miércoles, julio 01, 2015

TÍA MARÍA: ¿VALIÓ LA PENA PROTESTAR? (Otra Minería requiere Otro Desarrollo)


Como consecuencia de las movilizaciones sociales masivas en torno al proyecto Tía María desde 2011, tuvieron que lamentarse enormes pérdidas económicas, migraciones involuntarias, cientos de heridos y, por lo menos, cinco vidas. 

Aunque estas son irrecuperables, se consiguieron algunas concesiones y compensaciones elementales, pero indispensables, para el valle del Tambo. Para comenzar, luego del cuestionamiento –con varias docenas de observaciones- del primer Estudio de Impacto Ambiental, se realizó un segundo EIA, con algunos cuestionamientos adicionales por resolver; luego, la empresa prometió un fideicomiso para afrontar potenciales daños en la zona (sin ofrecer mayores detalles y datos sobre ese fondo), una desalinizadora de US$ 95 millones (una gigantesca aspiradora de energía y de fito y zooplancton, que devuelve al mar los machucados restos enriquecidos con químicos) y de desconocidos proyectos de “responsabilidad social”; finalmente, el gobierno se ha comprometido a construir la represa de Paltiture, que en 2010 había ofrecido la propia Southern y de la que no existe proyecto específico alguno.

Pero lo más importante y fructífero de las prolongadas protestas es que sólo así fue posible, muy recientemente, que algunos intelectuales y opinólogos promineros a rajatabla despertaran. Por fin se dieron cuenta, como acaba de señalar uno de sus más lúcidos representantes, que “el Estado, los gobiernos regionales y las empresas deberán rediseñar la manera en que se lleve a cabo la explotación de los inmensos recursos naturales que posee el Perú (…)”, en que “la manera en que se deben llevar a cabo los grandes proyectos (mineros) no podrá circunscribirse al proyecto mismo” (*). Enfoque que debería ser evidente para cualquiera que ha palpado las patológicas características socioeconómicas de la realidad circundante a las mineras y del desempeño pasado -y de algunos notorios casos más recientes- de las empresas extractivistas exportadoras.   

Que sea un economista neoliberal el que reclame el “rediseño” de la estrategia para viabilizar los proyectos mineros y que le encargue al gobierno una responsabilidad crítica en ella es lo que llama poderosa aunque positivamente la atención. Tanto así que incluso convoca a la participación activa del Estado en campos que antes eran tabú para los más puristas acólitos de esa religión. Su propuesta general, para que tenga éxito un proyecto minero, se basa en un paradigma de acuerdo al cual “la mina deberá ser un componente más de un conjunto de varios otros proyectos promovidos por el Estado que se lleven a cabo simultáneamente con su construcción y la posterior explotación del recurso; proyectos de caminos, hospitales, escuelas y otras actividades productivas (sic) en que participe la comunidad” (*); se supone que de los diversos distritos y zonas (alta, media y baja, en el caso de Tía María) contiguas al proyecto.

Obviamente no se trata de una concepción novedosa, como ya lo han señalado politólogos, historiadores y sociólogos, aludiendo a la “maldición de los recursos naturales”, y que en su modalidad más lúcida –por su perspectiva multifacética- fue esbozada por un antropólogo, el Maestro Matos Mar. En su opinión, una posible solución sistémica de largo plazo para afrontar la compleja problemática del proyecto Tía María debería guiarse por tres principios. Nos sugiere, en primer lugar, que el gobierno reconozca “que este no es un problema técnico, que no se trata de ofrecer una obra de agua potable a un alcalde o de encarcelar a un extremista. (...). La mejor solución sería designar a un alto comisionado, cercano a la presidencia de la República, que dirija un nuevo proceso y realice ofertas y establezca compromisos políticos”. Segundo, que “en lugar de negociar con solo una parte del valle, debería incluirse a las organizaciones de los sectores medio y alto que también tienen algo que decir y que han estado al margen de este conflicto”. Y, finalmente, el más importante, que la empresa se comprometa “a apoyar un proyecto de desarrollo microregional a 20 años” (**). Valiosos y realistas planteamientos… siempre y cuando la empresa muestre la paciencia necesaria y el próximo gobierno la eficacia requerida.

