empresas, que gastaron como nunca antes en los medios. Tercero: los niveles de frustración han aumentado, en la medida en que no se alcanzaron los logros esperados para el 2009 por las crecientes expectativas que se generaron como consecuencia las altas tasas de crecimiento económico del 2008.

A ello habría que añadirle una serie de factores ‘extra-económicos’ que, sin duda, influyen en el sentir de la población encuestada, a pesar de interrogárseles solo sobre su “situación económica”: inseguridad ciudadana, congestión vehicular, polución, desprestigio de las principales instituciones del país (comenzando con el congreso y el poder judicial, pasando por la policía), percepción de corrupción generalizada, etc.