jueves, octubre 22, 2009

Desperdicios Evitables de Alimentos

Esta breve exposición intenta dar una visión general de algunos datos disponibles sobre los desperdicios que se generan en algunos países desarrollados en materia de alimentos, probablemente el caso más dramático de “subconsumo microeconómico relativo” o lo que hemos llamado “Capacidad Ociosa en el Consumo” (concepto que es definido en el texto siguiente). En sección aparte se trata también el caso de Lima Metropolitana.

1. América del Norte

Para el caso de EEUU, son pocos los estudios integrales elaborados al respecto y ninguno llega al detalle del que fuera realizado en GB . En uno de ellos se concluyó que el 14,5% de la comida adquirida por las familias no se tocó o no se abrió en EEUU en el año 2005 . De donde se tiene que una masa de alimentos perfectamente comestible fue descartada por un valor de US$ 43.000 millones . Como porcentaje del PIB y del Consumo Privado, tenemos que habría representado el 0,3% y 0,5% de cada uno, respectivamente . Sin embargo, si solo tomamos en cuenta –como debe ser- el porcentaje que todos los desperdicios evitables significaron en el consumo privado total llegamos a la conclusión que ascendieron al 1,4%.

Asunto que evidentemente se ha convertido hace buen tiempo en “un serio problema económico”, según Timothy Jones (2004a y 2004b), autor de ese estudio auspiciado por el ‘Bureau of Applied Research in Anthropology’ de la Universidad de Arizona .

Según ese trabajo, cada familia norteamericana promedio -de cuatro miembros- habría desperdiciado US$ 590 al año por el subconsumo de lo adquirido, considerando únicamente el subconsumo de sus compras de vegetales (25,5% del total de este rubro), frutas (23,9%), granos (16,1%) y carne (12,8%) en el hogar.

A ello hay que añadirle las comidas fuera de casa, del estudio de las cuales Jones concluye que los desperdicios de lo que se come parcialmente ascendieron a 27 millones de toneladas de alimentos en buen estado por año. Ese monto se reparte de la siguiente manera: En restaurantes normales (3,1%) y de comida rápida (9,6%), en los supermercados (0,8%) y en las tiendas/bodegas (26,3%). Lo que significa que en esos espacios se desperdicia un promedio de 5,6% de la comida (frente a un 14% en el hogar), según la mencionada investigación .

En otra investigación, basada en un modelo matemático del gasto humano en energía (Hall, Guo, Core y Chow, 2009), se llega a las siguientes conclusiones que se derivan del Gráfico 1:

a. En 1974, aproximadamente 900 kilocalorías por persona y por día fueron desperdiciados, mientras que en 2003 los norteamericanos desperdiciaron alimentos por el equivalente de cerca de 1400 kcl/día/persona, lo que significa un sorprendente incremento del 56% en los treinta años (véase el Gráfico de la izquierda, ordenada A y línea gruesa del gráfico):
b. Paralelamente se incrementó la masa anual de la basura municipal de alimentos sólidos (gráfico izquierdo, ordenada B); y
c. El desperdicio de alimentos ha venido aumentando del 30% de la oferta alimenticia disponible en 1974 a casi 40% durante el primer quinquenio de este siglo (parte derecha del Gráfico que sigue; curva lineal gruesa) .

GRÁFICO 1: Desperdicio de alimentos en EEUU, 1975-2005


Por su parte, Nierenberg y Massey (2010), afirman que “cada día, el norteamericano promedio bota alrededor de una y media libras de comida. Lechugas levemente dañadas, hamburguesas a medio comer, manzanas magulladas y demás, terminan en la basura en vez de en los estómagos. Mejor sería comprar y cocinar menos comida, y compostar el resto. Si bien no suena a mucha cantidad, la una y media libras por habitante suma 31 millones de toneladas, que terminan en los rellenos sanitarios o en los incineradores cada año. Eso es equivalente al peso de 74 puentes Golden Gate. (…) lo que produce el 34% del metano en los EEUU - un gas de invernadero 20 veces más potente que el dióxido de carbono. (…). Pero esos restos van más allá de los hogares. Cuatro a 10% de las compras de alimentos se convierte en restos inutilizados en los restaurantes, incluso antes de llegar al comprador”.

2. El caso de Alemania

De otra parte, resulta ilustrativo un informe más cualitativo -propalado por la TV alemana -, titulado “Die Wegwerfgesellschaft” o “La Sociedad Botarate” (o del Desperdicio y del Derroche) . En ese documental se muestra la cantidad de alimentos que –estando en perfecto estado para el consumo- se botan a los bidones de basura por las familias residentes en Alemania.

En ese programa una reportera y un experto en nutrición visitan varias viviendas de clase media para investigar lo que guardan en sus refrigeradoras y lo que tiran a la basura en bolsas de plástico, las que la municipalidad recoge una vez por semana. Es interesante anotar que el nutricionista descubrió que, luego de recoger las bolsas y las latas envasadas con alimentos de los toneles de basura, buena parte de ellos habían sido desechados por caducidad, de acuerdo a la fecha que (por ley) las empresas productoras de esos alimentos habían impreso en tales envolturas. Sin embargo, haciendo un chequeo ‘olfativo’ de algunos de ellos (recuerde que las bolsas están cerradas), prácticamente la mitad aún se habrían podido consumir sin consecuencia perniciosa alguna para la salud.