En efecto, se necesita de un programa integral de desarrollo que parta de lo local-distrital, pasando por su integración al espacio provincial y, en el mejor de los casos, que llegue a cubrir el ámbito departamental (Arequipa) e, incluso, toda la macroregión sur. Esta estrategia regionalizada permitiría fomentar y potenciar las economías de aglomeración, los encadenamientos productivos, las economías de escala, la conjunción de centros de investigación e innovación productiva, los clusters, la gestión y control participativos, la más adecuada distribución del canon, la delimitación territorial de las potenciales concesiones extractivistas, etc. De esas interacciones y conexiones espaciales surgirían, bajo la batuta del gobierno, las universidades y los grupos sociales, los indispensables procesos sinérgicos de integración, equidad e inclusión productiva y social que requiere la región.

Desde esta perspectiva, en retrospectiva, aparte de las necesarias transformaciones más profundas que se requerirían, a los Nuevos Dueños del país les faltó una Visión del Perú, a partir de la cual hubieran podido diseñar y emprender una estrategia de desarrollo nacional inclusiva de largo alcance y no estrictamente limitada y esperanzada en la minería. Como si ésta sola pudiera acabar, gracias a sus supuestos “efectos multplicadores”, con todos los males nacionales. A esas élites, de por sí cortas de vista, se les nubló la visión por el boom de los precios de los minerales, especialmente durante el último ciclo de bonanza del periodo 2003-2013, que pensaron ingenuamente perduraría ad infiniltum. Cuando, como se ha repetido muchas veces expost, ese decenio era el periodo ideal para elaborar estrategias y lanzar proyectos –como avizoraron y postularon exante otros científicos sociales, supuestamente antimineros- de lo que posteriormente se ha llamado tímidamente “diversificación productiva” y, más ambiciosa pero realistamente, por quienes reclamaban un cambio del actual modelo tendencialmente primario-exportador, basado en una supuesta competencia perfecta con absoluta apertura externa y sostenido por simples ventajas comparativas estáticas y rendimientos decrecientes a escala.

Aunque no vale la pena seguir desperdiciando lágrimas por la leche derramada durante estos últimos quinquenios, es lamentable que la nueva coalición de poder que se gestó durante los años noventa y que se transformó y fortaleció en torno a puertas giratorias público-privadas bien aceitadas, haya seguido por la ruta extractivista pura. Desafortunadamente, el próximo gobierno que se elegirá entre el trío de candidatos disponibles hasta ahora, seguiría por la misma ruta patrón-dependiente. El único consuelo que nos resta es que –una vez digerida la experiencia de Tía María- se reconozca que Otra Minería requiere Otro Desarrollo, con lo que la inversión minera tendría que respetar estrictamente los derechos de la naturaleza y de las comunidades aledañas a las minas (que, en principio, deberían localizarse lejos de ellas) y el gobierno cumpliría con sus responsabilidades, sin “necesidad” de imponer inútiles estados de emergencia.

Aunque esas esperanzas no nos devuelven las vidas perdidas durante las tan extendidas y necesarias protestas sociales ante la ceguera, tanto de la hegemónica asociación público-privada adversa al cambio, como del presidente -prematuro pato rengo- que ha perdido la brújula, podrían revivir las expectativas que podrían llevar a un Perú mejor.

En ese contexto, llama la atención que la crisis se atribuya a la “fracasomanía” que nuestro intelectual proextractivista atribuye “al pesimismo al que son proclives los intelectuales latinoamericanos” (*), negativismo aparente que en la práctica se ha convertido muchas veces en un acicate para la necesaria transformación sociopolítica y económica. Esos intelectuales críticos ya no existen. Han sido sustituidos por los que sufren de “éxitomanía”, que caracteriza a los promineros unidimensionales (que todo lo ven color de rosa, gracias al “modelo extractivista”), cuyo comportamiento es muy eficaz (recordar el “piloto automático”) para mantener el statu quo o, más sofisticadamente, para “hacer cambios para que nada cambie” (Lampedusa) en el “modelo” excluyente actual, subordinado a los intereses del gran capital.

