viernes, marzo 27, 2015

Anomalías




Muy a menudo nuestro comportamiento adolece de una serie de sesgos y defectos cuando tomamos decisiones. Especialmente en materia económica, como consumidores o empresarios, somos muy distintos al Homo Oeconomicus en que se basa la ciencia económica ortodoxa. A esta conclusión han llegado una serie de disciplinas especializadas que se han ido desarrollando a lo largo de las últimas tres décadas: Psicoeconomía, Economía del Bienestar Subjetivo, Neuroeconomía, Economía Experimental, Economía Evolucionista y similares de corte interdisciplinario. 


Algunas de esas anomalías, que pueden llegar a ser patológicas y hasta irracionales, pueden formularse de la siguiente manera: ¿Por qué damos propina en un restaurante o peluquería al que nunca volveremos? ¿Por qué muchos consumidores gastan más si poseen una tarjeta de crédito que cuando solo cuentan con dinero en efectivo? ¿Por qué es tan común que juremos hacer dieta o dejar el cigarrillo, para abandonar esos loables propósitos en menos de lo que canta un gallo? ¿Por qué cuando se le aplica una multa a los padres de familia por llegar tarde a recoger a sus hijos del nido, aumenta el número y la extensión de las tardanzas, en vez de disminuir? ¿Por qué el propietario de una mercancía (que compró, recibió de regalo o elaboró), a la hora de tener que venderla la valora mucho más allá de lo que lo haría un potencial comprador de ese bien? 


Algunas cuestiones son aún más sorprendentes: ¿Por qué los taxistas neoyorquinos trabajan menos horas cuando llueve (habiendo más necesidad de sus servicios) y laboran más en condiciones climáticas agradables (cuando la demanda es menor)? ¿Por qué si ganamos una gran lotería, a los pocos meses nuestro bienestar subjetivo cae (o casi) al nivel del periodo previo de haberlo obtenido? ¿Por qué el rendimiento promedio de las acciones es muy elevado (más allá de la prima de riesgo) en comparación con el que brindan los bonos? ¿Por qué la bolsa de valores de Nueva York rinde más en el primer mes del año o si el día está soleado o completamente nublado? Todas estas paradojas han sido demostradas empíricamente, se pueden explicar racionalmente y tienen nombres “técnicos”, tales como “procrastinación”, “efecto dotación”, “teoría prospectiva”, “descuento hiperbólico”, “proceso de remordimiento”, “efecto adaptación”, etc. 


La conclusión a la que llegan los expertos después de estudiar estos comportamientos anómalos es que los agentes económicos son muy distintos al de los textos de microeconomía neoclásica. En la “vida real” cada uno de nosotros es limitadamente racional, restringidamente egoísta, débilmente voluntarioso, parcialmente soberano, estrechamente memorioso, fácilmente saciable, relativamente averso a la pérdida (y no solo al riesgo), pobremente consciente de sus preferencias, imperfecta o sesgadamente informado, sostenidamente emocional, expeditamente influenciable, notoriamente vanidoso y de reacciones viscerales, sesgadamente perceptivo, tendencialmente adepto al statu quo y sujeto a la reversión de preferencias en el tiempo, inevitablemente dependiente de las preferencias de sus grupos de referencia y que prefiere el goce inmediato. 


Los más todavía creen que esas anomalías bien pueden ser incorporadas y digeridas por la ciencia económica ortodoxa. Los menos tenemos la esperanza, a la luz de los compartimentos estancos en que se han convertido las ciencias, especialmente las sociales, que las mencionadas innovaciones pueden dar lugar, muy paulatinamente, a la configuración de una ciencia transdisciplinaria, integradora y totalizante.

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FUENTE: El Comercio, marzo 24, 2015 (http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/anomalias-jurgen-schuldt-noticia-1799598).