Por lo que recomendaba que, si bien es importante fijarse en la fecha de caducidad, bien podría chequearse la posibilidad de consumirlos después de la “caducidad oficial” con ese chequeo nasal (o visual), ya que obviamente las empresas no quieren arriesgarse a ser denunciadas, por lo que seguramente exageran al fijar la fecha de expiración de los alimentos y bebidas . Al margen de ello encontraron alimentos cuya fecha de caducidad aún no había vencido.

Si bien este sondeo no se basó en una muestra representativa, puede considerarse relativamente realista la conclusión a la que llega: Cada familia desecharía alimentos -en perfecto o buen estado- por el equivalente de 350 a 510 euros por año. Si multiplicamos esa cifra por las 20 millones de familias alemanas más o menos acomodadas llegaríamos a la asombrosa cifra de 8.600 millones de euros anuales, sin contar los restos que botan otras instituciones u organismos .

De otra parte, la misma fuente nos dice que en Alemania el 55% de todas las emisiones de gas de invernadero relacionadas con la nutrición, se deriva del transporte, almacenamiento, preparación y consumo de alimentos; el 45% restante es consecuencia de la producción de éstos.

3. De la Basura y los Residuos resultantes: El caso de Lima

Como es evidente, cuanto mayor subconsumo de los bienes adquiridos, más abundante será también la basura que se genera, al margen de lo que se acumula en depósitos privados. Tomando sólo el caso de Lima, según datos de 2007, tenemos que diariamente se producen seis toneladas (Véase Cuadro adjunto: Tabla 20-1), de las cuales 55% son residuos orgánicos (comida y restos biodegradables), 25% materiales no reciclables (desmonte, baterías y restos de servicios higiénicos) y 20% material inorgánico reciclable (papel, cartones, plásticos, vidrios y metales).

Actualmente, según la ONG IPES, serían 750 gramos de basura los que genera cada ciudadano al día en Lima , lo que lleva a un total de ocho toneladas diarias de residuos sólidos, monto que sería “similar sólo a la de Río de Janeiro y México D.F.”. De manera que Lima aporta un tercio de las 24 toneladas/día depositadas en todo el país. Lo grave es que, según DIGESA, “en la capital existen solo 5 rellenos sanitarios para depositar toda la basura producida. Detalló que el 92% de los desperdicios que se recogen en las calles termina en estos depósitos ubicados en Ancón, Puente Piedra, Callao, Lurín y Campoy”. Mientras, el 8% restante “tiene como destino final rellenos clandestinos que podrían causar serios daños en la salud de los pobladores vecinos” .

GRÁFICO 2: DISTRIBUCIÓN DE LA BASURA POR TIPO EN LIMA (2007) .


Una Tabla aún más ilustrativa sobre la situación de los desperdicios en Lima es la que se presenta en el Cuadro siguiente.

TABLA 1: BASURA EN LIMA



Fuente: Caretas, junio 4, 2009; p. 38 (www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&S=&id=12&idE=830&idSTo=446&idA=39745)


Como es evidente, el flujo de basura, medida en toneladas por habitante/año, aumenta a medida que se incrementa el ingreso familiar. La tendencia avanza a un ritmo creciente hasta cierto nivel de ingreso (Y*), a partir del cual decrece –en términos relativos- a medida que el consumidor dedica un mayor gasto a los servicios que no generan necesariamente más basura.

Sin duda podría llegar un momento, a niveles muy altos de ingreso y de educación de la población, en que comience –paradójicamente- la cantidad de basura que acumula la familia. Concordando con esa hipótesis, en lo que se refiere únicamente a los alimentos, Timothy Jones (2004a) ha constatado empíricamente que las familias norteamericanas desechan, en promedio, 1,28 libras diarias por día y que “los hogares hispánicos tienen tasas de pérdida de alimentos menores (en aproximadamente 25%) que los no-hispánicos; y que las familias de más bajos ingresos tienen tasas de pérdida de alimentos menores que las familias de mayores ingresos”. A lo que añade que, coincidiendo con la ley de Engel, “la cantidad de fruta fresca y de vegetales que consumen las familias hispánicas ha venido decreciendo durante los últimos 20 años a medida que adoptaron patrones de alimentación dirigidos a comprar comida preparada y fuera de casa ”.

O, como me lo sugiere Yori, “Quizás podría ligarse la idea a la curva de Kuznets y ver cómo, mientras más “desarrollada” una sociedad, mayor será también la cantidad de desperdicios que genera. Es decir, puede darse el lujo de ese subconsumo de los bienes producidos, dados los elevados niveles de ingreso promedio. Esto hasta tal punto, alcanzado un cierto umbral de ingresos por familia, a partir del cual la sociedad entra en razón y se da cuenta del desperdicio generado, organizándose para reducirlo” . En ese caso la curva comenzaría a decrecer y se configuraría la “campana” de Kuznets (lo que puede observarse en el Gráfico que sigue).