En pocas palabras, ¿puede usted imaginarse a lo que estaría llevando la marcha de Tía María si no se hubiera movilizado la población?


NOTAS BIBLIOGRÁFICAS:

(*)   R. Abusada, “Fracasomanía”, junio 30, 2015 (http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/fracasomania-roberto-abusada-noticia-1822324?ref=portada_opinion&ft=mod_losmas&e=nota_3).

(**) Mayores detalles elaborados sobre el tema (que incluye diagnóstico, enfoques, análisis, perspectivas y propuestas) por parte de Matos Mar se pueden encontrar en su artículo “El desborde popular en acción”, de donde provienen las citas anteriores (http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/desborde-popular-accion-jose-matos-mar-noticia-1811671), así como en las entrevistas que concediera a Caretas (“Puede levantarse todo el Sur”: www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&idE=1208&idS=233#.VYeRSJVRE5s) y El Comercio (“Tía María podría terminar como ‘ley pulpin’ - La población tiene miopía, el gobierno cataratas y la empresa ceguera total”: http://elcomercio.pe/peru/arequipa/jose-matos-mar-tia-maria-podria-terminar-como-ley-pulpin-noticia-1818695).

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Publicado en “Hildebrandt en sus Trece”, No. 257 (julio 3, 2015).

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NOTA AL MARGEN:

De acuerdo a nuestra hipótesis planteada en otro artículo (“Tía María y el Efecto Concorde”: http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/tia-maria-y-efecto-concorde-jurgen-schuldt-noticia-1820359) seguimos convencidos que la Southern está cometiendo la “falacia de los costos hundidos” por insistir en continuar con el proyecto de Tía María, básicamente porque ya han dedicado tantos años y millones a su desarrollo, más que considerando que los costos y beneficios (pecuniarios y en tiempo y energía) a futuro serán negativos. Combinando dos citas muy significativas sobre cada uno de estos puntos se comprenderá mi posición:

1.        Que la Southern intente seguir con el proyecto es porque se está fijando casi exclusivamente en los “costos hundidos” (en tiempo, energía y dinero), tal como lo ha dado a entender el presidente de la empresa:
“Los desacuerdos entre Southern Copper y la población arequipeña por el proyecto Tía María aún no han sido superados. El presidente de la empresa minera, Óscar González Rocha, manifestó que espera producir a partir de 2018, con la esperanza de llegar a un acuerdo con la población este año, según declaró durante una entrevista concedida a Reuters. (…). González declaró que luego de siete años de intentos por sacar adelante el proyecto, no dejarán de insistir en él (…)” (Perú 21, junio 30; p. 10); así como porque:

2.        No parecen estar evaluando adecuadamente los precios futuros del mineral que extraería y de los crecientes costos de producción (incluidos los no pecuniarios y sociopolíticos), tal como se desprende de un análisis de la coyuntura minera:
MINERAS TIENEN CADA VEZ MENOS DINERO PARA PROYECTOS EN EL PERÚ Y EL MUNDO. Los menores precios de los metales y los crecientes costos de producción se han combinado para crear una tormenta perfecta en el sector minero. Como resultado, muchas empresas afrontan pérdidas, otras están en bancarrota y el poco financiamiento disponible es empleado para apuntalar la producción y no para desarrollar nuevos proyectos. Esa es la radiografía del sector minero en todo el mundo, según Jeremy South, líder global de minería de la firma Deloitte. ‘A diferencia de años anteriores, los mineros no están interesados en invertir o en adquirir más activos, sino enfocados en sus propias operaciones para optimizar costos internamente’, advierte. En el Perú, esta situación se ve reflejada en el declive de las inversiones mineras desde el 2014” (El Comercio, Portafolio; Pág. B3: http://elcomercio.pe/economia/peru/mineras-tienen-menos-dinero-proyectos-peru-y-orbe-precio-metales-noticia-1822930).

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