GRÁFICO 3: RELACIÓN ENTRE EL INGRESO PERSONAL DISPONIBLE Y LA BASURA POR HABITANTE



En cambio, como lo muestra el gráfico siguiente, el desperdicio de una serie de servicios, como el agua y la electricidad, crecen exponencialmente a medida que aumenta el ingreso de una persona o familia. Naturalmente no hay COC ni desperdicio alguno en familias que viven en condiciones de extrema pobreza, sencillamente porque prácticamente no tienen acceso al agua (y la electricidad); y, si la tienen, las usan plenamente y hasta para diversos fines (este caso está representado por el trazo de ingreso per cápita, muy bajo, que va del origen del cuadrante hasta Y**).


GRÁFICO 4: DESPERDICIO DE SERVICIOS (AGUA Y ELECTRICIDAD) EN RELACIÓN AL INGRESO PERSONAL



Si sumamos la basura y el desperdicio de servicios que generan las familias, ellas muestran una correlación (y causalidad) positiva y –en términos absolutos- creciente con el nivel de ingreso.

Finalmente, aunque en forma muy burda, es posible adelantar un cálculo monetario de los montos a los que ascendería la COC en el Perú. La Tabla siguiente presenta las cifras esenciales. Partimos del PBI del año en curso y nos concentramos únicamente en el Consumo Privado. Hemos calculado el porcentaje de COC para los rubros más importantes de la canasta de consumo familiar, en que evidentemente los rubros de alimentos y bebidas son las que más desperdicio generan, seguidos por el consumo de energía y agua . Lo que nos lleva a una COC que representaría el 2,3% del Producto Interno Bruto y 3,8% del Consumo Privado agregado.


TABLA 2: Estimado del Subconsumo (COC) para el año 2009 (en millones de nuevos soles)

Producto Interno Bruto …………………………………………360.000
Consumo Privado (62% del PIB)…………………………….223.200
-1.1. Alimentos y Bebidas dentro del Hogar (35,498%)…….79,232
COC (5%)………………………………………………………....3,962
-1.2. Alimentos y Bebidas fuera del Hogar (12,047%)……..26,889
COC (3%)…………………………………………………………….807
-2.1. Telas y prendas de vestir (5,287%)……………………11,801
COC (4%)……………………………………………………………472
-2.2. Calzado (2,201%) ………………………………………..4,913
COC (6%)……………………………………………………………295
-3.1.2. Consumo de Agua (1,009%)………………………….2,252
COC (30%)………………………………………………………….677
-3.2.1. Consumo Energía Eléctrica (2,234%)….……………4,986
COC (25%)……………………………………………………….1,247
-5.1. Productos Medicinales y Farmacéuticos (1,368%)…..3,053
COC (10%):……………………………305
-…. Resto de productos de Consumo (40,356%)….……9,008
COC (1%) ………………………………………….……………….901

Subconsumo-Desperdicio: SUBTOTAL……………………………………………8,360
Porcentaje del
-PIB………………………………………………………………………………..2,3%
-Consumo Privado………………………………………………………………3,8%
Fuentes: BCRP e INEI. Elaboración propia.


Nótese que hemos trabajado con los datos del Consumo Privado como “Valor Agregado”, cuando –desde una perspectiva del “sobregasto” que significa para las familias- hemos debido adoptar el Valor Bruto de Producción (VBP), más próximo al valor de las Ventas, lo que nos llevaría a una cifra tres veces superior a la consignada arriba. Esto es así porque el valor agregado promedio de la economía representa un tercio del VBP (los insumos representan el 66% restante). Tampoco hemos considerado el subconsumo-COC que se genera en el rubro del Consumo Público. Considerando estas dos variables ese tipo de desperdicio ascendería, conservadoramente, a 15,000 millones de nuevos soles o 4,2% del PIB.

Aún más, nos atrevemos a afirmar que los alimentos en perfecto estado que desechan los restaurantes, los hoteles y los estratos de altos ingresos (A, B y parte del C) alcanzarían para eliminar la pobreza extrema y, sobre todo, el subconsumo absoluto (desnutrición) reinante en el país. Evidentemente no existen los mecanismos institucionales y logísticos adecuados para llevar a cabo la redistribución alimentaria que ello requeriría; ni por efecto de la dinámica de los precios o las penalidades o incentivos impositivos, ni por el manejo administrativo . Lo que además implicaría, tanto costos de transacción muy elevados, como una disposición de los que desechan tales alimentos para separarlos adecuadamente del resto de la basura que generan las familias diariamente.

Como es evidente se requieren hacer onerosos y complicados estudios empíricos, basados en análisis específicos del subconsumo de las familias “en el campo”(es decir, en los basureros de casas y restaurantes, a la vera de los ríos y cerros, en los basurales municipales e informales, etc.), para llegar a cifras más realistas, las que -no nos sorprendería- que rebasen largamente a las aquí presentadas.